Opinión Nacional

Corruptos sin fronteras (Parte II)

Seguimos dando de qué hablar, y mucho, en estos días. Desde la BBC, el Wall Street Journal, pasando por Le Monde y las televisoras europeas, hasta la Nación de Buenos Aires y la Folha de Sao Paulo, registran el megaescándalo de los bancos intervenidos en Venezuela y sus socios en el gobierno chavista.  

  Ahora, no sólo nos lucimos con ser de los últimos en competitividad económica e institucional (Ver Informe 2009 de Competitividad) y en percepción de corrupción (ver Informe 2009 de Transparencia Internacional)

  No solo nos distinguimos por tener un presidente que ensalza a tiranos sanguinarios y terroristas perversos, echando por el suelo la imagen de nuestro país, ubicándolo en una posición casi de Estado forajido.  

  Ni siquiera figurar en el “palmarés” de los países con la inflación más alta en el continente y en gran parte del mundo, ha sido tan comentado como en estos días lo está siendo urbi et orbe la descomunal podredumbre administrativa gubernamental que corroe las entrañas de la revolución dizque bolivariana.

   Con la implosión de los 4 bancos intervenidos en manos de la boliburguesía, nuevamente aparecen nombres con prontuario ya difundido. Y el revuelo internacional, obviamente, no se hizo esperar.

  Vuelve a exhibir el país ante el mundo, un desaguisado con toda la desmesura de que somos capaces.    

   Meses atrás comentábamos que el capítulo venezolano de “Corruptos sin fronteras” estaba haciendo méritos más allá de los confines patrios. Sus negociados no se circunscribían al territorio nacional, sino que ya alcanzaban dimensiones y espacios transnacionales. La evidencia de que los capítulos argentino y venezolano de esta delincuencia organizada se habían dado la mano quedó al descubierto entonces con el caso del maletín de Antonini Wilson (Ver “Corruptos sin fronteras” http://emilionouel.blogspot.com o http://analitica.com)

   El nombre del señor Rafael Ramírez, ministro de PDVSA, relució en aquellas fechas pero nada sucedió. El gobierno venezolano se hizo el que la cuestión no era con él, y hasta allí llegó todo. (Este caso sigue al menos judicialmente vivo en Argentina)

   Sin embargo, aquel escándalo hizo que los venezolanos y los suramericanos en general, pudiéramos enterarnos, con evidencias incontrovertibles, de los dineros mal habidos que corrían a través de la conexión Miraflores-Casa Rosada, en la cual se veía envuelta nuestra empresa petrolera en manejos delictivos y financiamiento de campañas electorales con políticos y funcionarios argentinos

   En aquella oportunidad, supimos que con el mayor desparpajo y falta de escrúpulos, se ofrecían hasta refinerías para comprar los silencios. 

   Reaparecen hoy los protagonistas del capítulo venezolano, y se agregan otros. El dirigente político Ramos Allup, el día lunes pasado, formuló una amplia denuncia con nombre y apellido, y allí están reseñados los delitos.

  Todos los casos se resumen en un enorme y maloliente tráfico de influencias que permitió a los boliburgueses de la revolución chavista aprovecharse de las emisiones de bonos del Estado, notas estructuradas y depósitos públicos; ponerse en los dineros de todos los venezolanos a través de contratos a dedo; y utilizar los recursos públicos para sus propósitos personales o de grupo, y/o para crear empresas y comprar instituciones financieras y de seguros.

   El descaro no puede ser mayor. Y la envergadura de los delitos, descomunal.

   Está más que claro que la intervención de bancos decretada es un ajuste de cuentas entre maleantes, como ocurre entre las bandas de malandros de nuestras ciudades. Una vendetta a lo interno de la oligarquía chapista en el poder, en la que participan los que están dentro del gobierno y los que estando fuera de él son sus socios en un sinnúmero de fechorías a cual más repugnante.

   Es por lo demás risible oír decir al inefable Rodríguez Araque, que la culpa de que ahora miles de ahorristas y pensionados estén pasando las de Caín, no es la de unos hampones privados y sus consocios en el gobierno, sino del capitalismo. ¡Qué desfachatez la de este agente al servicio del castrocomunismo¡

   Y qué cinismo el del presidente al salir ahora a exculpar a sus más cercanos colaboradores, cuando todo apunta hacia ellos. Pretende ahora lanzar una culpa genérica hacia toda la banca y, por supuesto, a la burguesía, como que si fuera mentira que muchos de sus allegados están comprometidos hasta los huesos en esta trama de corrupción.   

   Afortunadamente, este cuento no se lo cree ni el más desprevenido de los mortales. Este intento de desviar el foco del problema (los delincuentes del gobierno) se estrella ante evidencias contundentes; las que, por cierto, están abochornando a muchos chavistas decentes que aún tenían esperanzas en estos revolucionarios de pacotilla, y que visto lo visto, ya ni el Credo dicho de rodillas, se lo tragan. 

   El escándalo en comento muestra también sus ramificaciones exteriores. La existencia de empresas en otros países, que no es de extrañar que hayan sido constituida con dineros mal habidos extraídos directa o indirectamente de las arcas públicas venezolanas. 

   Ya llegará la hora, cada vez más cercana, en que la justicia dé cuenta de estos delitos, meta en chirona a tanto farsante y podamos recuperar la dignidad y, porqué no, parte del patrimonio sustraído.

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