Opinión Nacional

El adulante Canciller

El actual Canciller se ha convertido en el vocero más visible del proceso revolucionario liderizado por el Presidente, actitud que no le corresponde como diplomático de carrera.

Siendo embajador en Bogotá y con fingida indignación acusó a los gerentes de PDVSA de racistas blancos y de contar con “ofensivos privilegios” en un “país empobrecido”. Sus declaraciones traslucen un injustificado resentimiento racial mientras pretende sembrar odio de clases entre venezolanos.

En esa oportunidad calificó a los que acudieron a Miraflores el 12A de “facilitadores, politiqueros y corruptos, empresarios improductivos, evasores de impuestos, adulantes y arribistas y otros personajes culpables de nuestras miserias actuales”. Esta deliberada exageración sólo sirve para ocultar el desastre y la corruptela de estos tres años de desgobierno que no puede presentar una sóla obra digna de encomio como no sea la de sembrar pobreza, informalidad y caos.

También pontificó: “que nunca tuvimos tanta libertad de expresión bajo un rudo y a veces desbocado proceso democrático de cambios”. Olvida el adulante Canciller, que nunca antes había tenido la república, presidente tan irrespetuoso de su investidura, ni jefe de estado, que haya utilizado arbitrariamente los medios de comunicación del estado para sus fines político-personales.

Catalogó usted como criminales a “los que desviaron a los manifestantes y a quienes lanzaron la carne de cañón al asalto del Palacio Presidencial”. Ignora el adulante Canciller las pasiones enardecidas por la actitud intolerante del Ejecutivo contra los gerentes petroleros, empresarios y trabajadores responsables del paro cívico. Además, oculta malintencionadamente el cierre de los canales y las evidencias del genocidio planificado desde el alto gobierno.

Actuando como Canciller, en Barbados, arremetió contra los medios, calificando su actitud el 13A como “terrorismo del silencio” , sin haberse paseado por la situación de acoso a periodistas y reporteros adelantado por grupos violentos dirigidos agentes del gobierno y del partido.

Tuvo así mismo el adulante Canciller, la desfachatez de denunciar “el facismo dentro de cada uno de nosotros” como la razón básica de la oposición a Chávez, cuando en realidad lo que ha desatado el presidente, con su proyecto revolucionario y su fascinación por el tirano comunista Fidel Castro, ha sido el demócrata que hay dentro de la gran mayoría de venezolanos.

Esa actitud adulante demuestra su traición a los valores de libertad, bien común y justicia social bajo los cuales fue educado, colocándolo vilmente al servicio de quien confunde el País con su hacienda, la República con un cuartel y la Nación con la revolución .

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