Opinión Nacional

De debates y propuestas

De manera que, después de los debates, de presentaciones públicas de las diversas propuestas que cada candidato(a) tiene para llevar adelante su acción de gobierno, de intervenciones en distintos programas de radio y TV, de entrevistas en la prensa escrita, de actos de calles y en fin de tantas actuaciones de cada uno de los aspirantes a ser electos, es hora de que quienes tenemos la obligación y el derecho de elegir, hagamos nuestra selección.

Hay que comenzar por definir lo que uno aspira de la persona que deba asumir las responsabilidades de Jefe de Gobierno y Jefe de Estado, en las actuales condiciones tan precarias a las que se ha llevado al país luego de trece años de una destrucción sistemática de las Instituciones, de los valores éticos de la sociedad, de la familia, de la justicia, de la libertad, de los derechos humanos, de la propiedad privada, de las Fuerzas Armadas, de los medios de comunicación social, en fin de todo cuanto caracteriza a una sociedad pluralista y de vocación democrática.

Por deducción lógica, se aspira entonces a que la persona que deba oponerse al ya conocido candidato oficialista, sea su antítesis, es decir, aquella que conjugue los atributos que definan a un verdadero líder democrático y líder en una democracia pluralista es quien conduce, quien señala el camino a seguir para alcanzar estadios superiores de progreso y bienestar, quien asume con dignidad y valentía el reto de transitar los caminos a veces tortuosos que llevan a las  metas trazadas, quien se compromete a navegar por los mares procelosos que habrá que surcar dadas las condiciones precarias del país, para alcanzar los puertos del desarrollo, los puertos del primer mundo.

Considero pues que es la hora de pensar con profundidad y con detenimiento para no volverse a equivocar, para no caer de nuevo por inocentes como alguien sugería en días pasados. Es el momento para despejar el camino de tanta hojarasca, para mirar a través de la polvareda sin que ella nos impida definir bien las siluetas. Es hora de romper decididamente con el pasado que nos trajo a estos lodos, con el presente que nos impide construir futuros de excelencia y progreso.

Es tiempo de plantearse el reto de ser artífices de nuestro destino como nación, de abandonar por completo los mitos ideológicos que han obstaculizado nuestro avance hacia el desarrollo. Es el momento de abandonar la nave del populismo degradante, del estatismo que asfixia la creatividad del individuo y que niega la iniciativa privada. Ha llegado el momento pues de elegir a quien represente con claridad estos conceptos, a quien los exponga con valentía, sin medias tintas, sin dudas en la necesidad de ejecutarlos con decisión y coraje. De elegir a quien no arrastre en sus actuaciones los vestigios de la vieja política, a quien no tenga ataduras con esas maneras de hacer, que envilecieron la política.

Cuando me paseo con ojo escrutador por las características de los aspirantes a la candidatura de la unidad democrática, todos excelentes personas. Cuando me detengo a escuchar sus planteamientos y a buscar en ellos la claridad de propósitos que los motivan. Cuando les escucho dar respuesta a las inquietudes que les plantean los electores y a las interrogantes de los medios. Cuando les observé en la presentación pública de los lineamientos de sus programas de gobierno.

Cuando pude enterarme del contenido de los mismos.  Cuando me percaté de la capacidad de definir las prioridades de los problemas que aquejan a nuestra sociedad y explicar las formas de acción para enfrentar dichos problemas. Cuando en fin he logrado acopiar suficiente información para definir cuál es la mejor opción entre los precandidatos, sin la más mínima duda esa mejor opción es María Corina Machado.

Ésta gran mujer, que  exhibe una extraordinaria hoja de vida, colmada de éxitos en todos los proyectos que ha emprendido, que ha dado muestras de una valentía a toda prueba, que deja ver una claridad de propósitos como ningún otro, basada en una apreciación real de la situación del país, ha logrado diseñar un conjunto de acciones que son respuestas inmediatas a los problemas más ingentes y que darán resultados en el muy corto plazo.

Por ello es que las respuestas de María Corina no se hacen esperar, no comienza a balbucear cuando le plantean cualquier interrogante, no se anda por las ramas sino que va directa al grano , a enumerar soluciones concretas, sin eufemismos.

María Corina ha planteado sin complejos la preminencia del libre mercado, de la democracia liberal, de la libertad individual, de la competencia dentro de reglas claras.              

Ha presentado su “Capitalismo popular” para atacar de frente a la pobreza. Para rescatar a tanta gente creativa y trabajadora que está en la economía informal y convertirla en propietarios, en productores, de modo de incorporarlos a la economía formal. Ante la inseguridad galopante María Corina ha identificado como una de sus causas fundamentales al micro tráfico de drogas, por lo que su programa contempla acciones inmediatas que darían resultados importantes en seis meses, dado que las bandas y cabecillas que controlan este delito están plenamente identificados.

Por otra parte, su programa también contempla acciones para mejorar las condiciones carcelarias con la construcción de más penales que puedan albergar, adecuadamente clasificados según su peligrosidad, a los privados de libertad. Paralelamente la candidata contempla  el aumento del número de policías así como las mejoras socioeconómicas de todos sus miembros.

Me he referido sólo a los dos aspectos más resaltantes de la lamentable situación a la cual ha llegado el país luego de trece años de desgobierno.  Pero como apuntábamos anteriormente, en todas sus intervenciones María Corina demuestra un profundo conocimiento de la desastrosa realidad del país, de la precariedad de las instituciones, de la complejidad de una sociedad que desde muchos años atrás ha estado sometida a una inversión de valores, a la pérdida de referencias éticas, a la desintegración del grupo familiar.

Por eso su insistencia en el rescate de los valores morales, de esas referencias éticas, de la valoración del trabajo creador como el camino insustituible para la creación de riqueza. Esa línea conceptual es el eje motorizador de sus actuaciones, lo que le permite ser el epicentro de una nueva visión de la política.

La política como disciplina al servicio de la sociedad, de la nación. La política como “arte de lo posible” y no como abrevadero de oportunistas y aventureros en busca de medios de fortuna y figuraciones súbitas. Son esos valores que María Corina plantea y defiende con tanto entusiasmo, los que le insuflan el coraje y la valentía para tomar la palabra en la Asamblea Nacional y encarar a un ególatra de un narcisismo insoportable, para reclamarle que luego de ocho horas de un monólogo intrascendente no había dado respuesta ni planteado ninguno de los problemas que de verdad aquejan a la población.

Éstas y muchas otras consideraciones que harían interminable el presente escrito, avalan la conveniencia para Venezuela, en las actuales circunstancias, de elegir como candidata a la Presidencia de la República a una mujer de excepción como lo es MARÍA CORINA MACHADO. Cifremos nuestras esperanzas en que la Divina Pastora ilumine el entendimiento de los hombres y mujeres de ésta Patria, para no volver a equivocarnos.
               

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