Opinión Nacional

¿Descentralización?

Cuando junto a mi familia decidimos mudarnos a Turmero, allá por 1985 lo hicimos ya no por razones económicas cuando desde Los Teques nos mudamos a Cagua. Lo hicimos porque encontramos una vivienda cómoda, más o menos adecuada para que en ella pudiésemos vivir con nuestros seis hijos y porque el pueblo, que lentamente se convertía en ciudad, era muy agradable. Las calles estaban en excelente estado de conservación, se asfaltaban con regularidad y no se bacheaban como al menos deseamos que se haga en la actualidad. Tenía dos zonas rurales muy próximas en las cuales provocaba vivir o visitar y en ellas era posible disfrutar, sin el peligro de ser asaltados, de un par de ríos con aguas frescas y sin contam,inación. La vieja finca del espaldero de Gómez, Eloy Tarazona había sido convertida en el Parque Agustín Codazzi. Allí se disfrutaba de un pequeño lago con algunos botecitos a lo que se sumaban kioscos y un pequeño cafetín donde no se especulaba al visitante. En sus alrededores un par de cachaperas, vendedores de frutas y del sabroso queso de Belén así como unas cuantas chicharroneras para satisfacer la gula de los adictos al colesterol. Si tomábamos la vía hacia Maracay teníamos una recién inaugurada autopista intercomunal, bien asfaltada e iluminada en la cual ya estaba consolidado el Barrio 19 de abril y comenzaban a instalarse algunas industrias y comercios pero aún se encontraba a Marcelo, el mago de las abejas y unas cuantas granjas que vendía leche, huevos y otras delicias de producción propia. El casco de Turmero lucía aún unas cuantas casonas estilo colonial y como escribí antes las calles eran “lisitas” y la plaza Mariño un ejemplo de frondosidad. La delincuencia se limitaba a uno que otra intrusión a una vivienda, o un robo del reproductor o de las tazas al automóvil. Fue un verdadero escándalo el asalto de un grupo armado al Banco de Venezuela en el cual se utilizaron un par de fusiles automáticos. El domingo siempre había un sencillo espectáculo en la plaza, amenizado por algún grupo criollo o unos bailadores del sabroso joropo central que se complementaba con la venta de lairenes, dulces criollos y las ocurrencias de Mercedes Tovar vestida con sus coloridos trajes y su cayena en la oreja o de José Bernai –el llanero- bailando los merengues o pasodobles criollos con singular maestría. Los únicos problemas que recuerdo era el resultado de alguna lluviecita por la cual las calles se inundaban y el paso frente al sector de El Cementerio se dificultaba; los problemas de comunicación telefónica por una CANTV estatizada y lo lento del servicio de correo que no me traía a tiempo los estados de cuenta para poder pagar puntualmente mis permanentes deudas. Han pasado 25 años y ¿Qué queda de aquel sabroso Turmero? Prácticamente nada a excepción de la inundación cada día mayor de las calles y el paso por el sector de El Cementerio que se ha convertido en una aventura que esperanzados creemos próximo su fin cuando se aproximan las elecciones y los aspirantes a alcaldes prometen la solución del problema. Un primer gobernador, demagogo, como lo han sido la mayoría, hoy semi oculto por temor a que se le evidencien sus corruptelas, alentó y permitió una invasión a Paya y allí, entre una mayoría de familias sanas y carentes de viviendas se colaron avispados delincuentes que en su mayor parte venían desde Caracas. Primero se convirtieron en el azote de su comunidad y luego en el de todo Turmero. Un Alcalde quiso embellecer la plaza y al parecer no contrató el personal idóneo y muchas de las plantas comenzaron a morir. Por supuesto se dejó impune el mal trabajo ejecutado y no se hizo ningún tipo de reclamo. Ahora la plaza es objeto de remodelación y embellecimiento, con costosas baldosas de granito rojo pero con los árboles muriendo asfixiados por el encharcamiento del agua. Y así repito, han pasado 25 años. En la actualidad las calles están llenas de huecos, anunciándose cada año que cuando llegue el verano se asfaltarán. Son promesas similares a los