Opinión Nacional

Democracia o Destierro Escoja, Presidente

A los tres tristes tigres del CNE, a ver si entienden

No es difícil imaginar el tono con que Lula, Kirchner y Chávez trataron ayer a mediodía el tema referente a la crisis política venezolana. Aún no han trascendido los términos, pero pronto los sabremos. Y para ello no es necesario recurrir a sofisticados sistemas de escucha electrónica: ya encontrarán Lula y Kirchner la manera de hacerle llegar a la actual oposición, es decir, al futuro y muy próximo gobierno, los términos del mismo.

Lo importante es imaginarlo a partir de las reacciones causadas en Kirchner y Lula – de Uribe ni siquiera es necesario el esfuerzo – por el picor del gas mostaza que se colaba hasta las suites del Caracas Hilton, en las que se encontraban descansando antes de atravesar al Teatro Teresa Carreño, en que tuvo lugar la accidentada cumbre del G-15. Kirchner guardó un huraño silencio. Pero pronto actuaría. Lula se sintió perfectamente autorizado a abandonar el patio, incluso 24 horas antes de lo pautado protocolarmente. Los medios brasileños dejaron colar las razones: no quiso respaldar con su presencia tan lamentable estado de cosas. Ningún presidente gusta de terminar una cena de gala con dos asesinados y 20 heridos causados por la policía del presidente anfitrión.

Ni Lula ni Kirchner, ni muchísimo menos el amigo Chávez, se imaginaron lo que les esperaba en Caracas. Tampoco se lo imaginaron los grupos de choque del régimen. Subestimando garrafalmente el gigantesco poder de convocatoria de la oposición y la indignación y la ira que se ha anidado en el pecho de la ciudadanía, pensaron que algunas decenas de miles de Guardias Nacionales armados hasta los dientes – réplica perfecta de las hordas represoras del planeta de los simios – bastarían para disuadir a una escuálida marcha de opositores decididos a cumplir un absurdo propósito: entregar una misiva penetrando en el sitio mejor custodiado del país. Jamás pensaron que la escuálida marcha sería un gigantesco torrente de ciudadanos conscientes, impregnados de ira y coraje, dispuestos a enfrentar la brutalidad policial a cualquier costo. La imagen de Elinor Montes, una joven muchacha venezolana que se enfrentara a la blindada vanguardia de la Guardia Nacional sin otra arma que su coraje y su bandera permanecerá para siempre como indeleble imagen de la grandeza de nuestro pueblo. La de los esbirros – de ambos sexos – cayéndole a palos, pasará a la historia como admonición. Tal arma debiera ser disuelta nada más reconquistar nuestra democracia. El deshonor es su divisa.

Habrán querido decirle: Hugo, o permites la libre expresión de tus ciudadanos, sin fraudes, sin trampas, sin celadas, y te sometes a un Referéndum Revocatorio, o no nos hacemos responsables por lo que aquí suceda. En otras palabras: o juegas limpio y aunque seas derrotado puedes insertarte con tu MVR en el futuro político del país, o terminarán ambos barridos de la faz de Venezuela y tú muerto o desterrado. Majadero y fabulador, habrá recurrido entonces a todas sus argucias para asegurarles que la razón le asiste y que no habrá tal referéndum porque las firmas no existen. Incrédulos, sus invitados habrán guardado silencio y la conversación no habrá avanzado un centímetro. Entonces habrá mostrado el lado más corrupto y ruin de su oscuro corazón, ofreciendo petróleo, energía, carreteras, oro, diamantes, como acaba de hacerlo en Guyana y pretende hacerlo con todo aquel que pueda servirle de algo – un voto en la OEA, un silencio cómplice en la ONU, un gesto de solidaridad en una cumbre – para aguantar unos meses más en el poder.

Pero cuando el picor entró hasta la elegante sala de sesiones, entre los vítores de unos zombis cuban style vestidos de rojos y tocados con boinas bolivarianas, la indignación debe haber borrado las ofertas. Dos muertos, veinte heridos. El rostro desencajado y brutal de la represión. Lula no resistió un minuto más y se largó. Kirchner, todavía al comienzo de un espinoso vía crucis, tuvo más paciencia. Ojalá haya usado el inútil tiempo sobrante viendo televisión: allí se habrá encarado con un miserable, un pobre infeliz que, moral e intelectualmente minusválido se ha empinado a las cumbres de la soldadesca que hoy funge de Fuerza Armada Nacional. Y habrá escuchado a su antecesor, el memo que le abriera las puertas. Las condiciones estaban dadas para que recibiera a la máxima dirigencia de la oposición y tomara debida nota de la verdad de lo que aquí acontece. Así lo hizo. Se le agradece en el alma, Sr. Presidente. Y también se marchó.

Todo, absolutamente todo lo sabremos en pocos días. U horas. Nos llegará por vías mucho más ordinarias que las de la imaginación. Hasta por la prensa. No necesitamos una bola de cristal para saber de qué lado comienza a inclinarse la balanza.

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