Opinión Nacional

De la inconstitucionalidad en Venezuela

“Solo un pueblo virtuoso es capaz de vivir en libertad;
A medida que las naciones se hacen corruptas y viciosas,
Aumenta la necesidad de amos.

(Benjamín Franklin).

De entrada digamos sin rodeos y habladurías, en Venezuela la mal llamada “reforma” constitucional no es de tal naturaleza. Ni desde el punto de vista jurídico, ni mucho menos desde el punto de vista de la política. Por ello, es la proyección de un “nuevo texto”, (si a ese proyecto se le puede calificar como tal; en sus 33 artilugios) un proyecto que promueve un apartheid político, social, cultural que viola los Derechos Humanos Fundamentales, e incluso, viola la Carta Democrática Interamericana de la OEA, un proyecto totalitario que incluso, excluye a los mismos “revolucionarios del mal llamado socialismo del siglo XXI”, y por si fuera poco, termina por destrozar toda posibilidad de una oposición democrática en el país.

De forma irónica y cínica bajo los mandatos de un solo hombre se pretende establecer una forma no política, ni por tanto democrática de totalitarismo puro. ¡Qué gran mentira! Heinz Dietrich, la Eva Golinger y compañía, atrapados en sus menjurjes teóricos fantasmagóricos. Construyendo un discurso simplemente antipolítico, un discurso de consignas, de retórica, de puras fantochadas repetidas por horas y horas por el tan consabido neo-monarca latinoamericano. Con sus feudos en Bolivia, Nicaragua, Argentina, Ecuador, Irán, Bielorrusia entre otros.

Incluso la idea de una ley absoluta, buscando hacer tabla rasa con el pasado histórico democrático y cultural de Venezuela y sus feudos, que se pretende en tiempos de globalidad política para tratar en su mente tórrida, al mejor estilo de los comunistas de la Europa Oriental, militarismos bananeros caribeños del siglo XX de crear un supuesto “hombre nuevo”. Bajo una supuesta lucha “antiimperialista”.

Por ello, “la nueva constitución trampa” se deriva de una red de dependencias bajo el mandato falso de una ley y un solo aparato dominante. Más y más Estado, menos y menos ciudadanos. Pero seamos claros en algo, la culpa no sólo deviene del régimen, y en ello soy enfático. La culpa también viene de unos polítiqueros de la oposición que no están comprometidos con lo real. Muchos discursos bonitos en los medios de comunicación y poca práctica de ayuda cotidiana en los barrios, pueblos entre otros muchos problemas como la inseguridad, la falta de empleo etc. En defensa de todos; rojos, amarillos, blancos, verdes, ricos y pobres.

A pesar de todo algo si está claro, estos neofascismo, tanto de la izquierda como de la derecha no predominan jamás en el tiempo, porque están postulándose en una época en que los ciudadanos ya no aceptan dictaduras, ya no mueren por ideologías y mucho menos se siente motivado por el poder del Estado.

En sí estos antipolíticos primitivos despolitizan la política. De hecho sin legitimidad, hablan y hablan sin efectos claros, sin respuestas eficaces a las crisis reales. Son expertos en el proselitismo político mediático, detrás de las dádivas del régimen más corrupto de América Latina, como lo firma un tal Guido Antonnini Wilson y compañía. ¡Tan solo la punta del iceberg!
Evidentemente la inconstitucionalidad en Venezuela es promovida de manera sistemática desde 1999 con sus cinco poderes personales. Vulgarizados promoviendo el desgobierno. Es decir, de la arbitrariedad en las instituciones inoperantes, nace una sociedad despolitizada.

Los tontos útiles de la oposición siguiéndole el juego al chavismo duro están pensando sin asideros, son improductivos en motivar a la gran mayoría del venezolano, no entienden, como no entiende el régimen, la pluralidad de la vida en la democracia real que se mide en el respeto a todas las ideas por muy distintas que sean. No entienden la democracia de la vida cotidiana.

En tal sentido muchos analistas políticos en el mundo comienzan a comparar a Hugo Chávez con Robert Mugabe, ese infame dictador de Zimbabwe que ha destrozado ese país de África por 30 años de genocidio. O, como su padre putativo Ideológico llamado Fidel Castro y su hermano, con 47 años de dictadura comunista-socialista-empobrecedora. O, con su “amigazo” Iraní Ajmadineyad, que muy inteligentemente Jurate Rosales le ha llamado el “hermano de trinchera” de Chávez en reciente análisis.

Claramente un día impactada por el nazismo, Hannah Arendt, esa gran pensadora política judía de origen alemán que muy bien explicó los orígenes de totalitarismo se anticipó al pensar explicando: “creo que el pensar como tal nace a partir de la experiencia de los acontecimientos de nuestra vida y debe quedar vinculado a ellos como únicos referentes a los que puede adherirse”…
En sí el régimen totalitario, lo es, porque el que ejecuta las leyes y normas, las hace a su modo y capricho personal y jamás rinde cuentas reales a los ciudadanos. Es decir, los ve como masas, los tilda despectivamente, el “gran soberano” los esclaviza e imprime el miedo poco a poco bajo el chantaje y la manipulación.

Para el caso venezolano; los compra a punta de petrodólares, de cargos públicos altos, en donde las mieles del poder seducen al más sagas tonto, pero maniatados a los designios del jefe, (que no respeta institución alguna) y sobre todo, los termina ahorcando con el cuento; de si no eres socialista (rojo – rojito) y si no estás conmigo no eres del proceso, por lo tanto no eres Venezolano. Pero todos sabemos que la mayoría de los burócratas del chavismo son la clase más interesada en el dinero y el poder, que ha parido Venezuela.

“Se supone que la política es la segunda profesión más antigua de la tierra; he llegado a la conclusión de que guarda una gran semejanza con la primera” (Ronald Reagan).

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