Opinión Nacional

Cuando el destino nos alcance

“El chavismo fue primero un fenómeno psicológico antes de convertirse en un fenómeno político”, esta frase pronunciada por un psicólogo clínico, marcó el final de una jornada de reflexión para debatir sobre las salidas posibles a un régimen autocrático como el que vive Venezuela desde hace 10 años.

La frase concluía convirtiéndose en una suerte de acertijo que brindó el hilo conductor para entender la compleja situación hondureña, que había sido objeto de la primera de diez exposiciones presentadas en la jornada. Esta había comenzado con un análisis de la situación de Honduras, en el que una vez más se planteaba la complejidad que ha representado la expulsión de José Manuel Zelaya del poder.

¿Fue o no fue un golpe de Estado? ¿Debe ser rechazado o no por la Comunidad Internacional? ¿Fracasó o no la OEA? ¿Perdió Chavez o no? No quedaba duda de lo confuso de la situación. Sin embargo, el abordaje del tema me permitió concluir – y confirmar – tres cosas: primero, se están rompiendo paradigmas; segundo, según las palabras del analista político expositor, lo internacional se ha hecho “protuberante”; tercero, lo que ocurre en el pequeño país Centroamericano es de particular interés para los venezolanos. ¿Por qué y cuanto debe serlo?.

La impotencia y la desesperanza

¿Qué está ocurriendo con los venezolanos? Esta pregunta me la hace un amigo cada vez que me llama desde su país, nuestra vecina Colombia, para tratar de entender por qué no reaccionamos y terminamos de salir del paquete en el que estamos metidos.

Las palabras concluyentes de una encuesta rápidamente hecha entre más de 300 personas por nuestro psicólogo expositor, fueron impotencia, miedo y rabia, lo cual iba acompañado de la desesperanza y consecuente conformismo, como “reacción” explicable debido al sometimiento del pueblo venezolano a una serie de pequeñas descargas de electroshock a lo largo de 10 años.

Cuan familiar nos suena hoy la frase “hemos perdido nuestra capacidad de asombro” reflejando que estamos en presencia de una sociedad que se encuentra en un estado de indefensión aprendida, presa en una espiral de silencio, producto del miedo, de la autocensura impuesta para no traspasar la “zona de tolerancia” impuesta por el gobierno y de lo “legalmente” correcto de acuerdo a las modificaciones y creaciones legislativas que el aparato del Estado ha logrado en este tiempo, pasito a pasito.

Para muestra de nuestra indefensión aprendida, basta un botón: las elecciones en Venezuela han sido suspendidas y aquí no ha pasado nada. Tenemos entonces a un electorado que, producto de la impotencia y la desesperanza, está desmoralizado. Nuestra cultura democrática sufre y pareciera que no nos damos cuenta de cuanto.

El aparato de propaganda y la represión sofisticada

El llamado socialismo del siglo XXI y el bolivarianismo, han sido “marcas” objeto de un intenso mercadeo en el ámbito nacional e internacional. No me cabe duda entonces de que podemos adjudicar a Chavez la “protuberancia de lo internacional” – referida por nuestro analista político expositor – debido a la exportación de una franquicia que lo ha colocado en posición bastante más destacada que la que tuvo CAP en sus tiempos de líder del tercermundismo.

En mi artículo “La Diplomacia en reverso” publicado en noviembre de 2006 ya refería como el discurso de Chavez había logrado que los pueblos del mundo lo oyeran. Poco a poco, con un aparato de propaganda comparable al de Adolf Hitler, no solo logró despertar el resentimiento de los que antes se sentían excluidos y desesperanzados en nuestro país, sino que logró con ese mismo discurso traspasar fronteras, haciéndose oir en el escenario internacional hasta en los lugares más recónditos del planeta.

Al igual que el buen emprendedor que sabe identificar donde están las necesidades del mercado, supo decirle a sus potenciales “clientes” lo que estos querían oir y darles – gracias a los petrodólares – lo que estos querían recibir. De tal manera, es que se ha logrado, al decir de uno de nuestros expositores de la jornada, inocular el sistema inmunológico de la democracia con la mutación de un virus, rechazado a lo largo de las últimas décadas en nuestra Región: la neo-dictadura que se ha labrado en estos diez años en nuestra Venezuela y que se ha comenzado a expandir al resto de América Latina.

Esa neo-dictadura, no reconocida claramente por la OEA para la oportuna aplicación de la Carta Democrática, se apoya en el viejo paradigma político de la libertad que toma en cuenta solo las libertades funcionales, siendo la electoral la más común entre ellas. El gobierno de Chavez no reprime abiertamente y cuando lo hace lo disfraza y miente, tal como hemos visto en los casos de manifestaciones pacíficas o de actuación contra los medios, como fue el caso del cierre de RCTV.

No, en esta dictadura mutada, la represión es sofisticada y sin que la Comunidad Internacional pueda verlo, ha creado en nuestro país y en los países a los cuales se ha expandido, un estado de excepción ante el cual hoy una población “indefensa” no logra reaccionar.

