Opinión Nacional

El abogado acrobata

Tengo un almuerzo de trabajo con unos clientes extranjeros. Trato de ser lo mas preciso sobre el problema, los pasos que sugiero dar, los escritos que tenemos que presentar y las opciones que tienen en cada una de las etapas del proceso. Unos jugos naturales son el aperitivo y observo que están siguiendo atentos y conformes mi explicación.

Luego del almuerzo comienzan las preguntas. “Muy bien su explicación doctor, entonces nos podemos ir tranquilos, cierto?” “Solo quiero que entiendan que es lo que tenemos que hacer. Esto es un procedimiento contra el Ejecutivo y la respuesta nos la tienen que dar en primera instancia, el propio gobierno por intermedio del SENIAT.” les aclaro. “Muy bien, significa que no tenemos chance de ganar”, me increpa Paco. “Tampoco he dicho eso, solo quiero que sepan que la primera respuesta la vamos a tener del propio SENIAT y hay posibilidades ciertas que confirmen su reparo”, le respondo. “O sea que nos recomienda que paguemos ?, insiste Manuel” “No es esa mi recomendación. Creo que jurídicamente nosotros tenemos la razón, pero no sería honesto decirles que en una primera etapa, vamos a resolver el problema”, les puntualizo.

“Claro, pero usted es optimista, porque al final nos van a dar la razón.” Increpa Paco. Les respondo: “Eso forma parte de mi trabajo. Hacer todo lo que jurídicamente este al alcance para que nos den la razón.” “ Y luego hacia donde va este caso.”? “Pues a los tribunales. ” les digo. Los dos se miran y sueltan una carcajada estruendosa. Ellos notan mi incomodad y sorpresa. Pido otro café mientras que Manuel, me dice con claridad: “Mire doctor, usted haga su trabajo. No se moleste por esa risotada. Solo que todos sabemos donde estamos parados. Aquí todo se confunde en la voluntad de un solo poder y la justicia pareciera ser un auxiliar del Ejecutivo. Cuando un país pierde la justicia y los jueces no tienen el coraje de decidir, se pierde todo, absolutamente todo”, dice con solemnidad Manuel. “Lo que sorprende es que vosotros parecéis resignados a que las cosas sigan así y no os dais cuenta que estáis perdiendo el país”, se le sale decir a Paco y Manuel le pega una patada por debajo de la mesa.

Salí del restaurante harto de cafés. Me sentí aun acróbata para explicar los laberintos de la justicia. En la salida, un pregonero ofrecía el periódico con el titular: “Les voy a clavar 26 leyes mas”. Compré el último ejemplar y lo escondí en el maletín, antes que siguieran lloviendo las preguntas y tuviera que recurrir a las acrobacias.

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