amores de estudiantes: Flores de un día son… El acceso a la población desde La Encrucijada es un verdadero infierno con miles de huecos y gran congestión de vehículos en las horas pico, aprovechadas por los delincuentes para robar a los ocupantes de los vehículos . La ciudad carece de nomenclatura. No existen identificaciones de las calles ni señalamientos para orientar a los visitantes. El flechado de las calles es inexistente y en algunas ocasiones la Alcaldía contrata a alguien para que pinte las señales de dirección pero al parecer lo hacen con asbestina porque a las pocas semanas se han borrado. Los mismos pintores se han ocupado de pintar casi todos los bordes de las aceras de amarillo lo cual significa prohibición de estacionar pero lo han hecho hasta en los lugares adecuados para esa función. De todos modos, nadie les hace caso y por ejemplo, en la calle Bolívar, en la zona este el congestionamiento es total, con automóviles estacionados en ambos lados de la vía. Para remate, en la ciudad escasean los estacionamientos, agravándose el problema cuando dos de los ubicados en el casco central fueron expropiados para ubicar en ellos a los comerciantes informales que hasta ese momento ocupaban las estrechas aceras. El servicio de aseo es irregular. En algunos sectores superan al mes sin recoger la basura, viéndonos obligados a pagar un servicio privado para que la retire de nuestros frentes. Y debo hacer una acotación: Hasta hace algún tiempo el servicio de aseo urbano se cancelaba en las oficinas de Elecentro, conjuntamente con el pago del consumo eléctrico. Algún genio decidió que el pago había que hacerlo en las oficinas de la Alcaldía, ubicada en prácticamente la periferia de la población y ahora casi nadie paga el servicio, a excepción tal vez de los comerciantes. Situación que quita recursos económicos si fuese el caso que los mismos se ejecutaran en el beneficio del servicio y no fuesen desviadpos hacia otros rubros. Y del correo ni se hable. El servicio, que estaba muy bueno hace un par de años, especialmente en cuanto al denominado EMS. Ha llegado a un estado tal que desde Caracas, por ese envío especial que significa Entrega Especial Expresa, tarda un mes en llegar desde Caracas con el añadido de que debo recogerlo en la oficina de Ipostel. ¿Será que todo el país está así? Mis amigos me aseguran que esa es la triste realidad de Venezuela. Todas las carreteras deterioradas y llenas de delincuentes. Tras más de una docena de planes de seguridad, ahora se asaltan los transportes colectivos a diario, se enfrentan bandas de delincuentes asesinando en sus tiroteos a inocentes transeúntes y aparentemente las autoridades se limitan a hacer ostentosos operativos consistentes en alcabalas que generan largas colas y que por ser fijas, son evadidas con facilidad por los delincuentes. Mejor no extenderme en el alto costo de la vida, en la ineficiencia de los servicios públicos, en el deterioro de las empresas expropiadas y en quien sabe cuántas miles de cosas que requerirían emborronar miles de páginas. Tengo algunos amigos, algunos de ellos comunicadores, otros dirigentes vecinales y uno u otro asiduo al Facebook que me critican el que yo critique, proponiendo que no hable más de lo malo de nuestro Turmero. Hay quien dice que no es cierto lo que expreso pero lo he invitado a que se siente a la entrada del edificio donde habito y soporte los hedores y las moscas de la basura sin recoger. Otro me asegura que es que no están llegando los recursos como un castigo del gobierno central y otro, tal vez el más iluso me pide que calle y no hable más del asunto porque en Turmero solo hay cosas bellas. ¿Será que la descentralización fue un error y hay que centralizar nuevamente? Pero yo, como buen ingenuo que soy para no caer en la palabreja autorizada por el Doctor Uslar Pietri tampoco estoy viendo que lo que el gobierno ha centralizado funcione idóneamente. No queda más que hacerse otra pregunta ¿Será que quienes nos han gobernado son inútiles?

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