Opinión Nacional

Delirio armamentista

Chávez viajó a Moscú “con la cartera llena de pedidos de armas y para fortalecer la alianza estratégica en las esferas política, económica, tecnológica y militar con Rusia”, según reporta la agencia EFE. El mandatario mostró su interés en comprar entre diez y veinte sistemas antiaéreos Tor-M1 (los mismos que adquirió Irán en 2005), tres submarinos diesel-eléctricos de la clase “Varshavianka”; una veintena de aviones de vigilancia costera y varios helicópteros de combate Mi-28N. En el futuro se planea la compra de seis submarinos no nucleares y varias decenas de buques. Venezuela es el principal cliente de la industria militar rusa en América Latina. Se han adquirido hasta ahora 24 cazabombarderos Sukhoi-30MK2, cincuenta helicópteros de diversos tipos y cien mil fusiles Kalashnikov AK-103. Rusia defiende estas ventas al igual que lo hace con Irán y Siria porque el armamento que suministra no alteraría el equilibrio estratégico de las respectivas zonas, ya que se trata de armas de naturaleza defensiva y no ofensiva. Las operaciones entre los dos países sobrepasan los cinco mil millones de dólares. La agencia rusa Interfax señaló que el plan durante cuatro años llegaría a una cifra cercana a los cincuenta mil millones de dólares. La noticia fue desmentida por el gobierno venezolano. Pero en todo caso se trata de negociaciones demasiado costosas y lo más grave aún, innecesarias.

La alianza militar con Rusia que anunció eufórico el mandatario luego de hablar con el presidente Dmitri Medvédev facilitaría incluso las costas venezolanas para maniobras a las fuerzas rusas. Obviamente, la declaración forma parte del discurso antiestadounidense y de la estrategia de configurar un bloque entre los llamados “países forajidos” en una aproximación política con Moscú. Chávez procura también fortalecer la presencia militar de Venezuela de cara al Plan Colombia, financiado y asesorado por los Estados Unidos. En este caso funciona también la lógica de los totalitarismos que suelen colocar el acento en sus fortalezas armadas. El ejemplo más reciente es el Irak de Saddam Hussein que llegó a conformar uno de los ejércitos más modernos del mundo. En la región el gobierno de los generales encabezado por Velasco Alvarado en los años setenta en Perú se abrió a la compra de armamento a la entonces Unión Soviética en plena Guerra Fría.

El delirio armamentista de Chávez lo lleva a eludir la realidad económica y social del país. Una cosa es que el estado, por obra del salto espectacular de los precios del petróleo, goce de una boyante situación financiera y otra muy distinta el cuadro que ofrece una nación asfixiada por la inflación, con una producción en caída libre y falta de inversión nacional y extranjera, con el consiguiente agravamiento de las calamidades de carácter social. La suerte de los regímenes totalitarios demuestra que grandes ejércitos y gigantescas estructuras militares sirven para ocultar las penurias de la población. En el plano externo la obsesión guerrerista de Chávez lo conduce cada vez más al aislamiento. La iniciativa de Unasur, planteada por Lula, asumida por Uribe y apoyada por Alan García y gobernantes de otros países suramericanos supone una concertación en materia militar (si bien no operativa) entre gobiernos que más allá de sus tendencias ideológicas están comprometidos plenamente con la democracia y todos sus valores.

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