Opinión Nacional

Educación y estado-partido

En la propuesta oficial de Ley de Educación, más grave que el tema de la enseñanza de la religión, es la indebida apropiación por parte del Estado-Partido de los derechos educativos originarios de la sociedad plural. El niño no es propiedad de su familia, ni la gente instrumento del Estado. Por el contrario, éste es un instrumento creado por la sociedad para ayudarse en la consecución de los derechos y aspiraciones de sus integrantes.

El propuesto Preámbulo a la Ley de Educación sería aceptable si reconociera los derechos humanos sin someterlos al Estado; si expresara, de manera clara y transparente, que hay derechos educativos que no tienen su origen en el Estado, sino en el niño, en los padres y en la sociedad. Pero se va por el camino cantinflesco de dar la impresión de reconocer los derechos educativos que no quiere reconocer, pero haciendo como que los reconoce. Refleja la obsesión por concentrar el derecho educativo en el Estado-Partido.

Según Marx, todo Estado es dictadura y como tal debe desaparecer con la nueva sociedad y el nuevo hombre comunista. Lo mismo pensaban los anarquistas en cuanto a la naturaleza opresiva del Estado. La diferencia de unos y otro estaba en que Marx transitoriamente ponía “la dictadura del proletariado” como medio indispensable para destruir “la dictadura de la burguesía”.

Este régimen proletario suprimirá la apropiación privada de los medios de producción, con lo que desaparecerán las clases y se “extinguirá” el estado, por innecesario, para así entrar en el nuevo estadio comunista de felicidad terrenal de la humanidad: sin explotadores ni explotados, con abundancia compartida, sin estado y sin religión. La historia ha demostrado que ese ensayo en todos los países terminó en un estruendoso fracaso, luego de pagar un alto precio humano en vidas. Pero algunos en Venezuela están empeñados en borrar esa historia de las dictaduras de los partidos comunistas y volver a repetir la experiencia fracasada de media humanidad.

¿Quién es el estado? Nadie. ¿Quién se disfraza de Estado para imponer a la sociedad entera sus particulares intereses?
Cualquiera que pueda y tenga poder ilimitado.

Por ejemplo, Luis XIV, Hitler, Stalin, Castro. En el estado como dictadura el Jefe -sea fascista, comunista o monarca absoluto dice “el soberano, el estado y el derecho soy yo”. El partido del poder, las organizaciones sociales y las instituciones son —como se decía— meras “correas de transmisión” de la voluntad de “yo el supremo”.

En contraste, democracia social significa lucha permanente para que el soberano sea la sociedad, el pueblo, y para que los derechos individuales sean sagrados. La lucha es permanente, pues los más fuertes tratan de hacerse con el poder del estado despojando a los más débiles. El “soberano es el pueblo”, se dijo hasta la saciedad en los días de la Constituyente, y la Constitución y el Estado son lo “constituido” con poderes limitados y obligación de defender a los individuos y sus derechos. Ahora se quiere voltear esto para imponer el estatista partidista “socialismo del siglo XXI”. El estado es un instrumento del soberano; si el soberano es el Partido todo es de él, y si es la sociedad civil, es de ella. Esa es la diferencia entre dictadura y democracia. El estado sin límites es un monstruo que devora a sus hijos.

En educación los primeros derechos son los del niño, por indefenso que éste sea. También los padres y la sociedad tienen obligaciones, derechos y capacidades educativas que deben ejercerlas en la formación del niño y del joven. La sociedad define que la educación de calidad es prioridad central de su estado, de las responsabilidades de éste y del presupuesto, para garantizar los derechos educativos de las personas, individualmente y como colectivo social. No son concesiones del estado-partido monopolizador del derecho educativo. Lo razonable es que la autoridad estatal oriente y refuerce todos los derechos y responsabilidades de la sociedad, no que los subordine al partido en el poder.

En democracia, la sociedad juzga y evalúa el desempeño del gobierno y lo cambia si lo hace mal. Pero en el estado partido es al revés y el Preámbulo afirma que el estado es el único “garante” de los derechos educativos. ¿Quién nos garantiza que el partido “garante” no va a imponer sus intereses partidistas sirviéndose del estado? Negar la originaria responsabilidad de la sociedad plural educadora es consagrar el monopolio del gobierno y del partido en el poder.

Otra incongruencia en el Preámbulo es la autonomía universitaria, que se afirma en un párrafo añadido por las presiones recibidas. La autonomía universitaria debe ser reconocida por el Estado y no concedida por el estado partido.

En la Unión Soviética no había alteridad social frente al partido comunista, ni pluralismo educativo. Lo mismo pasa en Cuba bajo el partido único y su jefe durante medio siglo.

En esta lógica estatista de partido único en Venezuela, hace unos días un gobernador de estado arengaba a los educadores diciéndoles “ustedes son adoctrinadores del proceso revolucionario” y “nosotros tenemos que inculcar nuestra doctrina comunista desde las escuelas, hablar a nuestros muchachos de socialismo…”. Es eso lo que pretenden quienes quieren que los derechos educativos existentes en la sociedad sean usurpados por el estado- partido.

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