Opinión Nacional

De cara al futuro

El indudable éxito de las movilizaciones populares promovidas por la sociedad civil en el transcurso de los últimos meses, de lo cual dan testimonio expreso las masivas marchas y concentraciones que han tenido lugar a lo largo y ancho del territorio nacional, son la mejor muestra de que los venezolanos y las venezolanas han tomado conciencia de que el futuro está en sus manos y no en las del falso Mesías a quien una determinante mayoría del electorado confió, en hora menguada, los destinos del país seducido por las promesas de un cambio político que se hacía cada vez más perentorio.

Bastó muy poco tiempo para que los más diversos sectores de la población se dieran cuenta del tremendo engaño al que fueron sometidos y comenzó así la reacción cívil contra un régimen que, amparado en un supuesto proceso bolivariano y revolucionario, trata de transformar lo que de alguna manera es una democracia imperfecta pero respetuosa del estado de derecho en una autocracia militarista que procura el dominio absoluto y total de todas y cada una de las instituciones consagradas por la Constitución de la República y el consiguiente ordenamiento jurídico.

Hasta ahora el régimen, escudado en su legitimidad de origen, ha avanzado en sus propósitos contrarios al desarrollo democrático y, salvo contadas excepciones, los poderes públicos hoy se encuentran sometidos a la férrea voluntad del hegemón que, merced a su prédica demagógica y populista, mantiene todavía una cuota de popularidad que le permite presentarse ante la comunidad internacional como un gobernante respaldado por el favor popular. Situación, por cierto, totalmente diferente en la esfera doméstica, en donde los engañados de ayer gracias a la verborrea del charlatán que ocupa el sillón presidencial hoy, arrepentidos, han pasado a formar parte, en buena medida, de los contingentes humanos que alimentan las continuas jornadas cívicas de la población

Pero lo interesante es lo que está ocurriendo allende nuestras fronteras. De no ser, entre otros factores, por el paro que desde diciembre pasado despertó la atención de la comunidad internacional sobre la crisis política venezolana, hoy no tendríamos Mesa de Negociación y de Acuerdos, ni Grupo de Amigos, ni contaríamos como huésped más o menos permanente en nuestra capital con el secretario general de la OEA en rol de facilitador, ni el Consejo Permanente del organismo regional se hubiera pronunciado sobre nuestra situación mediante la Resolución 833, ni el secretario general de la ONU hubiera enviado un representante personal suyo para asistir a las reuniones que fueran del caso, ni los medios de comunicación internacionales mostraran el interés que, de cerca y de lejos han mostrado, sobre la crisis ya generalizada que azota y castiga al país.

Todo lo anterior significa que los venezolanos y las venezolanas ya no estamos ni solos ni solas. Quiere decir, además, que podemos contar con el interés de la comunidad internacional para ayudarnos a encontrar la mejor salida a la situación de crisis que nos cubre y envuelve, para lo cual debemos acudir a recursos variados de carácter constitucional, democrático, electoral y pacífico.

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