Opinión Nacional

¿Diálogo?

El país atraviesa una de las peores crisis de su historia. La ingobernabilidad se asoma, con las gravísimas consecuencias que ello pueda traer. Un régimen inepto y disparatado provoca, consciente o inconscientemente, la inestabilidad y la angustia. Ante ello surge la necesidad de un diálogo nacional amplio que permita hacer frente a los diversos y graves  problemas que afectan a la sociedad venezolana.

Si en la oposición parece haber disposición para tratar los problemas de mayor gravedad y trascendencia, algunos pocos en las filas oficialistas se han mostrado favorables a dialogar. A partir de enero del 2011, la Asamblea deberá constituir uno de los espacios adecuados para tratar los asuntos de interés nacional y encontrar soluciones sostenibles y duraderas, en beneficio de todos los venezolanos, sin exclusión.

El camino hacia el 2012 es largo y difícil. La impopularidad de Hugo Chavez es cada vez mayor y las posibilidades de una derrota electoral y el fin del nefasto experimento “revolucionario” son cada vez más ciertas. Lo más importante no es llegar al 2012, sino las condiciones en las que se llegará.

Un país destruído desde todo punto de vista sería una carga demasiado pesada para el nuevo gobierno, lo que obliga a la reflexión desde ahora, aunque parezca prematuro, para encontrar algunos espacios de diálogo e impedir que la ingobernabilidad y sus consecuencias coloquen al país al borde de una crisis aun mas grave.

La unidad de la oposición y la presentación de una alternativa de poder para hacer realidad su victoria electoral en 2012 constituyen el mayor reto que debe enfrentar a lo largo de estos meses. Al mismo tiempo, su dirigencia debe considerar las respuestas a los diversos problemas que golpean a los venezolanos y que se agravan por la incapacidad y la ineficacia de  quienes manejan el país, sin control.

Es necesario un diálogo entre todas las fuerzas políticas, económicas y sociales para evitar situaciones que escapen de las manos de la dirigencia política del país. Un diálogo que no se puede ubicar en la “rendición” ante un proyecto que se ha rechazado en las urnas y en la calle; un diálogo que sólo puede ser posible en base a la rectificación de las políticas disparatadas de un régimen que se ha mostrado incapaz; un diálogo que no se puede basar en políticas exclusionistas, sino  alrededor de las realidades y del respeto de la mayoría del país.

Es el momento de reflexionar y de buscar lugares comunes. Las realidades son otras y aunque Chávez y sus situacionales desconozcan el verdadero sentir nacional, sus seguidores deberían entenderla y abandonar la confrontación, la persecución y abrirse al diálogo y a la concertación, en beneficio de todos los venezolanos.

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