Opinión Nacional

Cuando la ignorancia venció a la historia

Existen tres tipos de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber a perfección lo que no debiera saberse. En esto andamos y de esto vivimos, año tras año, día tras día, y hora tras hora—por no seguir con los segundos y milésimo segundos lo voy a concluir aquí. ¿Dónde estábamos hace diez años? ¿A donde nos está conduciendo la historia? Si de algo somos víctimas es de nuestra propia ignorancia política, y por favor espero que esto no ofenda a nadie, porque en ese grupo de ignorantes políticos me incluyo; nadie debería estar excluido de tal fenómeno político venezolano.

Nuestra realidad política es una de las más complejas, confusas, dañinas, y sobretodo, innecesarias de la historia política venezolana. Muchas son las preguntas y pocas las respuestas. Todavía seguimos atónitos ante la ignorancia; esta vez—y lo digo con mucho orgullo—no como los culpables y responsables de tan homérica hazaña, pero sí como víctimas de aquellos dignos gerentes de la ignorancia. Y es que tal denominación ha traspasado los límites de nuestra imaginación.

Para fortuna de muchos, la ignorancia política jamás ha estado en crisis. La ignorancia es la creadora de las crisis, las intensifica, las glorifica, las hace famosas y especialmente exitosas. ¡Viva la ignorancia! dirían algunos, otros dirían, viva la conciencia e inteligencia colectiva que resulta de la forzada y repudiada usanza de vivir en ignorancia. Quiero agradecer a estos magnánimos gerentes de la ignorancia por darnos el más grande de los ejemplos. Si bien la mayoría de las sociedades están dominadas en gran parte por la intolerancia, la evolución de nuestra actual realidad política y de nuestra convicción colectiva se basan en dos prácticas fundamentales del debatir social: tolerancia y perseverancia ante las muestras de desparpajo administrativo e institucional del que somos testigos y víctimas diariamente.

En Venezuela y en muchos países latinoamericanos, la ignorancia ha sido un medio e instrumento para alcanzar un fin político y social. Pero que quede claro que la ignorancia es combatible y vulnerable. El pedagogo francés Condorcet una vez dijo que cuando la ley ha hecho a todos los hombres iguales, la única distinción que los separa es la educación—educación política, histórica, económica y social—porque a través de ellas se subyuga a la ignorancia. Es aquella educación que vas más allá de las aulas. Si no nos es posible acceder a una educación integral, y somos forzados a metodologías y adoctrinamientos obsoletos, entonces veamos a nuestra historia como una enciclopedia del saber. Tomemos ventaja de nuestros errores y aciertos porque la historia ha sido, es y será la herramienta para la comprensión de los procesos políticos y fenómenos sociales.

Tengamos claro dos realidades: la actual crisis de ignorancia política no culminará con el final de un ciclo presidencial. La actual crisis de ignorancia política –comandada por los grandes gerentes de la ignorancia—será combatida a base de sacrificios, unidad política, voluntad, civismo, y sobretodo tolerancia. En tiempos de crisis, la tolerancia es más que una virtud. En tiempos de crisis, la tolerancia es una herramienta de subsistencia. Si bien la ignorancia política está venciendo a nuestra historia, no olvidemos que la historia nos brinda la oportunidad y las herramientas de progresar si somos capaces y tenemos convicción. El caer derrotados muchas veces es difícil, doloroso y triste, pero no nos quita ni nos quitará la gloria de algún día triunfar.

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