Opinión Nacional

¿Diálogo o resistencia intransigente?

Este es un dilema que en rigor no existe. Concertar políticas públicas en temas sensibles con un gobierno en el que el cuerpo vital de su política descansa en la exclusión, persecución y final aniquilamiento del sector que lo adversa y cuyos esfuerzos se concentran en borrarlos del mapa, nada tiene que ver con la aquiescencia con sus verdugos ni mucho menos abdicar a oponerse bajo la resistencia a sus desmanes a suplantar la élite malandra que la integra.

No obstante que a simple vista no parezca coherente, la asistencia de los funcionarios electos a dialogar con el gobierno, ha dado nuevos aires a minorías radicalizadas que son los mismos que condujeron a la oposición a las aventuras fallidas antes del 2006 y convirtieron a la oposición en un conglomerado de sectas dispersas sin fuerza, significación ni destino. Estos grupos no se autopurgaron del todo a pesar del crecimiento de la política unitaria y el haberse transformado en una real opción de poder.

Lo peligroso es que sus posturas intransigentes se encuentran hoy incrustadas con sus voceros y liderazgos dentro de la MUD y sirven a estos para enfilarse a retornar a la antipolítica contrastando con la acertada dirección, causante de sus éxitos, de vencer al adversario políticamente, y eso solo será posible para romper la paridad actual de fuerzas: manteniendo la Unidad, insistir en la política de masas y en erigirse de modo incontrastable en mayoría consolidada.

Lo que pone en peligro la Unidad de la Alternativa Democrática, es la ausencia sincera y abierta de autocrítica. Mas allá de los intereses de los francotiradores que repudian a la oposición organizada, el resultado del 8D luego de la enorme votación del 14 de abril y las contradicciones que siguieron con la acusación de fraude, y el desconocimiento de Capriles a Maduro, entre otras, mucha gente no tiene por qué entenderlo.

La MUD ha evadido hasta ahora la discusión de sus errores y deja espacios para que se conspire sobre su pertinencia; lo cierto es que esto ha permitido que se abran apetitos de liderazgos que inciden en la estrategia de masas y se regrese al voluntarismo, a las emociones primarias que ciegan el entendimiento y pasman a la política como razonable guía para la acción. Los mariscales del fracaso vienen adquiriendo una cierta receptividad que nos puede retrotraer al pasado de frustraciones que minimizaron la construcción de una fuerza para el cambio.

Como urgente debe definirse, si se seguirá trabajando en ser una mayoría que desempate la paridad de los respaldos que tienen hoy ambas fuerzas u optar por las aventuras de cualquier tipo, dinamitar la unidad y jugar a desplazarlos mesiánicamente.

Si el liderazgo de Capriles se encuentra agotado o no, eso es una materia que debe decidirla el país, pero consideramos injustificado que se le ataque a él y al resto de las autoridades electas por haber aceptado el pretendido diálogo al que convoca el gobierno; que si es un cuento, pues los venezolanos tendrán que cobrárselo. Dialogar con el adversario, aun sabiendo de sus vilezas, no es claudicación, es sensatez, responsabilidad, ética de la política, sobre todo en ciertos temas como el de la preservación de la vida de todos nosotros.

Prescindiendo del resultado o de las intenciones de comprometer a la MUD en el costo político de la lucha contra la inseguridad, ese otro medio país que no está con la propuesta democrática, sería el primero que no entendería jamás que no se hace ni el intento de concertarse para vencer el hampa.

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