Opinión Nacional

Crimen y estupidez: Cancionero para un estúpido

Murió Franklin Brito. El principal culpable está libre y es conocido de todos los venezolanos. Se puede ser culpable de hecho o ser culpable por no haber hecho. No haber hecho lo que tenía, debía y podía hacer.

Pero no, el culpable se hizo el loco y no hizo nada. Otros lo hicieron por él: quitarle el derecho a Brito de ser atendido libremente donde él había escogido que velaran por su salud. Eso es restringir la libertad y el derecho a la vida. Otro crimen que pesa sobre los hombros del que te conté. ¿No será eso un delito de lesa humanidad?

No sólo fue un crimen, fue una estupidez me dijo un amigo. No hay duda de que políticamente hablando lo fue. Tanto como las nerviosas risas del patiquincito ex-ministro a quien provocaba recordarle aquella vieja canción con letra de Mario Benedetti: cómo traicionan usted y los otros los adulones y los seniles /por eso digo señor ministro de qué se ríe de qué se ríe / aquí en la calle sus guardias matan y los que mueren son gente humilde / y los que quedan llorando de rabia seguro piensan en el desquite /  por eso digo señor ministro de qué se ríe de qué se ríe.

No sólo fue un crimen, fue una estupidez y claro que lo fue. Hacerse la vista gorda durante seis años ante la huelga de hambre de Brito es un crimen y es una estupidez. Hacerse la vista gorda ante la inseguridad que mata a tantos venezolanos diariamente es un crimen y es una estupidez.

La lucha de Franklin Brito no sólo demostró que para este régimen la propiedad privada no vale nada. La lucha de Brito demostró que hay venezolanos con dignidad y que para el que te conté la dignidad y la vida no valen nada.  No hay duda de que, como a todo  culpable, su estupidez no le permite ver que ni siquiera su propia vida valdrá nada cuando sea juzgado por crímenes de lesa humanidad.

Ese cancionero que en los años 60 servía a los revolucionarios de entonces para cantar a los dictadores de entonces, cobra vida en esta revolución del siglo XXI. De ese cancionero pareciera que el culpable de la muerte de Brito canta algunas  estrofas de Pablo Milanés: 

 La vida no vale nada cuando otros se están matando y yo sigo aquí cantando cual si no pasara nada

 La vida no vale nada si escucho un grito mortal y no es capaz de tocar mi corazón que se apaga

 La vida no vale nada si se sorprende a mi hermano cuando supe de antemano lo que se le preparaba.

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