Opinión Nacional

Discusión necesaria (I)

Un hecho político notorio en lo que va del año ha sido el conjunto de exigencias presentadas y fuertemente reclamadas por organizaciones y personalidades ubicadas en el ámbito opositor, respecto del proceso mediante el cual será electo el Presidente de la República. Los aspectos más relevantes son la designación de un Consejo Nacional Electoral cuya composición sea garantía de imparcialidad; la adopción de varias reformas a la Ley Orgánica que rige la materia comicial, entre ellas la de establecer el escrutinio manual; y la aplicación de normas vigentes, pero no cumplidas por el oficialismo, que prohíben la intervención ventajista de los Poderes Públicos, en especial la del Ejecutivo Nacional.

Las demandas mencionadas tienen tanto sentido que deberían ser, en condiciones normales, inobjetables. Incluso para un buen número de aquellos que, situados en la base de la sociedad, son partidarios de Chávez, pero no están fanatizados ni quieren o propugnan la destrucción o la absoluta marginalización de quienes lo adversan.

Aun cuando el régimen existente es autocrático, autoritario y altamente militarizado –por lo cual no tiene el propósito de respetar las reglas democráticas en una competencia electoral normal- levantar, con el mayor vigor posible, las referidas exigencias es una gran necesidad. Dejar de hacerlo significaría abandonar la lucha.

Debe tenerse conciencia, sin embargo, de que no serán satisfechas. Porque el régimen chavista no es democrático, aunque se ha cuidado, y seguirá haciéndolo, de “traspasar la línea amarilla”. Porque la cúpula dirigente seguirá tendiendo entre sus líneas de conducta fundamentales reducir al mínimo las fuerzas de la oposición democrática organizada (ODO), habida cuenta de que la no democrática carece absolutamente de importancia y para enfrentar lo que de ella queda posee los medios adecuados, sin estar obligada a golpear públicamente. Porque la ODO sufre una situación de mucha debilidad y, consiguientemente, su capacidad de hacer presión, está muy disminuida. Porque la oposición democrática no organizada (ODNO) es –en el país de hoy- indudablemente minoritaria, aunque no sea minúscula ni fatalmente le esté negado un potencial de crecimiento y estructuración. Porque la escasa fuerza de la ODNO la inhabilita considerablemente para realizar presiones amplias y múltiples. Y porque tanto la ODO como la ODNO se equivocaron –mucho más la primera que la segunda, ciertamente- en un momento crucial, si bien no decisivo, de la lucha, el 4/12/05.

Desde luego, hay opositores que sustentan opiniones muy distintas a las aquí expuestas. Hoy quiero referirme a las expresadas por Carlos Blanco el 19/02/06 en el diario El Universal, del cual es destacado articulista. Por considerarlas bastante representativas de un pensamiento que rechazo en gran medida, discutiré con ellas, entregando previamente al lector, mediante citas, varias ideas claves del autor.

Dice Carlos Blanco:
“El actual es el mejor momento de la disidencia democrática desde hace mucho tiempo. Después de la formidable victoria de la abstención, este sector ha perfilado un carácter robusto y maduro. Las incertidumbres que la rodean son producto de su fortaleza y de los nuevos desafíos que le corresponde enfrentar. Hay confusión, perplejidad y vacilaciones porque esa inmensa porción del país ha descubierto una fuerza de la que no tenía plana conciencia y que debe aprender a administrar. Las discrepancias que hay en su seno son parte inevitable del proceso de creación de una potente herramienta política. La Venezuela democrática, que incluye a una porción del chavismo descontento, se apresta, con la fuerza de la democracia, a eyectar a Chávez del poder. No es inevitable lograrlo, porque las fallas en su dirección o en su estrategia pueden hacerse presentes de nuevo; pero la posibilidad está allí, instalada como un apetecible horizonte”.

La ausencia de tino y acierto, especialmente si alcanza proporciones muy considerables, es algo poco frecuente en los intelectuales inteligentes. Pero puede darse, y aquí tenemos un ejemplo patente. En lo que sigue haré un ejercicio de demostración.

En primer lugar, Blanco no aporta fundamento alguno para su desmedida afirmación de apertura. Podría haber proporcionado elementos materiales de apoyo. Cifras resultantes de investigaciones de opinión, por ejemplo, ya que le es imposible presentar otras referencias que tengan un equivalente valor probatorio. Pero él no lo hizo. Descansó únicamente en la subjetividad, y con ella es imposible demostrar cosa alguna.

En segundo lugar, Blanco se permite la misma licencia –es decir, comete el mismo error- cuando se refiere a la “formidable victoria de la abstención”. Todos sabemos que un altísimo porcentaje de ciudadanos dejó de concurrir a los centros de votación. Sin duda alguna, muchos de ellos son partidarios de Chávez; pero también son abundantes los opositores.¿Qué se ganó con la ausencia de éstos?. Estaban en juego los escaños de la Asamblea Nacional (AN) y el oficialismo se los llevó todos. No resultó robustecido porque fue ampliamente desatendido el llamado a sufragar; pero la oposición nada ganó porque ahora la AN es, como no era antes, propiedad de aquél. ¿O acaso carecía totalmente de valor el tener 30 representantes, y quizás un poco más, en la única rama del Poder Público Nacional donde la oposición podía hacer útil un lugar de combate?. La cúpula chavista sufrió una importante pérdida en su capacidad de convocatoria; más la ODO sufrió otro tipo de pérdida, y muy considerable. ¿De dónde puede originarse la robustez que Blanco le atribuye?.

En tercer lugar, si la abstención hubiera comportado un triunfo para la ODO y la ODNO –o sólo para ésta, como tal vez piensa Blanco- no habría confusión, ni perplejidad, ni vacilaciones. Los triunfos políticos generan efectos muy distintos a esos. ¿Será Venezuela un país excepcional, donde los victoriosos en confrontaciones políticas especialmente importantes pasan a sufrir, después del éxito, padecimientos característicos de los derrotados?.

En cuarto lugar, si bien todo proceso en el cual se crea una potente herramienta política origina divergencias eventuales, no es normal, sino muy excepcional y extraña, la ausencia sistemática de entendimientos fundamentales. Eso es precisamente lo que está sucediendo en el campo opositor venezolano. Quien perciba lo contrario vive en su propio mundo, con los pies alejados de la tierra.

En quinto lugar, constituye una desmedida exageración afirmar que una fuerza democrática está presta para desplazar a Chávez. Aún más exagerado es incluir en ella a una porción del chavismo.

Con lo hasta aquí argumentado termina, por ahora, la demostración de que están completamente equivocadas las ideas presentadas por Carlos Blanco en la parte medular de su artículo.

Tales ideas, como ya fue dicho, no son exclusivas de él y encuentran importantes canales de difusión. Por eso hacen mucho daño. Involuntariamente, ayudan al juego de Chávez. Lo cual hace obligante la polémica.

En cuanto me concierne, la crítica abierta y desnuda continuará.

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