Opinión Nacional

Dialógicas

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Dialógicas

La violencia de la década de 1960 en Venezuela fue resultado de problemas que quedaron pendientes en 1948. Y la de esta feroz primavera de 2002 es la resaca de décadas de errores. Hay que dialogar porque la alternativa puede ser tener que reconstruir la democracia sobre doscientas mil tumbas. Tal vez más.

Estas ideas las debo a Asdrúbal Aguiar, quien las refirió por televisión el martes pasado, nacidas de una conversación con Rafael Caldera. Fue una conversación sabia.

Tan sabia como la frase de Aristóbulo Istúriz el sábado 13 de abril en la hora más dramática de Venezolana de Televisión: “El otro también existe”.

Francisco Faraco no aplaude la versión de que el único villano fue Isaac Pérez Recao. Aquí se montó, desde el 10 de diciembre, lo que Faraco llama “una operación de acoso y derribo”, que luego zozobró en un remolino de improvisaciones propias de espontáneos de la política, en la más ortodoxa tradición venezolana. Sabio también.

Como lo fue Antonio Pasquali el martes 30 de abril en la primera mesa de diálogo del Conac, en el CELARG: “Los venezolanos nos hemos puesto de acuerdo para que no haya más muertos”.

Igualmente sabios —y valientes— fueron Tulio Hernández, Teodoro Petkoff y Milagros Socorro, con sus alertas tempranos del 12 y el 13 ante los ultrajes de, entre otros, los alcaldes Rambo que ahora no hallan cómo explicar lo que hicieron y aún menos lo que deshicieron. Difícil encontrar tanta tosquedad en tan pocos minutos.

Tres días de enfrentamientos de amateurs. Otro comentario sabio, de Pablo Antillano.

Si todos somos sabios así, reencontraremos la racionalidad y la tolerancia. Durante horas vimos de cerca la faz de la irracionalidad e intolerancia absolutas. En esas horas todos vivimos en peligro, incluyendo a los golpistas, que no trataron ni a sus aliados como son tratados ellos ahora, con respeto y consideración. Los intelectuales presenciamos cuán inviables seríamos si los fundamentalistas de cualquier signo se imponen sin contrapesos plurales y democráticos.

¿Podrán entender los medios de comunicación libres que también son inviables en ese contexto? ¿No entienden que ya son inviables ante las multitudes que rodearon a Fuerte Tiuna y Miraflores el sábado 13, ese nuevo protagonista histórico que se niegan a percibir y mencionar y que no les cree nada? ¿Cuánta gente que marchó a Miraflores les cree ahora después del estruendoso silencio mediático del 13? ¿No vivimos bajo su tiranía, como sabiamente lo señaló Elías Pino en la reunión del CELARG? Son pobres sus resultados, según la encuestadora de oposición Datanálisis, que declara que la popularidad presidencial aumentó en 10%.

Por eso es urgente reclamar el escenario para la mayoría razonable que hay en los dos trenes que chocaron. Es necesario el “tercer tren” de que habló Susan Berglund, otra sabia, el lunes en El Nacional. No para una reconciliación santurrona, sino para “ponernos en desacuerdo”, como decía Julio Cortázar, dentro de pautas que todos podamos respetar.

Venezuela es hoy un laboratorio mundial. Lo que logremos en estos días tendrá graves consecuencias para la humanidad que nos observa. No le respondamos con doscientas mil tumbas. Tal vez más.

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