Opinión Nacional

Dies Horribilis

El martes 10 de junio pasará a los anales de esta pesadilla como un dies horribilis: un día nefasto. Siguiendo el calendario de nuestra negrura política, bien podríamos llamarlo el martes negro. Aunque para la Venezuela que espera por nosotros, bien podría ser calificado de día D, aquel que anunció por primera vez luego de cuatro años de travesía por el desierto de esta farsantería que una luz se asomaba en medio de la tormenta e indicaba que nos acercábamos a puerto seguro.

Los aztecas, siguiendo el calendario que le legaran los mayas, sus antepasados, contaban sus años con solo 360 días. Los cinco y medio restantes los guardaban con horror en la sacralidad de lo nefando. Ya no un año: todo el período de nuestra democracia ha acumulado desde aquel nefasto viernes negro una media docena de jornadas espantosas. A aquel viernes negro se le sumaron las tenebrosas fechas del 27 de Febrero, del 4 de Febrero – febrero es el mes ominoso de nuestra historia, desde hace muchísimo más de un siglo – del 6 de diciembre del 98, del 11 de abril, del 6 de diciembre del 2002 y en este suma y sigue temíamos por seguir pintando de negro el calendario de nuestras luchas democráticas. Pero a cada cochino le llega su sábado.

Aunque el nuestro ha comenzado a chillar un martes 10 de junio, fecha en que se conocieran las derrotas cosechadas el día anterior en todos los escenarios donde se han librado las últimas batallas por el restablecimiento pleno de la democracia venezolana. En primer lugar, a nivel internacional, el más complejo y delicado, hasta hace nada y gracias a fastuosas inversiones y corruptelas, aparentemente favorable al oficialismo. Pero en Santiago de Chile y en Ginebra saltaron las alarmas. En Santiago la Asamblea General de la OEA se negó a discutir la proposición descabellada y cantinflesca presentada por el embajador Roy Chaderton – el canciller de la indignidad, parafraseó Manuel Felipe Sierra, recordando al egregio Ignacio Arcaya padre – quien debió soportar la inevitable y esperada derrota en la suite del Sheraton San Cristóbal con una migraña homérica. En Ginebra, la OIT le negó a la espuria delegación gobiernera la sal y el agua. Y pronto, si no modifica su comportamiento, saltarán las alarmas de la Unión Europea, como ya saltaran contra Castro, el mentor. Por no hablar de las declaraciones de Otto Reich y la posición del Departamento de Estado. Comienza a oler mal, muy mal en Dinamarca.

De nada ha servido el nombramiento de un esbirro del régimen como miembro de la CIDH, blindado por los 14 votos de los inefables países del Caribe, siempre atentos al favor petrolero que les llega desde Miraflores. Business is business, aunque medie la dignidad nacional.

Pero si en el terreno de las relaciones internacionales el panorama fue de pronóstico, peor le fue al régimen en el plano interno. Derrota en la Asamblea Nacional, derrota en el TSJ y, por si todo eso fuera poco, derrota en el marquesado de Barinas, donde el progenitor que por tal suceso genético ostenta la gobernación vería impugnada su cuenta. Es el comienzo del fin. Mucho más temprano que tarde los muelles de la Guaira se verán inundadas de ratas abandonando el barco. Puedo dar fe de ello. Si aún lo dudan: Escríbanlo.

POST SCRIPTUM: Felicitaciones, Liliana. Eres un ejemplo de coraje y dignidad nacional.

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