Opinión Nacional

Educar para la paz

Cuando se enfoca el tema Educación para la Paz, inmediatamente se piensa en educación para la ausencia de la guerra.Pero la Paz, en la medida en que la cultura la va apreciando, pasa a convertirse en un concepto superior cuando su desarrollo inhibe la agresión.Entonces, de una connotación ampliamente colectiva, la paz se convierte en un concepto dotado de mayor intimidad, de una capacidad y fuerza única para demostrar fortaleza, templanza, densidad intelectual y espiritual, además de una valoración y valentía genuinas que orientan a un dominio y sublimación de las propias motivaciones.

Es por ello que la Educación para la Paz debe fundamentarse en un control armónico del Yo, a través del cual el ego sea inhibido y administrado en pensamiento, privilegiando la mecánica del acuerdo sobre la mecánica del enfrentamiento. La meditación para expandir el pensamiento en difusión y de esta manera superar la fuerza de gravedad emocional, es una práctica que permite el potenciar la capacidad de control del ser, cuya manifestación externa es la Paz.

Veamos como el sistema educativo no ha podido corregir la orientación hacia la violencia.Cuando destierra de su campo de acción a la filosofía, abona el terreno para que la violencia se apodere del aprendizaje.El individuo no reflexiona, sino que opera una mecánica de aprendizaje por competencia, que va limitando sus funciones integrales y que lo va reduciendo progresivamente como persona aún convirtiéndose en profesional.Mejora su instrucción pero se discapacita emocionalmente, pues se cree que esa dimensión forma parte de la naturaleza de la persona , en aquel terreno vedado que llamamos “su carácter”.

Otro elemento importante para analizar lo constituye “el olimpo de los valores” donde se encarna el alter ego en los héroes, una pandilla de violentos a los que la guerra convierte en señores del honor y la gloria, y cuyo gran mérito al parecer lo constituye un Viva la Patria sobre una montaña de cadáveres curiosamente construida de conciudadanos en su mayoría, cuya pérdida de vidas se celebra como el gran sacrificio necesario para fundamentar el bienestar de los vencedores.Curiosamente, las reglas del poder sustituyen a unos reyes por otros, con coronas que son transmutadas en nuevos símbolos pero que en el fondo significan lo mismo: la patente para el ejercicio de la tiranía.

Asimismo, la libertad se canaliza y orienta a su dimensión externa, pero poco se hace para fortalecerla en el interior del individuo, donde tiene realmente sus raíces, so pena de referirnos a una suerte de raigambre adventicia, donde aquellas flotan sin fijación, especies de esporas que son diseminadas por el viento en cualquier dirección, sin elección propia del individuo.

La ausencia de la vivencia filosófica, nos impide observar que los pueblos orientales si están generando prácticas educativas que fortalecen sus espíritus y personalidades, generando un mejor control individual en donde todavía hay, por supuesto, muchos elementos por corregir, como el atentado a la propia vida como una salida a la derrota en lugar de un espacio para el aprendizaje de la rectificación.

Por ello es necesario el desarrollo de una especie de dialéctica de las diferencias, que permita sortear la dificultad propia del ejercicio comprensivo, que venza el instinto de acción y reacción físico en la persona, para canalizar la agresión interiormente y reorientar su impulso a la construcción y no a la destrucción. A pesar de haber crecido tecnológicamente, al ser humano le falta aún por desarrollar su universo emocional para iluminar el espacio interior que aún mantiene ignoto en la plena oscuridad.

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