Opinión Nacional

“Dame tiempo”…para montar la herencia

No se imaginen que esté pidiendo otro periodo de 6 años de gobierno. Nadie mejor que él sabe,  que al máximo tiene como esperanza de vida, el lapso que certeramente le dio el  Dr. Navarrete,  desde el primer anuncio del cáncer: le quedan, a la fecha de hoy 13 meses más. Es todo.

Pero tampoco,  nadie mejor que él  conoce,  que  la mitad de ese periodo difícilmente puede ser contabilizado  como de vida útil y que más le vale, según sus criterios conocidos, intentar  pasarlo en Cuba.

De manera que sobre  lo que ruega,  es por conseguir a cambio de la corona de espinas, cruz a  cuestas  y  calvario,  es llegar y  pasar de las elecciones, porque quedó entrampado en el calendario, que  de ser mas alterado aún,  trayendo más hacia acá  la fecha,  ya fijada para Octubre, equivale a decir elíjanme para morir luego,  o  quiero un funeral de Presidente reelecto.

Pero  ¿Por qué someterse a esta  demente y agónica escalada de presiones, que generan además  toda clase de incertidumbres al país y a sus huestes,  con el alma en vilo ante el inexorable avance  del mal?

Es un hecho que aunque ya se resignó al fatal desenlace, ahora está elaborando el plan trascendental que puede hacer congeniar los intereses mafiosos de la tiranía castrista con los de su  familia político-militar, los de su parentela intima, que queda al garete y en peligro extremo, dada la codicia  que despiertan sus  enormes privilegios, que carecerán luego del suporte del autócrata,  y  por supuesto cuida con mucho esmero, el merecer hasta el final  la lealtad de sus votantes y  fanáticos militantes,  para  intentar sobregirar su estafa de “poder revolucionario” mas allá de su  propio entierro y el de su régimen que fundó y mantuvo a punta de cadenas y chantajes.   

Nadie mejor que él sabe,  que buena parte de su fuente de poder radicó en la credibilidad que tuvieran sus amenazas y  aunque ahora él  y  su régimen  están  en terapia terminal,  sigue esgrimiendo infundir pánico por un proyectado baño de sangre,  contra quienes  se les ocurra desafiar su revolución, o incluso desconocerle su  ansiado fraude del 7 de Octubre, si es que llega.

La máxima aspiración de Chávez, entre rezos, misas y peregrinaciones, quimios, radios y ensalmes,  es lograr mantener la misma garantía de docilidad absoluta y  total de la oposición, de estos últimos 10 años, siendo que, más que nunca y  con muestras aun mayores de  arrodillamiento, se  precisa su colaboración en esta fase, cuando el mandamás  venido a menos  la  necesita agónicamente.

Estamos entonces entrando en una fase de nerviosismo paroxístico. Más de uno puede ponerse bruto, es cierto, pero creo que los mayores peligros vienen inesperadamente de una inmensa mayoría de  dolientes del régimen desde nuestro propio bando, que se ven muy incómodos en  eso de  administrar un derrumbe del chavismo, mucho antes de las elecciones, donde prima la política sobre los negocios. Me explico:

Es un hecho que en tiempos de normalidad política cuando se habla de alternabilidad y transiciones pactadas, se habla de transacciones. El gran mundo de los negocios tiene la primacía sobre quien  pone los voceros y representantes, cuando debe financiarse un proceso de diligenciar tribunas, matrices de opinión, encuestas, más encuestas, cuñas, mas cuñas, Prime-time de  TV, etc.

Pero en las crisis políticas,  los reales cuentan pero cien veces menos,  o al menos eso es un escenario posible. Aunque es cierto que si los reales van asociados a plutócratas mediáticos si son entonces de temer,  por cuanto ellos se consideran automáticamente primeros chicharrones sobre todo, para generar matrices de opinión.

 Sin embargo aun en ese caso,  es  tal  la dinámica de los acontecimientos, que  la balanza del  poder se ponen en movimiento con piloto automático  fundamentalmente hacia la influencia política en los cuarteles  y  la influencia política desde la calle.

En ambas el chavismo es poderoso, pero  al encontrarse colapsado el  liderazgo del mentor mayor, la fuerza del chavismo pasa  a ser  rápidamente residual y  se da paso a  las fuerzas que más bien  detenten el poder de protesta o de esperanza, sobre el fin del régimen. El poder de  calle del régimen de  salida,  tiende también a la merma vertiginosa.

Para decirlo en breve,  la hora entonces no es de los magnates,  sino de los generales y comandantes, con prestigio y mando de tropas y  de los  políticos que  tengan  autoritas,  o  de personas  que representen instituciones de gran calado ético, como La Iglesia.

Esta  etapa impone, que para poder llevar el barco a  destino se escojan líderes con rango de capitanes,  esto no es para tenientes ni para grumetes,  que ciertamente también se necesitan.  Es la hora de los incómodos.

Se hace necesario que aparezca en la escena  una comparsa distinta. Aunque muchos sigan  sin  aceptarme esta  elemental noción de la política: no estamos en una coyuntura electoral, estamos entrando en una situación  de derrumbe de un régimen y su necesaria sustitución por otro.

Lo  más probable incluso es que quizá no se llegue al final del calendario electoral y ello deja afuera, de hecho, a quienes se prepararon como asociados a  los liderazgos de marketing.

Ante lo que se está cocinando en La Habana, esa Junta de gobierno, donde los tiranos Castro  escogen,  con el moribundo presidente venezolano quien dirige nuestra nación, hace impostergable que quien asuma nuestro liderazgo,  no esté haciendo cálculos para Octubre sino de inmediato. Por la sencilla razón que para Octubre se necesitan dos y uno  parece que ya no va para el baile y  harán lo imposible por trastornar  lo pautado institucionalmente.

Esto  es  tan cierto que incluso para aspirar la solución electoral de Octubre, habría que actuar sin calcular nada respecto a esa salida,  porque estamos entrando es en la emergencia y  el liderazgo que necesitamos es para esa  emergencia.

Chávez necesita tiempo para montar la herencia que convenga a los Castro y a sus acólitos, a nosotros se nos acabó el tiempo de espera, hace rato,  para  volver a enderezar este país.

 El poder va a quedar suelto en la calle y el que lo agarre es de  él,  no se por cuánto tiempo.  Pueden ser semanas u  otros años de oprobio y  todas las viejas fórmulas conciliadoras serán sometidas a prueba.

Hasta para negociar se necesitan agallas  y  disposición a defender nuestros espacios mayoritarios. Esta puede ser también una hora de grandes frustraciones,  si toda propuesta pasa solo por la criba de intereses de  grupo.

Recordemos: la Calle y los cuarteles, allí se define todo. No se vale marketing. La capacidad para convencer con gran calidad de jefatura  y  con la mejor propuesta definirá quien llena el vacío de liderazgo en el gobierno y  creo que en la oposición también, a menos que se nos demuestre lo contrario.

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