Opinión Nacional

¿Dictadura?

De acuerdo con lo que dice Laureano Vallenilla Lanz en su libro «El sentido Americano de la Democracia» el hombre que se siente a merced de los azares, que busca trabajo y no encuentra, que se enfrenta sin salida a una situación sin soluciones y que, en pocas palabras, está desesperado, «no es propiamente un hombre: es una cosa, un instrumento que cualquier hombre utiliza o desecha, según le convenga». Este hombre no puede ser un Ciudadano en el verdadero sentido de la palabra.

Lamentablemente, nuestra «democracia» ha fallado en producir este tipo de ciudadano. Y es por ello que, teniendo una mayoría de población desesperada, que no sabe o no puede ejercer a cabalidad su rol de ciudadanos democráticos, nos encontramos ante una panorámica en la que seres humanos, venezolanos hermanos nuestros, están siendo convertidos en instrumentos de un hombre que los utiliza para satisfacer sus ambiciones de poder y gloria. Que, manipulando como símbolo y emblema a nuestro gran Libertador, ha separado a la población en dos segmentos: patriotas y antipatriotas, revolucionarios y contra revolucionarios. Que ofrece una revolución que, hasta ahora, solo ha continuado el despilfarro de nuestros recursos económicos y que, a pesar de su machacante y repetitiva demagogia, ha logrado, en solo 15 meses, empeorar la situación económica del país de tal manera que el escaso y deficiente aparato productivo con que contábamos quizás tarde años en recuperarse.

Es mi opinión que mucho de este bla bla no es patriota sino mas bien patriotero y que esta segmentación de los venezolanos está dividiendo al país en personas pensantes e instrumentos ciegos, dispuestos a deificar a quien no es mas que un ser humano y, por tanto, totalmente falible.

No encontramos entonces ante una muy triste realidad: Estamos siendo gobernados por la voluntad de una mayoría que, convertidos en instrumentos por la misma democracia, están segando la participación de los que, por una u otra causa, somos en este momento los potenciales ciudadanos en el verdadero sentido de la palabra.

Y digo potenciales porque, en todos estos años, hemos estado inconscientes de lo que se estaba gestando a nuestro alrededor y hemos tenido un comportamiento apático o indiferente, e incluso cómplice, ante los actos de corrupción y de abuso, y ante el progresivo deterioro de nuestra democracia y nuestra sociedad.

Hay que reconocer que Hugo Chávez ha despertado en muchos de estos ciudadanos, entre los cuales me encuentro, un vehemente deseo de participar en el escenario político y hacer sentir nuestras voces, en un momento en el que estamos viviendo un totalitarismo de facto que se instaló entre nosotros sin que ni siquiera nos diéramos cuenta.

Hoy se evidencia claramente, a mi juicio, la necesidad perentoria de actuar, de dejar de lado la apatía, la comodidad, la indiferencia y el miedo y de buscar la manera de participar en el mejoramiento político y social de nuestro país, no como meros instrumentos, sino como verdaderos ciudadanos, conscientes de que el bienestar nacional da lugar al bienestar individual.

Considero que es mi obligación y la de otros muchos, como ciudadanos venezolanos, buscar caminos para la actuación y para aportar soluciones que se orienten a EDUCAR y CREAR CONCIENCIA en aquéllos que, desafortunadamente y ante nuestra indiferencia y apatía, se han convertido progresivamente en instrumentos y que, siendo mayoría, han votado, con su «voto democrático», a la disfrazada dictadura que hoy ostenta el poder.

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