Opinión Nacional

Eclipse de media luna

Ni siquiera el actual ministro de Información, Andrés Izarra, se come el cuento del pretendido separatismo criollo «a la boliviana», que el señor Chávez está echando para tratar de rociar una cortina de humo sobre la desgobernanza venezolana. Y es que el truculento adalid de la «revolución bolivarista» se ha vuelto un experto en las artes de la prestidigitación política, vale decir la habilidad de hacer trucos para distraer la atención popular.

La cosa casi parece la primera función formal de la «Compañía Nacional de Circo» recientemente anunciada desde el Poliedro de Caracas. Al fin al cabo, la tramoya de una secesión zuliana o falconiana o merideña o hasta barinesa equivale a una maroma circense para desviar a la opinión pública de las graves urgencias del presente y, también, para intentar darle crédito internacional a la especie de que el autonomismo boliviano es producto de un plan imperialista para despedazar a América Latina: hoy Bolivia, mañana Venezuela.

Cierto que hay diversos sectores que abogan por un grado mayor de descentralización administrativa y política para las regiones del país, e incluso un grupo de opinión utiliza el concepto de «autonomía» para etiquetar sus propuestas. Pero eso no tiene nada que ver con separatismo o secesión, o sea con la creación de Estados independientes o nuevas repúblicas a partir del territorio nacional. Asirse de lo primero para denunciar lo segundo, más que una estafa propagandística es un testimonio adicional de desprecio a la inteligencia de los venezolanos.

Así mismo, el culebrón del «separatismo» tendría un piquete electoral con miras a los comicios regionales del 23 de noviembre. El señor Chávez buscará empaquetar a sus candidatos como los defensores de la «unidad nacional», frente a los «traidores de la patria» del bando opositor. Un negocio redondo, pensarán en la sala situacional de Miraflores, para posicionar las coordenadas de oficialismo patriota versus oposición apátrida.

Todo lo cual pone de manifiesto que el mandatario rojo-rojito no haya que inventar para que no se le siga descosiendo su proyecto de dominación, incluso en las propias filas de sus partidarios.

El PSUV, por ejemplo, lejos de ser una represa de contención para la alborotada militancia, se ha convertido en una fábrica de discordias y disidencias. La verdad verdadera es que donde sí hay separatismo y secesión es, precisamente, entre los llamados «revolucionarios de boinacolorá». Si no que le pregunten a Tascón o Falcón por Diosdado o Muller Rojas.

Tal parece que el señor Chávez seguirá con su cantaleta del «separatismo de media luna». Cree que encontró un hueso jugoso para sacarle provecho y lo morderá sin cansancio y con cadenas. Pero con ello no podrá detener el eclipse de su liderazgo, luego de 10 largos años mandando a sus anchas.

El cuarto domingo del próximo noviembre, por cierto, será noche de luna menguante y no sólo en lo astronómico, sino, probablemente, en lo político para quien todavía se ufana de ser el dueño y señor de Venezuela.

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