Esta represión sofisticada, es por demás estratégicamente selectiva. Orientada a los más destacados líderes de oposición: Antonio Ledezma (cuya autoridad metropolitana ha sido objeto de un golpe inconstitucional), Manuel Rosales (hoy día exiliado) y Leopoldo López (inhabilitado políticamente hasta después de las elecciones del 2012). Orientada al sector empresarial que, susceptible de brindar apoyo financiero a la oposición, es objeto de la expropiación de su capital. Orientada al movimiento estudiantil, mediante el ahorcamiento presupuestario de sus universidades y la persecución de su liderazgo por parte de movimientos creados internamente para tal fin. Orientada a los medios, principales enemigos por contrarrestar el aparato propagandístico del Estado. Y orientada a todo individuo manifiestamente opositor, mediante el secuestro express como forma de amedrentamiento.

La ruptura de paradigmas y la comprensión de la situación de Honduras

Luego del repaso hecho podemos ir comprendiendo más la compleja situación de Honduras que ha servido a la mesa del Sistema Internacional un plato que quizá no habíamos degustado aún, pero que podría ser el único que habría logrado evitar al pueblo hondureño tener que tragarse el mal sabor del llamado “socialismo del siglo XXI” y con él la expansión a su territorio de la neo-dictadura chavista.

La salida de Honduras ha roto paradigmas. Los militares dieron el golpe pero no se quedaron en el poder, lo entregaron a quien correspondía en la línea de sucesión constitucional. Dos de los tres poderes constitucionalmente establecidos – el Legislativo y el Judicial – estuvieron de acuerdo en la salida del escenario polìtico del Poder Ejecutivo, por querer colocarse por encima de la Ley. Lo más violento de este llamado golpe de Estado, hasta que se le ocurrió al gobierno venezolano enviar un avión venezolano con el presidente derrocado de vuelta a su país, fue sacar a Zelaya en pijamas de su residencia y ponerlo de “patitas en la calle costarricense”.

Fue una salida considerada oportuna, no deseable pero necesaria, para que – como ha dicho la Vicecanciller del gobierno interino – el pueblo hondureño no tuviese el mismo destino que el venezolano y se viera obligado a esperar 10 años para cambiarlo.

No hay duda de que el pequeño país centroamericano le ha movido el piso al sistema y muy particularmente a los Presidentes de los países Latinoamericanos, a quienes a fin de cuentas les recordó que el Estado no son ellos.

¿Y Venezuela qué?

El interés que el caso hondureño despertó en los venezolanos no es casual. Somos como el perro que entregado a la multiplicidad de pequeñas descargas eléctricas observa a su vecino reaccionar y saltar la cerca al primer electroshock.

Concluimos que nuestra salida exige también cambios de paradigmas. Ni se trata de intentar golpes de Estado, ni se trata de mantenernos solamente a la espera de los procesos electorales. Nuestra estrategia tiene que ser holística y no puede depender solo de la actuación de los líderes políticos.

Cambiar el paradigma creado por la marca de Chavez depende de cada uno de nosotros y de nuestra capacidad para manejar nuestras emociones en función del sueño que queremos lograr: el de un país verdaderamente democrático, libre y UNIDO. Depende de nuestra capacidad para desprendernos de la impotencia, de la desesperanza y del miedo. Depende de que no menospreciemos nuestros pequeños logros.

El caso de Honduras, colocó de manera más evidente en la palestra internacional el verdadero fenómeno psicológico y político que significa Chavez. Su discurso de no intervención fue contradicho por una clara declaración de derrocar al nuevo gobierno hondureño. Su discurso anti-imperialista y anti-bloqueo fue contradicho por la solicitud a Obama de que se manifestara con acciones a favor de Zelaya y por una propuesta de bloqueo. El talante de guapetón de barrio, capaz de emitir frases como “yo los voy a hacer entender”, fue contradicho por una decisión de no acompañar a Zelaya en su retorno a Honduras por temor a francotiradores.

Por otra parte, la huelga de hambre del Alcalde Metropolitano, calificado por algunos – oficialistas y opositores – como payasada, demostró hasta donde puede llegar la disposición de lucha, superior a intereses personales, de uno de los hombres más atacados por el régimen. Se rompió también el paradigma de nuestro liderazgo político con la ofrenda de un verdadero sacrificio personal por el bienestar de sus trabajadores, logrando atraer la mirada de la Comunidad Internacional al neo-golpe de Estado que se ha dado a la Alcaldía y que se intenta dar al resto de las Gobernaciones y Alcaldías, logradas constitucionalmente por la oposición.

Pequeños y grandes logros que no debemos desdeñar los venezolanos para lograr lo que queremos. Logros que deben sacarnos de la desesperanza y brindarnos el poder que solo las acciones pacíficas pero contundentes, éticas y justas brindan al individuo y también al colectivo.

Una parte de la población hondureña no quiso tener el mismo destino de los venezolanos.

¿Que esperamos los venezolanos para que otro destino nos alcance?

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