Opinión Nacional

Despotismo “moderno”

En el 2001, escribí un artículo titulado “Despotismo ayer y hoy”, donde hacía una reseña del libro de Maurice Joly “ Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu”, publicado en 1864, como una sátira del autoritarismo plebiscitario de Napoleón III, “ le petit”. La historia de Venezuela de estos cinco años está casi “proféticamente” descrita en el libro de Joly. Oigamos a Maquiavelo: “ buscaré mi apoyo en el pueblo; este es el a b c de todo usurpador. Poco en verdad se preocupa el pueblo por vuestras ficciones legales, por vuestras garantías constitucionales! El usurpador de un Estado… está condenado a renovarlo todo, a disolver el Estado, … a transformar las costumbres. Tal es el fin, mas en los tiempos que corren sólo podemos tender a él por sendas oblicuas, por medios de rodeos, de combinaciones hábiles y, en lo posible, exentas de violencia. Por lo tanto, no destruiré directamente las instituciones, sino que les aplicaré, una a una, un golpe de gracia imperceptible que desquiciará su mecanismo. De este modo iré golpeando por turno la organización judicial, el sufragio, la prensa, la libertad individual, la enseñanza. Por sobre las leyes primitivas haré promulgar una nueva legislación la cual, sin derogar expresamente la antigua, en un principio la disfrazará, para luego, muy pronto, borrarla por completo.” Joly va exponiendo toda una serie de medidas que van transformando, subrepticiamente, una democrácia en un régimen autoritario. Hay que destruir a los partidos políticos y, en general, las fuerzas colectivas. Debilitar la burguesía para evitar que surja “un número demasiado grande de fortunas independientes”. Maquiavelo agrega al respecto: “..es preciso lograr que en el Estado no haya más que proletarios, algunos millonarios y soldados.” Manipular la opinión pública es fundamental, por tanto el propio Estado debe transformarse en periodista, no debe cometer la estupidez de suprimir la libertad de prensa, sino dirigirla y controlarla a distancia, fomentando una sana costumbre a la autocensura a través de la intimidación. El déspota “no debe temer hablar como demagogo, porque después de todo él es el pueblo, y debe tener sus mismas pasiones.” Hay que utilizar los controles fiscales para atemorizar a los adversarios…y acabar con la independencia del poder judicial. Rellenar el parlamento de diputados incondicionales y transformarlo en un órgano de homologación de la voluntad del ejecutivo. ¿Les parece familiar?

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