Opinión Nacional

Discurso maniqueo y soez

Nunca antes se habían escuchado un lenguaje tan procaz y ofensivo, como el proferido por el tte coronel Chávez durante los actos de apoyo de sus candidatos para la próxima contienda electoral. “Bacalaos” que carecen de cualquier tipo de mérito o liderazgo regional, más allá de una nauseabunda sumisión a la voluntad del caudillo. El Jeque petrolero caribeño ha recurrido a un discurso fascistoide y descalificador, para ocultar su gran fracaso en la solución de los acuciantes problemas sociales que afectan a la gran mayoría de los venezolanos. Esta retórica propia de lupanares, ajena a cualquier proyecto revolucionario y libertario, ha sido aderezada con consignas «anticapitalistas», incluso con una fraseología socialista a fin de congraciarse con sectores revolucionarios del continente, ello a pesar de que en la práctica su gobierno ha favorecido al gran capital nacional (boliburguesía), así como al transnacional (empresas mixtas petroleras.

Chávez al hacer suyo un discurso maniqueo extraído del baúl del protofascismo, pretende continuar dividiendo a los venezolanos en buenos y malos. Los “buenos” son los que respaldan su socialmilitarismo con todas sus aberraciones, los “malos” son los que los adversan ideológicamente, son los enemigos del proceso, los cachorros del imperio, los agentes de la CIA. De acuerdo a esta alquimia fascista basada en la doctrina de la seguridad nacional, todo disidente del proyecto es un “enemigo interno” al cual hay que exterminar. Con este discurso aspira seguir polarizando al país, perversidad que le ha permitido importantes victorias electorales, exceptuando naturalmente la derrota del “proyecto de reforma” del pasado 2D del 2007; con esta estrategia electoral desnaturaliza el carácter regional de las elecciones del próximo 23N, al transformarlo en un proceso plesbicitario en torno a su imagen, la cual vienen aplicando con suma destreza sus iletrados candidatos a gobernaciones y alcaldías.

Además, mediante el uso de este plan intimidatorio el rufián de Miraflores busca una obediencia y consenso forzoso de todas las organizaciones políticas que respaldan su batiburrillo ideológico, las cuales acusan desaliento y desgano ante el engaño y el latrocinio de los jefes bolivarianos. Es la imposición de una disciplina ciega, un culto al despotismo, y una sumisión incondicional frente al “jefe providencial”. Ante el país, el tte coronel apela en forma desvergonzada al viejo complejo del Armagedón, haciendo terribles predicciones en función de sus intereses electorales: «pobres de aquellas regiones en las cuales no ganen mis candidatos», «si la oposición gana la violencia reinará en el país», “si no ganan los candidatos de la revolución viene la guerra”. Esta filosofía violenta de la falacia y la manipulación ha contado con la ayuda de un sofisticado sistema de propaganda y desinformación dirigida por fanáticos e intolerantes ideológicos, cuya tarea ha sido la institucionalización del terror como recurso máximo para encubrir el gran fracaso del socialmilitarismo bolivariano.

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