Opinión Nacional

Dos palabras en recuerdo de Norberto Bobbio

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El pasado 9 de enero el mundo intelectual fue sorprendido con el fallecimiento de Norberto Bobbio, uno de los más destacados exponentes del pensamiento renovador en el ámbito jurídico y en el campo de la Ciencia Política. Nacido en Turín en 1909, graduado en Derecho y Filosofía, muy pronto descolló en la esfera de la docencia e investigación universitarias, actividades a las que dedicó toda su vida profesional, al punto que se le cita como referencia indiscutible en las más importantes reflexiones teóricas concernientes a la filosofía política y la teoría del Derecho, en este último dominio científico fue admirador y seguidor del notable jurista austriaco Hans Kelsen. En terreno del análisis político, se indica que Bobbio tuvo primordial influencia de Thomas Hobbes y Max Weber. Para el momento de su muerte, Bobbio se desempeñaba como Senador en el parlamento italiano, adscrito a la corriente del socialismo democrático.

Sin ánimo de exponer un análisis exhaustivo (aun desde el punto de vista axiológico), nos permitimos anotar que la vasta obra de este notable pensador italiano se caracteriza por la aproximación de dos elementos claves que, según su concepción, nunca deben marchar separados: la libertad y la justicia. Para Bobbio, tales valores –esenciales y, de por sí, de modo alguno excluyentes en la acción política- deben ser considerados como factores esenciales para el sostenimiento de la democracia y, por consiguiente, su perfeccionamiento; de ahí su firme actitud contra el nazifascismo (que asoló su patria natal) y su categórica condena del comunismo y sus derivados. Norberto Bobbio, aunque ubicado en la posición ideológica liberal-socialista y sin dejar de lado su tendencia hacia la reflexión crítica, en este enfoque de la valoración política, coincidió con las tesis que a favor de la democracia, la integración mediante la solidaridad y la mutua cooperación entre los pueblos, la defensa de los Derechos Humanos y la libertad, propugnó la Democracia Cristiana no sólo en Italia sino en el resto de Europa occidental. Norberto Bobbio, en sus escritos y obras de divulgación científica, así como en su labor profesoral y parlamentaria, siempre fue adalid del entendimiento entre las distintas corrientes de pensamiento, cuyo común denominador estuviese signado por la firme defensa de la democracia y la libertad, de ahí su vehemente profesión de fe contra el sectarismo, el exclusivismo y todo género de dominación hegemónica en el contexto de la acción política práctica: solo la unidad entre las variadas y disímiles posiciones o puntos de vista sobre el manejo de los asuntos públicos, en el campo democrático, fue estimada por Bobbio como factor fundamental para la búsqueda del necesario consenso orientado hacia el logro de mejores condiciones en la vida social; soslayar ese propósito –según su pensamiento (reflejado esencialmente, en este aspecto, en su obra El futuro de la democracia)- implica propiciar el mejor estímulo y terreno abonado para el dominio de la autocracia y el despotismo.

Partiendo del substratum de estas reflexiones que nos permitimos citar en este breve comentario, valga destacar que Norberto Bobbio fue un hombre propiciador del libre debate y exposición de las ideas; por tanto, consideró aspecto cardinal la lucha por los valores democráticos y el pluralismo como esencia de la democracia. Siempre, cabal observador de los fenómenos socio-políticos de su tiempo, advirtió acerca de los peligros contra la democracia, no sólo en sus años de lucha contra el nazifascismo y el comunismo, sino cuando señaló, en el terreno de la acción política práctica, otros fenómenos que conspiraban contra la verdadera esencia de la democracia, su perfectibilidad, su desarrollo y específica finalidad. En efecto, en su libro El futuro de la democracia, Bobbio analizó la presencia de algunos elementos vulneradores de la democracia en la época contemporánea, tales como la influencia notable de los llamados grupos de interés que sólo advienen a la escena política en función de sus sectoriales apetencias grupales en detrimento de los intereses de la mayoría, en especial de los sectores menos favorecidos en la distribución de la riqueza; la afluencia de esquemas de conducción política en los que predomina las llamadas tendencias tecnocráticas; la creciente y voraz presencia de la burocracia como cuerpo estigmatizador y paralizador de los cuadros de dirección no solo en el seno de las colectividades políticas (partidos o grupos de electores), sino en el contexto del aparato que conforman los Poderes Públicos; la notoria crisis de gobernabilidad motivada principalmente por la ineptitud e incapacidad de los principales funcionarios políticos (incluidos los representantes a las Asambleas parlamentarias) y demás agentes de la Administración Pública, para analizar y encausar la amalgama de demandas sociales relacionadas con los más ingentes problemas que afectan la sociedad en general.

Para Bobbio el aspecto inherente a la democracia representativa es básico y esencial para la perfectibilidad de la vida social en nuestros tiempos; para él, lógicamente no se concibe el cabal funcionamiento de la democracia sin la intervención de las mediaciones. Considera ilusa la pretensión de “acabar” o ”sustituir” la democracia representativa. Es evidente la justificación de la existencia de la representatividad en el sistema democrático: ya no estamos en el tiempo de Atenas y otras ciudades griegas, en que la toma de decisiones estaba circunscrita a una pequeña parte de la población; hoy el pueblo es mucho más vasto en número y sus necesidades y perspectivas de desarrollo son harto complejas y de diversa índole. Es la sociedad actual la que demanda la presencia de representantes idóneos, esto es, cabales conocedores de los problemas que atañen la sociedad y capaces de arbitrar los mecanismos apropiados para la búsqueda las soluciones adecuadas. Si hay crisis, en este sentido, sólo la habrá en la calidad y capacidad de los gobernantes y dirigentes políticos; tal crisis no debe ser atribuida a la idea-sistema de la democracia representativa, ella se justifica por sí sola; por su esencia y finalidad. Pero, al mismo tiempo, conviene destacar, Bobbio también consideró que la democracia representativa no se agota en la mera actuación y funcionamiento del “sistema de representación parlamentaria” per se; de ahí que precisara lo que denominó “proceso de democratización” para plantear la necesidad de expandir los parámetros y esquemas de la representatividad hacia los diversos elementos configurados por la llamada sociedad civil y, de este modo, hacer más efectiva la esencia y finalidad de la democracia: una mayor participación de los diversos estratos de la sociedad en el juego y vigencia de la democracia, no significa el paso de la democracia representativa hacia el advenimiento de una pretendida “nueva modalidad de la democracia”, la llamada democracia participativa; es que la participación en sí, es esencial y consubstancial con la democracia; no se concibe la democracia sin participación del pueblo y demás elementos que conforman la sociedad.

A la provecta edad de 94 años, luego de una fecunda existencia, nos deja este gran pensador italiano. Su trayectoria como universitario emérito, su abundosa labor investigativa y su firme posición en defensa de la libertad y la democracia; su concepción renovadora de la norma jurídica, en especial en lo atinente a la necesidad de adaptarla a las exigencias de la realidad social: y su visión valorativo-analítica de los procesos inherentes a la ciencia política contemporánea, son sus más cimeros legados para el convulso mundo en que vivimos. En todo caso, la esperanza en un mundo mejor, más justo y más humano; así como la perfectibilidad de la sociedad en democracia, preservando a toda costa los supremos ideales de la libertad, constituyen –según el ideario de este gran Maestro- los objetivos más importantes de nuestro actuar en la hora presente.

*Abogado, Politólogo y Profesor Universitario
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