Opinión Nacional

De Hipócrates a hipócrita

En cada campaña electoral, es decir, cada último semestre de cada año; el
primer comandante de la nación nos sorprende con una nueva faceta de su
personalidad. Este año de revolcón constitucional le ha dado por presentarse
como un padre protector preocupado por los principios morales de su prole,
es decir todos los habitantes de este país de incautos, ingenuos y
descarriados. Al pater familia que cumple su papel con responsabilidad
generalmente le preocupa que sus hijos dilapiden el dinero en bienes
superfluos. Así es como papá Chávez se muestra de pronto angustiado porque
las distintas ciudades de Venezuela, se llenan de camionetas Hummer, que
además de tener todas las características de incitadoras al abuso y al
crimen, cuestan unos 300 mil dólares americanos. De esos mismos que un señor
Antonini y similares pueden sacar del país por millones sin que eso sea
delito, mientras que cualquier hijo de vecino no perteneciente a la
nomenklatura chavista, puede ir preso si no explica cómo gastó quinientos
dólares de la cuota asignada por Cadivi.

Pero ahí no queda la cosa, también el whisky escocés es objeto de los
anatemas del padrecito Chávez quien recién descubre algo que los venezolanos
más desprevenidos saben desde hace décadas y es que Venezuela es el primer
importador -sino del mundo- al menos del continente americano, de este licor
que la jerarquía chavista solo consume cuando tiene como mínimo 18 años de
añejamiento.

Desciende un poco e la escala de dispendios y les toca la descarga a la
muñeca Barbie y a su novio, amigo o concubino de nombre Kent. Las mentes de
las niñas venezolanas seguramente se han distorsionado gracias a esa
invención del demonio, y por allí es que esos gustos han degenerado hasta
llegar a los implantes de silicona en los senos, que muchas jovencitas piden
como regalo a sus padres cuando arriban a los 15 años de edad. Si papá
Chávez se desplazara disfrazado por las calles de Caracas, observaría
asombrado como la moda de los pechos tamaño melón ha sobrepasado las
barreras socio económicas y muchas jóvenes y mujeres de mediana edad se
privan hasta de comer, por la conquista de lucir esos inmensos pectorales.

Que nos explique cómo es que los va a prohibir, al igual que la minifalda o
los bañadores hilo dental en las playas. Por suerte esta vez dejó en paz a
los tintes para el pelo y los cosméticos. Cuando se tiene una madre que pasa
de los 70 años, resulta riesgoso atacar esos productos e incluso cierto tipo
de prácticas rejuvenecedoras como la cirugía plástica.

Como si fuera una obsesión esta campaña ha tenido de nuevo como blanco de la
ira presidencial, a los médicos y a las clínicas privadas. Los médicos son
unos mercenarios porque cobran por sus servicios, solo serían dignos del
socialismo del siglo XXI si trabajaran gratis. Y ni que hablar de esos
centros de asalto a los bolsillos de la ciudadanía que son las clínicas
privadas, todas merecedoras de que se las clausure o estatice para que se
acabe la explotación. Fueron unos médicos chavistas o bolivarianos quienes
pidieron que sus salarios se equiparan a los de los militares y tienen
absoluta razón. Si los militares venezolanos entrenados (como los de
cualquier país) para matar, gozan de una serie de mimos y privilegios ¿cómo
se explica que quienes han estudiado y se han preparado durante largos años
para salvar vidas, sean tratados como seres marginales y casi indeseables?
O el candidato a presidente eterno Hugo Chávez no ha pisado últimamente
alguna clínica privada de las más afamadas de Caracas o hay una carga
demasiado poderosa de inquina irracional en sus anatemas contra ese sector
de la vida venezolana. Vamos a remitirnos solamente a dos: el Centro Médico
y el Hospital de Clínicas, ambas de Caracas: no importa la hora ni el día en
que uno vaya para requerir algún servicio o visitar a un familiar
hospitalizado: los ascensores están repletos, los pasillos están llenos de
gente de pie porque no hay sillas suficientes para visitantes, una persona
puede pasar hasta dos días en la sala de emergencia porque no hay
habitaciones disponibles. ¿Y quiénes son los usuarios? Basta con una simple
mirada para advertir que son personas de escasos recursos y de origen
humilde, que tienen la fortuna de estar empleados y de tener un seguro
colectivo que les cubre sus gastos de salud. Chávez amenaza a cada momento
con cerrar las clínicas privadas, debería cumplir esa amenaza aunque fuese
por espacio de 48 horas para que vea el despelote que se le arma en todo el
país entre sus propios seguidores.

Habría que hurgar quién sabe en qué recóndita de sus circunvoluciones
cerebrales, ese odio de Chávez por los médicos venezolanos que en mucho se
parece al que llevó a Stalin -en las postrimerías de su vida y en el apogeo
de su paranoia- a encarcelar, enjuiciar y ejecutar a un grupo de
prestigiosos médicos del Kremlin, en su mayoría judíos. Los acusó de un
complot para asesinarlos a él y a otros jerarcas del régimen. Casualmente en
estos días se ha estrenado con gran éxito en Barcelona, España la obra de
teatro Stalin, el personaje lo encarna el gran actor catalán Joseph María
Flotats y la primera escena es el complot de las batas blancas, que así se
llamó esa cacería de brujas de Stalin contra los médicos en 1953.

Como Venezuela no es la URSS ni Chávez calza aún las botas de Stalin, los médicos
venezolanos no le temen a ser asesinados (salvo por el hampa común) ni siquiera
encarcelados o enjuiciados como aquellos de la Unión Soviética estalinista. Y nadie
les prohíbe emigrar en busca de mejores condiciones de trabajo y sobre todo del trato
digno que merecen. Los hospitales y las clínicas privadas se han ido quedando sin
médicos residentes, los estudios de posgrado sin aspirantes. Muchos países les dan visas y facilidades
para que emigren a médicos jóvenes. Y en cuanto a los especialistas que hicieron
posgrados en los Estados Unidos y tienen licencia para trabajar en ese país, poco a
poco se están autoexiliando. En su demagogia electorera de este año, a Chávez le ha
dado por inaugurar los inicios de construcción de hospitales en distintas capitales del país.

Lo que nadie sabe es de dónde saldrán los médicos para dotarlos: venezolanos ya no hay, cubanos no alcanzan. Quizá iraníes, chinos, bielorrusos o bolivianos y con sueldos mucho
mejores que los de los criollitos. Otra manera singular de amar a la patria.

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