Opinión Nacional

Del falso amor a la paz

Hace 40 años la bota militar aplastó con inusitada crueldad el proceso civil de un país que alguien describió como tierra próspera de donde emergían los grandes poetas, vinos y cantores. La fecha coincide con los 12 años del ataque terrorista, auspiciado por el odio fanático, que derribó las Torres Gemelas; y como obsequio a la esperanza el lunes se realizó en Bogotá el acto del perdón, con misa en la Basílica del Voto Nacional, para impulsar la reconciliación entre familiares de las víctimas y exguerrilleros del M19 (grupo al que perteneció el actual alcalde Gustavo Petro) por los hechos violentos ocurridos en la toma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985.

Tres fechas que resuenan en nuestros oídos con diáfana claridad, justo cuando en estos días la Casa Blanca se empeña en atacar a Siria y castigar al régimen asesino de Bachar al Asad, un hecho frente al cual se opone con firmeza el papa Francisco al recordar que «nadie gana en las guerras».

Es entonces cuando, en mitad de esta conjunción estelar de efemérides y buenos propósitos, aparece Nicolás Maduro para unirse ­bienvenido sea­ al ayuno por la paz anunciado por el Vaticano y encabezar la marcha de conmemoración del día aciago cuando derrocaron a Salvador Allende. Pero.., un momento.

¿Hablamos del mismo Nicolás Maduro que se ha hecho el sordo al ruego de la niña que intentó llegar a Miraflores con una carta para pedir la medida humanitaria que podría salvar la vida de su padre, el comisario Iván Simonovis? ¿Me dice usted que quien ayuna, inquieto porque una incursión bélica contra Damasco podría tener consecuencias funestas es el mismo señor que acaba de refrendar la salida de Venezuela de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, dejando en la orfandad jurídica al ciudadano común que no hallará respuesta en los tribunales, la Fiscalía y la Defensoría del Pueblo de su propio país? ¿Entonces, me asegura que el mandatario de Venezuela es un férreo militante de la paz y la reconciliación, a pesar de que sus proclamas incendiarias contra la oposición, o sus amenazas contra imaginarios magnicidas y golpistas, le han llevado en no pocas ocasiones a incurrir en el desafuero autoritario? Si la respuesta es positiva, algo anda mal.

Porque una puede entender que por un lapsus confunda penes con panes, pero resulta inaceptable que ese mismo gobernante nos haga creer que apuesta por el diálogo y la reconciliación nacional, al tiempo que centenares de motorizados, seguidores de su revolución, destrozan el automóvil de una señora, y no aparece la señora fiscal ni la defensora para cuestionar semejante barbarie. Muy bueno, que el presidente Maduro aborde también el tema de la no violencia. Pero, si vas hablar de paz, Nicolás, demuéstralo con actos genuinos. No con cadenas mediáticas, ni con marchas en las que se insulta antes que propiciar el abrazo. El falso amor a la paz es a veces más doloroso cuando quien lo proclama no hace más que amenazar al prójimo y lanzar bocanadas de odio.

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