Opinión Nacional

Detener al asesino

¿“Quosque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? El terrible emplazamiento de Marco Tulio (%=Link(«http://pot-pourri.fltr.ucl.ac.be/itinera/travaux/aff_cat/aff_cat01.htm#Anc01″,»Cicerón»)%)
, senador de Roma, a Catilina adquiere plena vigencia entre nosotros. Nadie, nunca jamás en nuestra historia, ha abusado tanto de la paciencia, de la confianza y de la buena voluntad de los venezolanos. Incompetente, ladronazo, autor intelectual de asesinatos y ahora hasta encubridor descarado de autores materiales confesos, Hugo Chávez ha resultado ser un delincuente común a quien le queda grande un simple calabozo en cualquiera de los penales de la república.

La masacre de Altamira lo perseguirá hasta el fin de sus días. El espíritu de libertad que congrega a civiles y militares no morirá jamás. Mucho menos por la cobarde acción de los pistoleros del gobierno ni por las balurdas amenazas que tienen al país hasta la coronilla. Trabajar a fondo para que este régimen termine lo antes posible es una obligación ineludible. El paro cívico nacional, una de cuyas manifestaciones más contundentes está en la industria petrolera y petroquímica, provocará el desenlace. Tiene que ser pronto. La incertidumbre está liquidando la paz que habíamos conocido. Aunque aún no tengamos guerra declarada, no existe la serenidad mínima indispensable para garantizar la normalidad. El miedo se apodera de unos, la tristeza de otros, la indignación y disposición de luchar asumiendo los peores riesgos están sembrados en lo más profundo del alma venezolana. En la Venezuela de hoy están en peligro tanto la libertad como la existencia misma. Alguna vez repetimos que cada tiempo crea sus monstruos, pero también da las armas apropiadas para destruirlos. Llegó el momento definitivo. Chávez o democracia, dictadura o libertad, dignidad o sumisión. Es su salida o la muerte de la república democrática.

Ya no es lícito mantener ilusiones de armonía donde son imposibles. Buscar acuerdos o mantener negociaciones con criminales encabezados por este hombre enfermo de tiranía. Además de los muertos y heridos de abril, desde que el señor César Gaviria, secretario general de la OEA, está entre nosotros, hemos sufrido la cobarde agresión en contra de los manifestantes ante el Consejo Nacional Electoral con saldo de heridos y muertos; el intento de secuestro a la alcaldía metropolitana, también con muertos y heridos; las burdas maniobras en contra de cualquier salida electoral; el vulgar atropello de la dócil asamblea nacional en contra de magistrados del Tribunal Supremo de Justicia; las agresiones en contra de los medios de comunicación con especial referencia a El Aragueño y a El Siglo; los múltiples atropellos de la hoy mal llamada Guardia Nacional en contra de la población, incluidos mujeres, ancianos y niños; y ahora, la masacre de Altamira asumida personalmente por su autor intelectual. Chávez tiene que irse. Algún día pagará por todo el daño que ha causado.

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