Opinión Nacional

Dos cortos, pero significativos cuentos

Primer cuento

El maléfico y astuto zorro y la oveja

El maléfico y astuto zorro, se paseaba con gran cautela y cinismo por medio del bosque entre los árboles, buscando alimento, ya que tenía hambre y ansias por comer algo rápido.

Caminaba y caminaba con cautela, para no llamar la atención y mucho menos hacer algún ruido, que pudiera poner en alerta a su próxima presa. Así se pasó y paso dando vueltas, hasta que diviso algo no muy lejos de donde se encontraba: era una pequeña manada de blancas ovejas que pastaban sobre un bello, grande y verde campo.

Se acerco cautelosamente, cuidándose mucho de no hacer ruido y alertar a alguna de sus presas. Con su agudo sentido de la vista, diviso, a una pequeña oveja que se encontraba algo alejada de las demás. Inmediatamente, el maléfico y astuto zorro, se dijo para si, allí esta mi merienda de hoy, esa es la que me gusta y la quiero para mi.

Acercose pues a la ovejita, que aun no había notado al zorro o no le importo que estuviera cerca, quedándose muy tranquila y comiéndose su rico pasto. El zorro aprovecho el momento oportuno y se le abalanzó encima a la oveja que había seleccionado; las otras ovejas se quedaron paralizadas, no sabían que hacer hasta que una de las mas grande salio corriendo siguiéndola las demás.

El maléfico zorro le clavo los filosos dientes en el cuello a la pequeña oveja y cuando la voltio para merendársela, sorpresa, era un pequeño zorro con piel de oveja…..era su hijo. No creas que eres el dueño y mejor de todos  y todo; la maldad siempre se  paga cara.

Segundo cuento

El soldado, los agricultores y la carta.

La guerra estaba cercana a su termino, pero aun quedaban algunos soldados rezagados por las estepas heladas del sur de Rusia. El soldado raso Hans, le habían asignado la custodia de cuatro agricultores rusos que habían sido detenidos por las fuerzas de ocupación alemanas. Los habían metido como en una pequeña choza, donde debían permanecer encerrados y con un candado en la puerta; al soldado Hans le dieron la orden que debía custodiarlos y mantenerlos dentro de la choza. Hans era un buen soldado, buen hombre y con grandes deseos de que se terminara esta ocupación para volver a su pueblo y estar con su familia y en especial con su novia que había dejado hacia muchos meses atrás. De repente, Hans escucho el sonido de una motocicleta que se acercaba por la nevada carretera, era el correo y le traían una carta. Hans no lo podía creer, una carta para el a esa distancia de su pueblo.

Hans inmediatamente tomo la carta, la abrió y vio con gran felicidad y pasión que era de su novia: no lo podía creer, que felicidad que aun se acordaba de el y de tan lejos, radiaba una felicidad increíble. Con tanta alegría y felicidad que estaba sintiendo, fue  le abrió la puerta a los agricultores prisioneros y les dijo que se fueran que eran libres, estos, por supuesto no lo creían y Hans les hacia movimientos con la mano que se fueran, que era verdad que estaban libres. Dejo su arma cerca de la casa y se alejo algo, se recostó de una piedra en la nieve y se dispuso a leer la carta.

A medida que Leia la carta, corrían lagrimas por sus mejillas de felicidad y a la vez de tristeza, por haber estado tan lejos de su pueblo tanto tiempo; pero eso ahora no importaba, estaba feliz y llorando de felicidad. En algún momento, se escuchó un gran estruendo, como de un arma al ser dispara; por fuera del caco de Hans comenzó a salir un hilo de sangre, la carta se soltó de su mano y se la llevo volando el viento…..los prisioneros agricultores, soltaron el arma y se fueron corriendo. El odio, pudo más que la bondad y el amor.

La gran tristeza, desilusión, odio que nos han trasmitido e impuesto  y que nos acongoja  bajo esta revolución comunista cubana, pareciera tener mucho en común  a los cuentos antes expresados.

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