Opinión Nacional

Dos verdades y una insensatez

El régimen chavista está dando muestras palmarias de nerviosismo e inseguridad sobre su permanencia en el poder. Son varias señales que indican la precariedad en que se encuentra. Algunas proporcionadas por altos jerarcas de la cúpula gobernante, y otras, por el propio caudillo de la revolución bolivariana.

Empecemos por la exposición del gobernador de Portuguesa, Wilmar Castro Soteldo, en una reunión del Comando Carabobo con los jefes regionales de campaña del PSUV.

En dicho cónclave, Castro Soteldo habló ­a calzón quitado­ sobre los tres escenarios posibles (según su apreciación) que se derivarían de la crisis de gobernabilidad producida por el grave mal de Chávez.

Las posibilidades de Castro Soteldo son tres: la primera, las elecciones con un Chávez físicamente debilitado, sin posibilidad alguna de hacer una campaña electoral; en la segunda se plantea la desaparición física del Presidente de la República; y, la tercera, ¡oh, sorpresa!, la suspensión de las elecciones. «El Presidente tiene cáncer. No es cualquier cosa, y cualquier conflicto se puede desatar», Castro Soteldo dixit.

También añadió, para ponerle un poco de aliño tropical a sus palabras, que era menester «calentar» los estados Miranda, Zulia y Carabobo con huelgas y desórdenes. ¿Este despropósito es un delirio del gobernador de Portuguesa? O más bien se trata de un llamado desesperado y temerario ante la posibilidad cierta, y a la vuelta de la esquina, del fin de la revolución bolivariana. Eso es viable, pero también es previsible que se trate de una acción concertada para empastelar las elecciones…

Ahora bien, ¿tiene el PSUV suficiente músculo para generar perturbaciones callejeras y así crear una situación de conflicto nacional que amerite la suspensión de las elecciones? Personalmente, creo que no, a menos que se le dé rienda suelta a los grupos civiles y colectivos armados para que creen el caos y la violencia. Esto de por sí sería una jugada muy peligrosa y, de seguro, obligaría a los militares a tomar cartas en el asunto. Ese podría ser el objetivo de semejante operación desestabilizadora. Aunque no creo que tenga un final feliz para sus proponentes. Sería de muy corto alcance…

Ese planteamiento nos llevaría al caos, a la anarquía y a vivir todos (sin excepción) en el filo de la navaja por un tiempo indeterminado. Además, sería de muy corto alcance, habida cuenta de la sensibilidad del tema en el ámbito internacional. Las presiones serían muchas, incluidas las de sus actuales aliados. Seguramente los presidentes de Argentina, Brasil, Ecuador, Paraguay y Uruguay no avalen semejante aventura. Eso sería como escupir para arriba porque despertaría ambiciones y asonadas similares en sus países.

Sin embargo, las últimas decisiones llaman poderosamente la atención. Chávez solicita o, más bien, ordena que se instale el Consejo de Estado de manera urgente para el estudio acelerado del retiro de Venezuela de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. La interrogante que brota casi espontáneamente es doble: ¿por qué la instalación del Consejo de Estado a estas alturas? ¿No se le había ocurrido antes?; con su correlato inmediato: retirar el país de la CIDH.

¿Tan delicadas están las cosas, habida cuenta del padecimiento presidencial, que Chávez quiere transitar la ruta de Fujimori en Perú, cuando en las postrimerías de su dictadura tomó una medida similar? Todo se junta, se mezcla: la enfermedad, la incertidumbre, el caso Aponte Aponte y el destape del narcotráfico, las elecciones. El último en salir que apague la luz…

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