Opinión Nacional

Discutir la Guerra

El General Raúl Baduel definió cuatro hipótesis de guerra que pudieran involucrar a Venezuela: “a) una Guerra de Cuarta Generación para desestabilizar el país, como paso previo a operaciones destinadas a destruir el Estado-Nación; b) un golpe de Estado con acciones promovidas por organizaciones trasnacionales; c) un conflicto regional, como “extensión” del conflicto de países vecinos (Plan Colombia-Andino); y, d) una intervención militar al estilo de las coaliciones que han intervenido en otras partes del mundo bajo el mandato de la OEA o de la ONU”.

La Guerra de Cuarta Generación, en su versión de acción psicológica, ha comenzado. El gobierno de Hugo Chávez ha sido acusado de intervenir en las elecciones mexicanas, bolivianas, nicaragüenses y colombianas. Además, fue señalado de financiar las movilizaciones indígenas anti-TLC en Ecuador. Por otra parte, ya la casa Blanca ha “bajado línea”: el “caso” Chávez merece “atención mundial”, porque sus políticas socavan la estabilidad regional” (documento de Estrategia para la Seguridad Nacional 2006).

La hipótesis de golpe de Estado “promovida por organizaciones trasnacionales” ha pasado a un segundo plano, aunque surge con fuerza la tesis del separatismo zuliano. En ambos casos se declararía el estado de guerra interno, previa represión selectiva.

La hipótesis de la “extensión” del conflicto bélico Andino a Venezuela, en este momento por Ecuador, pero en el futuro próximo por la frontera colombo-venezolana o por la solidaridad con el gobierno de Evo Morales, se verá con mayor nitidez luego de que se defina la coyuntura ecuatoriana, por ahora centrada en la lucha (fuerzas del Estado colombiano-FARC-Ejército ecuatoriano) por el control de la frontera Norte de Ecuador. En este caso Venezuela combinaría la guerra convencional (mediana intensidad) con la Asimétrica (segunda fase).

La hipótesis de una intervención militar, hoy reforzada por el rebote que pudiera acarrear la relación estratégica con Irán (Embajador William Brownfield) se ha reducido a la posibilidad de la invasión estadounidense, que sería respondida por medio de una Guerra Asimétrica. Es decir, de una guerra irregular ilimitada con base en la resistencia de la población.

Este último teatro es el que se maneja con mayor énfasis en el Alto Mando militar. Ese mismo Alto Mando (conformado para situaciones convencionales) quedaría eliminado en la práctica si estalla, por cualquiera de los muchos detonantes desparramados, la anunciada Guerra Asimétrica. Igualmente, desaparecería el Estado-Nación (Guerra Asimétrica), para dar paso a un Estado fallido. Las Fuerzas Armadas convencionales serían reemplazadas por la fusión Ejército-Pueblo, con el fin de adelantar la “guerra en red” para el desgaste del enemigo. El concepto de territorio se haría flexible y secundario, privilegiando el de tiempo (“Pensamiento Militar Venezolano 2005”). Colombia, aliado estratégico de Estados Unidos, actualizaría su reclamo sobre el Golfo, lo que constituiría una variante del separatismo (pérdida territorial) hasta que la “Guerra de los 100 años” finalice.

La Guerra Asimétrica no ha comenzado. Vale la pena discutirla, antes que aplaudirla o simplemente descalificarla.

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