Opinión Nacional

El abuelo, el padre y el hijo

En el mes de enero último, el CENDES, (Centro de Estudios del Desarrollo)
instituto de la Universidad Central de Venezuela que carga injustamente con
la culpa de haber formado (????) a varios de los capitostes de este régimen,
entre ellos el críptico y casi subterráneo ministro de Cordiplán, Jorge
Giordani; tuvo la magnífica iniciativa de invitar al profesor Fernando Mires
catedrático de la Universidad de Oldenburg, Alemania, para un ciclo de tres
conferencias. Aunque no cito los títulos exactos, la primera se refería al
Islam y la política exterior de los EEUU, la segunda al populismo y la
democracia en América Latina y la tercera al pensamiento filosófico del
Cardenal Ratzinger, actual Papa Benedicto XVI, del que Mires es un profundo
estudioso y al que considera uno de los más importantes filósofos de la
actualidad.

No conocía a Fernando Mires y me sentí llena de admiración ante aquel
erudito de suave decir y de aspecto bonachón, que supimos luego había sido
de la extrema izquierda chilena en tiempos de Allende. A raíz del golpe de
Pinochet logró huir a Alemania (un destino similar al de Michelle Bachelet,
la presidenta chilena) donde vive y enseña desde hace más de treinta años.

Es evidente que el Fernando Mires de hoy nada tiene que ver, en el aspecto
ideológico, con el de aquellos años turbulentos y trágicos.

Un extracto de su conferencia sobre la democracia en América Latina ha
circulado por Internet, con todas las trampas y jugarretas que este
instrumento tecnológico encierra; de Mires lo han llevado a Mieres, lo han
identificado como periodista y le han cambiado la nacionalidad. Pero lo
esencial es que su pensamiento se ha difundido todo lo masivamente que
permite el correo electrónico, porque proclama grandes verdades y encierra
una autocrítica a la que se invita a aquellos sectores que se definen como
izquierdistas o revolucionarios. No está demás agregar que los viejos amigos
del alma de Mires, aquellos que en otros tiempos fueron sus fraternos
anfitriones en Caracas pero hoy están insertos en el chavismo, ignoraron su
visita, ni siquiera un saludo telefónico.

Hemos vuelto a saber del profesor Mires gracias a nuestro querido amigo
Heinz Sonntag a quien le ha escrito enviándole un lúcido y conmovedor ensayo
de la filósofa y escritora argentina Claudia Hilb, titulado “Modelando la
arcilla humana, reflexiones sobre la igualdad y la revolución”. Como
introducción a ese escrito, Mires dice lo siguiente: “El artículo de Claudia
Hilb tiene que ver con aquello con que la izquierda democrática de América
Latina no ha saldado cuenta: nuestra relación con la revolución cubana. Para
mí el tema es radicalmente importante, si es que esa izquierda quiere
presentarse como verdaderamente democrática. Mientras no ocurra un
distanciamiento reflexivo respecto a Cuba, esa izquierda seguirá
autochanteajeándose y por lo mismo paralizando sus posibilidades políticas.

Si uno piensa que ni siquiera Teodoro Petkoff y la gente que lo sigue en
Venezuela han hecho ese distanciamiento, la posibilidad para atraer en torno
a esa candidatura al centro y a la derecha política, en un bloque común en
contra de Chávez (única posibilidad de ganar) la veo hoy, más bien remota”.

Las reflexiones de Claudia Hilb se centran en la izquierda argentina y en su
actitud complaciente o de solidaridad automática con la más prolongada y
represiva de las dictaduras existentes en el mundo actual, la de Fidel
Castro. Pero valen igual para todos los auto proclamados izquierdistas o
revolucionarios del mundo, quienes aparte de resucitar y poner de moda
nuevamente como icono de la revolución al sanguinario Che Guevara, ahora han
encontrado un nuevo objeto de deseo en la figura de Hugo Chávez y más
recientemente de Evo Morales. Entre Fidel Castro, Hugo Chávez y Evo Morales
hay diferencias abismales en cuanto a origen, formación, incluso ideas,
proyectos y métodos, pero han constituido una tripleta o eje cuyas
consecuencias divisionistas y disociadoras se están sintiendo ya en el resto
de la América latina, incluso en países gobernados por presidentes de
izquierda.

Jamás se nos ocurriría comparar al gobierno de Chávez con el de Castro; la
revolución de este último a la que le ha tomado cuarenta y siete años
desarrollarse; ha significado asesinatos en masa, encarcelamientos a
perpetuidad, torturas, privaciones de toda índole, negación del derecho
humano fundamental a los cubanos de salir libremente de su país y regresar
cuando lo deseen, persecuciones y crímenes extraterritoriales (la mano larga
y asesina del castrismo). La revolución chavista es más bien un acto
prolongado de arrebatón, de pandilla de barrio, de “te quito esto y te dejo
lo otro porque me da la gana»; tiene unos cuantos muertos, presos y exiliados
pero en dosis homeopáticas. Sin embargo cuando ambos países aspiraron
pertenecer al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, entró Cuba y Venezuela
quedo afuera, derrotada. Muchos compatriotas han expresado júbilo por esa
primera derrota del ex golpista embajador Arias Cárdenas, cuando lo natural
sería sentir muy poco respeto por un organismo que se burla de los derechos
humanos que debería defender. Venezuela en ese organismo hubiese sido menos
ofensiva que Cuba.

Fernando Mires ha dicho una gran verdad que no solo concierne al candidato Teodoro Petkoff sino a todos quienes rechazamos a Chávez por no ser un demócrata y repudiamos a Fidel Castro por ser todo lo que ya sabemos: hay que deslastrase de lo que el llama autochantaje es decir el temor a proclamar abiertamente que Fidel Castro no es revolucionario ni es de izquierda, ni lo es Hugo Chávez, ni lo es o será ningún gobernante que se perpetúe en el poder a costa de suprimir las libertades y burlarse de la voluntad de su pueblo. Incluso deslastrarse del temor de proclamar que uno no es de izquierda, opción tan legítima como la que más.

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