Opinión Nacional

Democracia genuina

La semana pasada se produjeron en Venezuela dos acontecimientos de trascendental importancia. Uno positivo y otro negativo, pero ambos, la expresión de que transitamos por el camino de una real democracia.

El primero de ellos, momento único en nuestra historia, en un acto solemne —extrañamente no reseñado por la gran prensa y menos comentado por quienes se dicen amantes de la democracia cuando conviene a sus intereses— se celebró en el Tribunal Supremo de Justicia, en Sala Plena, la juramentación de los miembros de los jurados que participarán en el proceso de evaluación y concurso de los jueces titulares que integrarán los tribunales de justicia.

Los jurados fueron propuestos por las universidades nacionales, los gremios de abogados, las organizaciones no gubernamentales, otras instituciones y por iniciativa particular, en un número de 185 candidatos, pero reducidos a 96 por la participación de las comunidades nacionales en el proceso, quienes objetaron el 50% de los presentados como candidatos. Cada objeción fue analizada por la Comisión de Funcionamiento y Reestructuración del Sistema Judicial, la Comisión de Enlace con el Tribunal Supremo de Justicia y la Inspectoría General de Tribunales, sin tomar en consideración las observaciones de carácter político, como lo demuestra la integración final de los jurados.

La próxima etapa será el llamado a los abogados aspirantes a jueces para la celebración de las evaluaciones y concursos. La lista de estos participantes será también sometida a la consideración de la opinión pública. Una vez elaborada y aprobada la lista, se pasará a la última fase del proceso que consiste en lo siguiente: Los jueces titulares (aproximadamente 20%) serán evaluados solamente, por el hecho de tener derechos adquiridos. Si superan la evaluación podrán continuar en el sistema judicial. Los jueces provisorios (mas o menos el 80%) serán también evaluados y si aprueban la evaluación pasarán a concurso. Los nuevos aspirantes, una vez analizadas sus credenciales y el cumplimiento de los múltiples requisitos exigidos por las Normas de Evaluación y Concurso, serán sometidos a concurso.

Tanto la evaluación como los concursos comprenden tres pruebas: una escrita, otra práctica – en ambos casos el jurado no conocerá la identidad del concursante – y finalmente, una prueba oral, pública. Cada prueba tendrá una puntuación de uno a veinte y el mínimo de puntuación requerida como promedio de las tres pruebas es de 45 puntos. Quienes alcancen esta puntuación o más serán sometidos a un examen psicotécnico por un grupo de psicólogos, profesores universitarios.

Como puede deducirse la transparencia del proceso es inobjetable y probablemente tendrá como consecuencia la formación de un Poder Judicial ejemplar en nuestra región americana. Así se convertirá el sistema judicial, entre los más corrompidos en el mundo, como ha sido reconocido internacionalmente, en uno confiable. Además, los nuevos jueces serán los funcionarios públicos mejor remunerados de la administración.

El segundo acontecimiento de la semana pasada fue el juicio oral y público llevado a cabo por ante la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, sobre un amparo interpuesto por la sociedad civil para posponer las elecciones programadas para el domingo 28. La representación civil expuso la incompetencia del organismo del Estado para organizar dichas elecciones y solicitó su postergación y así fue acordado por los magistrados de la Sala Constitucional, en apenas pocas horas. Fue un espectáculo decepcionante porque el Estado fue condenado por su ineficacia, pero a la vez demostró el encanto de vivir en una democracia genuina, donde el pueblo juega un papel protagónico, como en el caso de la designación de los jueces. ¿ Quién puede imaginar que en las décadas pasadas, cuando la democracia estaba en manos de los cogollos y sus truculencias, un acontecimiento similar podía realizarse?.

Es cierto que constituyó un festín para las pirañas que merodean hambrientas para destruir la experiencia democrática que lleva acabo el nuevo Gobierno, pero demostró que una verdadera democracia no puede funcionar si el pueblo no tiene en sus manos los instrumentos para hacer valer la vigencia de las instituciones que consagra la Constitución. Disfrutarán por algún tiempo la presa que cayó en sus filosos dientes hasta el hartazgo, pero, determinadas las responsabilidades, todo volverá a la normalidad. Mientas no se violen los principios que contiene la democracia, ésta, como Prometeo, rehará sus entrañas devoradas y se mantendrá incólume.

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