Opinión Nacional

Desfachatez

Quizá he debido titular este escrito: «Caradura»; pero cuando consulté el diccionario de sinónimos resultó que «desfachatez» tiene el doble de sinónimos que «caradura» o cualquiera de las múltiples y variadas acepciones de esa frase. Invito a los lectores a comprobarlo, lo cual además les va servir bien, pues es obvio que esas palabras son la mejor definición de la actitud de aquellos que dicen o, mejor dicho, se atribuyen la representación de los venezolanos en virtud de una elección cuestionable y cuestionada que no les dio el voto que creían tener automáticamente ganado.

De cinismo para abajo, pasando por cualquier otro sustantivo, se pueden usar muchos calificativos para pintar la actitud de los oficialistas. Si no, ¿cómo llamaría usted la actitud del CNE, haciendo una «auditoría» que no es lo solicitado, ni el compromiso adquirido, pero sí una burla y desprecio a la oposición y a la inteligencia y razón de los venezolanos? Ellos mismos se pagan y se dan el vuelto y los resultados serán los ya previstos: tantos votos en la máquina, tantos papelitos en la caja. Sí, cómo no, y ¿todos los votantes están sellados en los cuadernos, estaban vivos, concuerdan en número de votantes, etc.? ¿Cómo llamar a quienes inventaron la patraña de que la oposición había quemado, saqueado y destruido los CDI? ¿Cómo definir a quienes urdieron la trama que engañó con más mentiras y falsos testimonios a los presidentes en Unasur, para que aceptaran a Maduro? ¿Cómo se denominaría la actitud de los diputados oficialistas que agredieron a los de la oposición y después dijeron que ellos fueron los agredidos? ¿A Diosdado y su risa, cómo definirlo? ¿Y al pacto de no agresión que propusieron en la Asamblea, cómo llamarlo? ¿Y los ministros socialistas de siglo XXI que se dicen demócratas y definen sus políticas laborales como excluyentes, sectarias y agresivas, qué son? Estas y mil preguntas más, son digresiones que tienen las mismas respuestas: desfachatez, falta de respeto y cinismo.

No hay una pena legal para tal actitud, pero sí una consideración personal y grupal. Esta es más penosa que si fuera una sentencia judicial o una penitencia religiosa. Me refiero a que estos desfachatados personajes que han manipulado a los venezolanos serán, algún día, objeto del más enconado sentimiento de rechazo y repudio posible y serán olvidados por propios y extraños.

Su recuerdo dejará de existir por ser inmerecido, injusto, triste y ellos haber abusado de la buena fe de un pueblo, sufrido y estoico, pero alegre, creativo, de memoria corta e infinito deseo de alternar y abrazarse con sus semejantes.

Porque esa es la Venezuela que siempre conocí y que sabemos todos que está ahí, reprimida, agazapada y dispuesta a brincar y bailar en un solo pie, pero no resentida social ni vengativa.

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