Opinión Nacional

Del holocausto de la esperanza a la victoria con optimismo

Desde ya hace algún tiempo nos preocupamos profundamente por la forma como nuestro país ha sido – y lo sigue siendo- dirigido consciente y sistemáticamente hacia la violencia, hacia la generación de odios y resentimientos, hacia la ruptura de nuestro tejido social, hacia la idea de que este país dividido es irreconciliable y hacia la diáspora de quienes se formaron con la idea de contribuir a construir éste país.

Recientemente un joven de 26 años me manifestaba su tristeza por pensar que alguien como él, quien creció “acompañado y rodeado por personas que sólo tenían amor para dar y recibir, fuera hoy capaz de decir que siente un profundo desencanto y odio por todo lo que está viendo en su país”. Ese joven se preguntaba que si eso le pasaba a él, qué podría esperarse de aquellos que lamentablemente no contaron con la dicha de crecer con los valores con los que él fue educado.

¿Será ese el “hombre nuevo” -el del desencanto y el odio- el que se busca crear en nuestro país?
El despido de la gente del petróleo quemó cerca de 20.000 esperanzas fundamentadas en años de formación, experiencia y ahorros. El desmantelamiento de 40% del sector privado ha quemado las esperanzas de venezolanos que invirtieron en unas cuatro mil empresas y de aproximadamente dos millones de empleados productivos que trabajaban en ellas. Cerca de 600 fincas expropiadas han quemado las esperanzas de familias que apostaron por la agricultura y la ganadería. La inflación acumulada de 38,7%, en el último año (abril 2009 – abril 2010), con mayor afectación en la canasta alimentaria, quema las esperanzas que muchos venezolanos cifraban en los ingresos generados con su trabajo diario. El promedio de 4 secuestros express por día ha estimulado la diáspora de miles de jóvenes quemando así las esperanzas de muchos padres de verlos formar familia cerca de ellos. Cerca de 150.000 asesinatos en los últimos 11 años en Venezuela, quemaron las esperanzas de vida de miles de jóvenes y las de 150.000 familias – padres, madres, esposas, esposo, hijos, hermanos- enlutados hoy por la fuerza de la inseguridad y la violencia. No sé, si escribir lo que aquí escribo, quemará mis esperanzas de disfrutar la libertad por haber hecho uso de mi derecho a la libertad de expresión.

La estrategia del gobierno chavista parece orientada a la aniquilación absoluta de las esperanzas de una Nación. Sin duda, su mejor forma de asegurarse el Poder es, al estilo hitleriano, mediante un holocausto.

Con la bandera de una mentirosa revolución, apoyada en una ideología cuyo fracaso ya ha sido harto demostrado, Venezuela es hoy víctima de un holocausto de la esperanza, holocausto inducido y conducido con un permanente discurso que incorpora en su lema, terrible y negativamente poderoso, “la muerte”. El Estado ha liquidado todo lo que ha caído en sus manos, pero nada se compara con la liquidación de las esperanzas por la expropiación del futuro soñado y trabajado por los seres humanos productivos de nuestro país.

Leyendo sobre las formas en las que los judíos sobrevivieron al holocausto del nacional-socialismo alemán, me encontré con la referencia al optimismo y a su expresión a través del humor y de las artes. El humor de la Shoa incluye un chiste que bien podríamos adaptar a nuestro criollo contexto: “¿Sabes por qué Auschwitz era un lugar optimista? Porque todos los pesimistas ya se habían ido a Nueva York'».

Sin dejar de tener conciencia de lo que nos quiere imponer una ideología trasnochada, NO asumamos que es una realidad que marca nuestro destino. NO repitamos el discurso porque con ello lo fortalecemos. SÍ, asumamos nuestra lucha de manera más poderosa, positivamente inspiradora y constructora de futuro. Difundamos y trabajemos por una VENEZUELA LIBRE, REALMENTE SOBERANA Y CONSCIENTE.

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