Opinión Nacional

Democracia venezolana: de la creencia a la idea y fin de la “revolución” omnisciente

El reciente pacto entre militares y civiles, la recolección de firmas para un referéndum consultivo, el asentamiento rebelde de Altamira y la creciente participación en marchas y todo tipo de iniciativas colectivas demuestran el radical cambio de la manifestación democrática venezolana, la cual ha saltado de la simple y pasiva expresión electoral a la participación activa y creadora, fundamento verdadero de la misma.

Desde 1958, la nación venezolana ha vivido la “creencia” de la democracia: ha sufrido su enraizamiento y se ha enorgullecido de su desarrollo. La democracia ha sido el vehículo de salvación y diferenciación de las otras naciones de América; una fe incontrovertible manifestada en el rito electoral y la falta de cuestionamiento de sus líderes. El Estado venezolano, entendido como la concreción del ideal democrático, se convirtió en el camino y el fin de la redención y la transmutación que la implementación de la democracia traerían. Curiosamente, el individuo sometido al designio estatal, ha vivido esperanzado de una renovación que inevitablemente devendría: la erradicación de la pobreza, la elevación del nivel de vida, el desarrollo insoslayable.

Sin embargo, esa forma de ver a la democracia la despoja de su carácter esencial de “medio”, de vía para la consecución de objetivos individuales y para el afianzamiento de la identidad nacional. Pero no se trata de que esos objetivos iban a ser otorgados por el sistema, sino de que los particulares tuvieran en sus manos la libertad necesaria para definirlos y obtenerlos ellos mismos. Esta noción, aunada al paternalismo estatal, nacido de la renta petrolera, contribuyeron de manera decisiva a la formación de una actitud pasiva, que solo manifestaba su incomodidad con las políticas estatales a través del castigo electoral.

Otro concepto, (explotado por el fenómeno chavista), se sumó a esa pasividad a fin de apuntalar la autoridad ilimitada del Estado venezolano: la “revolución”, medicina única y quasi-religiosa; arma catalizadora del cambio siempre esperado; camino esclusivo para acceder a las esperanzas trangredidas por una élite política abandonada a su propio enriquecimiento. Ese mito de la revolucion omnisciente, quedó desmentido a través de las experiencias “revolucionarias” históricas del siglo XX (bolchevique, cubana, china), la cuales no lograron el renacimiento individual y colectivo deseado, sino la transformación del aparato estatal en una máquina eficiente de opresión deshumanizante.

Ahora, el activismo político reciente del venezolano medio contribuye a la concreción, no de la “creencia” democrática sino de la “idea” democrática, la cual se expresa en una hilación coherente de objetivos basados en la verdadera naturaleza de ese sistema político: la de recurso, materia prima, sendero para llegar a la libertad definida a traves de la perspectiva del individuo y no del Estado.

Esta modificación es irreversible. El venezolano, que historicamente no había tenido la necesidad de experimentar con el mito revolucionario ha entendido ahora que la “revolución” no es más que una excusa para la supresión del individuo y la venalidad de los personeros gubernamentales. Este entendimiento lo va a llevar (y lo está llevando ya) a fabricar con sus propios esfuerzos el sistema político y la sociedad que quiere tener. Acaso sea ésta, la única justificacion histórica del chavismo. No se percibe otra.

(*): Abogado

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