Opinión Nacional

El 26-S y otras acciones frente al totalitarismo

Se acerca un día crucial para el futuro de Venezuela: el 26 de septiembre y las elecciones parlamentarias. Lamentablemente, vemos como algunos opositores, quizás involuntaria o torpemente, le allanan el camino a Chávez. Estos voceros del error, insisten en torpedear la participación de los sectores democráticos en el proceso comicial. Dándoles el beneficio de la duda, presumiendo la buena fe, pareciera que esa actitud deriva de verse apabullados por el abuso de los recursos y medios públicos por parte del régimen y la sumisión del CNE y sus jineteras a la voluntad del dictador.

Parece insólito que haya algún venezolano sorprendido o amedrentado por esta conducta del régimen. Tales abusos y la sumisión bochornosa  de los otros poderes públicos al poder ilegítimo de Chávez han sido una constante en los últimos doce años. Los sectores democráticos no contamos ni con los recursos económicos de que dispone el régimen ni con elementos materiales que permitan enfrentarlo, por ahora, por la vía legítima de los hechos. De manera que, por ahora,  lo racional es aprovechar cada rendija que el régimen dictatorial no haya cerrado completamente y una de ellas es la expresión de la voluntad nacional en las urnas.

Creo que la mayoría de los venezolanos, incluidos los chavistas por diferentes razones, coincide en que Chávez no saldrá de la presidencia por los votos. Los venezolanos que hemos visto como  Chávez descaradamente ha desconocido la voluntad popular expresada en la elección de gobernadores y alcaldes, no podemos creer que reconocería una derrota suya en unas elecciones presidenciales. La presencia de diputados opositores en la asamblea, en cualquier número, será un obstáculo, mayor o menor dependiendo del coraje de los elegidos, para que lleve adelante su programa de destrucción nacional. Por eso, creo que es necesario y obligante votar el 26-S

Lo que si deben tener presente los futuros diputados, sean diez o cien, es que con Chávez no hay posibilidad de diálogo y mucho menos de entendimiento en ninguna materia. Cualquier posibilidad en ese sentido ha sido reiteradamente descartada por el dictador. Con las dictaduras no hay posibilidad de reconciliación ya que la reconciliación solamente puede lograrse sobre la base de la restauración de la institucionalidad y las libertades y derechos ciudadanos, lo que implicaría una renuncia del megalómano al ejercicio totalitario del poder, cosa que jamás sucederá.

El error de la no participación en las elecciones parlamentarias del 2005 le ha costado muy caro  a la nación y a cada uno de los venezolanos. Las elecciones del 26-S no son una panacea sino un paso adelante en la lucha contra el totalitarismo y como tal deben entenderse. El proceso actual debe ser el paso inicial para la construcción de una sólida red unitaria de resistencia contra la dictadura. A partir del 26-S, las estructuras que se han conformado para el proselitismo y la defensa del voto, deben transformarse en estructuras organizadas para enfrentar al régimen de manera ordenada, articulada y sólida en terrenos más allá del electoral.

Se hace indispensable una organización para el trabajo político clandestino y para encabezar las acciones la rebelión civil frente a la conculcación de las libertades públicas, los derechos ciudadanos, y un eventual desconocimiento de la voluntad popular ahora o en el futuro. El régimen amenaza, desde hace años, con que se trata de una “revolución pacífica pero armada” sugiriendo de manera indubitable que está dispuesto a hacer uso de las armas para mantenerse en el poder. Y no se ha quedado el dictadorzuelo en palabras: ha organizado, entrenado, financiado y armado a numerosos grupos paramilitares encabezados por notorios delincuentes comunes y finalmente ha creado las milicias, que son una suerte de guardia pretoriana calcada de las SS nazis. 

Este proceso electoral y los que vengan, mientras el totalitarismo esté en el poder, deben utilizarse como períodos de entrenamiento y de consolidación una organización unitaria capaz de encabezar una acciones populares que impidan la continuación del proceso de cubanización,  destrucción y saqueo nacional que lleva adelante el Iluminado de Sabaneta y el combo de malhechores que lo acompaña en esa tarea mientras se enriquecen groseramente con los dineros públicos. Si el 26-S gana la oposición en número de votos a nivel nacional, independientemente del número de diputados que obtenga, podremos enfrentar con mayor fuerza el proceso comunistoide que adelanta el régimen. 

Así, que en lugar de tratar de crear dudas sobre el liderazgo democrático, a lo que algunos se dedican con constancia digna de mejores causas,  hay que estimularlo y  hacerle ver que no estamos en un régimen democrático, y que esa circunstancia debe ser la premisa fundamental de toda la acción futura dirigida a la reconquista de la libertad. Entre otras cosas, los sectores democráticos deben estar conscientes y listos para enfrentar un desconocimiento de la asamblea por parte del dictador y los poderes sumisos a él, si esta deja de ser “nazi-onal” y se convirtiere en «nacional». No sabemos si el sector democrático tiene un plan para enfrentar esa eventualidad y la eventualidad de un fraude electoral. Si no existe, tenemos perdida la primera batalla, pero no la guerra.

El hecho de ir a elecciones no implica, ni puede implicar de manera alguna, que debamos descartar ningún medio para combatir y salir del totalitarismo. Todos los medios son válidos, electorales o no. En Venezuela no hay Constitución vigente. La ley suprema ha pasado a ser la voluntad del Iluminado de Sabaneta, voluntad que no estamos obligados a acatar ni aceptar. El “hilo constitucional” está roto desde hace años. Y todos estamos en la obligación de restituir la vigencia de la Constitución y del estado de derecho y para ello cualquier método es válido jurídica y moralmente. Esto lo debemos tener siempre presente. No hay que dejarse amedrentar por los calificativos de “desestabilizadores, escuálidos, golpistas, pitiyanquis, quinta columnas, contrarrevolucionarios, etc.” 

Lo grave sería que las futuras generaciones nos califiquen de pata e’bolas, bolas frías, antiparabólicos, cobardes, sumisos o jalabolas o de todos juntos. Mejor “desestabilizador” que “pata e’ bola”, mejor “golpista” que “cobarde”, mejor “escuálido” que “jalabolas”, mejor “pitiyanqui” que “sumiso”, mejor “quinta columna” que “bolas frías”, mejor “contrarrevolucionario” que “antiparabólico”.

Todos a votar el 26-S.



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