Opinión Nacional

Diputados callados y sin calle

La diputada Nora Bracho dice que no permanecerá en silencio, a pesar de la sanción que le impide ejercer el derecho de palabra en la Asamblea Nacional. Asegura que se mantendrá muy activa «en la calle». Es una declaración política de manual. Cualquiera la hubiese dado en su situación. Sin embargo, mirando desde la galería, es inevitable contradecirla y señalar que si el presidente del Poder Legislativo, Diosdado Cabello, se atreve a sancionarla (a ella y a Julio Borges) con una medida tan antiparlamentaria es precisamente porque sabe que ninguno de los dos diputados «tiene calle». Lo demás es gamelote.

Precisemos: no se trata de que los diputados castigados o sus partidos carezcan de liderazgo o de seguidores. No es exactamente eso. Lo de tener o no calle es un asunto un poco más metafísico, pero al mismo tiempo más concreto. En un caso como este, se trata de tener o no la capacidad para lograr que una masa humana más o menos considerable se rebele, de manera contundente, oportuna y efectiva, contra una disposición que, a todas luces, vulnera la función parlamentaria (pues esta consiste, hasta etimológicamente, en hablar) y menoscaba la inmunidad que les permite a los diputados -además de otros excesos- injuriar, difamar y vilipendiar, sin que se les pueda sancionar, a menos que el Tribunal Supremo declare con lugar un antejuicio de mérito.

La politóloga Prodigio Pérez acota que este episodio, por otra parte, pone nuevamente de manifiesto que buena parte de la oposición confunde calle con presencia mediática y digital. «Cuando ellos dicen que se van a ir a las calles quieren decir que van a tratar de conseguir más programas de televisión y a mandar más tuits», ironiza la experta y para demostrar su afirmación señala que la diputada Bracho, por ejemplo, dijo lo de ir a la calle, pero ni siquiera en el momento de dar la declaración se le vio en una vía pública, sino en el set de una cosa llamada Capriles TV.

Para Prodigio, es un asunto de gestión política. Si la bancada opositora, que ya va para tres años de parlamentadera, se hubiese ganado el respeto de la opinión pública, a Cabello ni le pasaría por la cabeza la idea de aplicar esa clase de sanciones. «Diosdado, que es un político muy sagaz, se da el lujo de manejar el Parlamento como en sus tiempos de teniente porque sabe que puede hacerlo, está seguro de que el otro bando no tiene músculo para impedírselo. No te extrañe que un día de estos le ponga a Borges un sombrerito cónico y le ordene sentarse mirando para un rincón -especula Prodigio- o que mande a María Corina, como en sus tiempos de colegio de monjas, a arrodillarse en el patio del Palacio Legislativo, justo al lado de la fuente».

 

 

 

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