Opinión Nacional

Corruptos y Estado Comunal

El único objetivo que tuvieron Chávez y los oficiales traidores que lo acompañaron para consumar su felonía en 1992, fue asaltar el poder para quedarse con él y no soltarlo jamás. Se revistieron de un pastiche que llamaron el árbol de las 3 raíces donde Bolívar, Simón Rodríguez y Zamora decoraban como telón de fondo su coartada en un afán de darle sustento ideológico a las infinitas ambiciones de poder cuyo destino era privatizar para sí el Petro-Estado. Domingo Alberto Rangel, interrogado sobre cuál era la ideología del chavismo, contestó tajante: «el pillaje».

Se trataba de una revancha de militares golpistas y un puñado de irredentos guerrilleros procastristas de los años sesenta derrotados por la democracia.

El premio era la rebatiña de la industria petrolera, hoy convertida en chatarra y vertedero de la impudicia de los enchufados más avispados.

Chávez admitió que antes del intento de la «oligarquía» venezolana de derrocar su gobierno en 2002, no estaba decidido ideológicamente a favor del socialismo. Tanto carecían de sustentación en el campo de las ideas que luego de pasar por hacer una Constitución, que pese a su desmesura de otorgar derechos a discreción, se mantuvo dentro del terreno de la democracia liberal, pluralista, de respeto a los DDHH, consagrando el sufragio como medio para alcanzar el poder.

Pero consultar al pueblo les sirvió por un tiempo, era útil cuando el golpista fallecido junto al aparato del Edo les garantizaba legitimar sus desmanes y les daba piso ante la comunidad internacional. Hoy el usurpador viéndose en minoría resucita la tesis del Edo Comunal.

Estos postulados fueron el nuevo capricho de Chávez que tomó prestados de su camarada Gadafi, tirano con fin trágico. Desde “reformas en el modelo de la propiedad, el expansionismo internacional bolivariano, la retórica antiimperialista, la creación de nuevas fuerzas de poder participativo -el llamado «parlamentarismo de calle-, los consejos comunales y la comuna, hasta el papel del hombre y la felicidad suprema»; este era el ideario de Gadafi que Maduro retoma y que para aplicarlo a la República Bolivariana. El trasfondo de este iluso, es vaciar de contenido la Constitución y la voluntad popular que se expresó en el 2007 contraria a la instalación del Poder Popular (comunas).

El avieso propósito es liquidar el sufragio como manifestación de la voluntad de los venezolanos. No van a ganar una más ni con trampa, ellos están claros, más aún que sus adversarios. La habilitante que solicita tiene entre otras metas aprobar la declaratoria de un Edo Comunal y liquidar, si no de una vez, con fecha de vencimiento gobernaciones, alcaldías y consejos legislativos.

Mientras se desarma la división político-territorial constitucionalmente establecida, van a seguir colocando a sus militantes en comunas a través de una elección de segundo grado y por la calle del medio instaurar una dictadura. Los corruptos creen que esta puede ser su tabla de salvación ante su inminente defenestración popular. Nosotros no dudamos de sus intenciones pero sí de su éxito.

Maduro no tiene ni el carisma, ni el respaldo, ni la capacidad ni la fuerza con que transformar el Edo venezolano en una dictadura a lo Gadafi.

Estas filigranas demuestran que el sufragio sí tiene valor y que por tenerlo quieren que desaparezca. Le temen; más razones para que en masa el 8D no dejemos de votar.

 

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