Opinión Nacional

El aislamiento de Venezuela

Puede que el mandatario venezolano esté en su derecho de no perderse una Cumbre, por ejemplo, la reciente de Monterrey, pero en ellas siempre busca desentonar, desarreglar e incluso descalificar la reunión en sí misma. Nadie debe sorprenderse, por tanto, que sus colegas tiendan a dejarlo solo y separado. Lo grave es que eso repercute muy mal sobre la ya precaria imagen y confiabilidad del país.

Aunque Venezuela todavía no es un paria del concierto internacional, no hay duda que el señor Chávez trabaja en ese sentido. Con los 3 países más importantes para el nuestro, Colombia, EEUU y España, tenemos muy malas relaciones políticas, incluyendo una cierta ración de «insultos» a los respectivos gobernantes. Chávez acaba de denunciar que Bush tiene un plan para tumbarlo, y hace poco le «recordó» a Aznar que la corona española no era soberana en el Caribe.

Los vínculos comerciales y económicos con esos 3 socios históricos se han deteriorado de manera muy perjudicial para Venezuela. En los últimos 5 años nos hemos ido «desintegrado» de la Comunidad Andina y del G-3 (el espacio comercial entre México, Colombia y Venezuela). También se han debilitado nuestras relaciones con los países de la Unión Europea. Ahora Pdvsa quiere rematar sus inversiones en Alemania.

Varios gobiernos del llamado «mundo desarrollado» han cerrado sus embajadas en Caracas o han disminuido su personal. Del poco más de 1 millón de turistas extranjeros que visitaron a Venezuela en 1997, ahora si acaso viene el 15%. De los 3 o 4 vuelos diarios que había, por ejemplo, con la capital financiera del planeta, Nueva York, quedan 2 por semana.

El doctor Maza Zavala declaró que si el presidente Chávez llegara a «intervenir» el BCV, la primera víctima sería (lo que queda) del crédito fiscal de la república. Me decía un analista muy agudo que en tiempos recientes Venezuela estaba descendiendo al nivel de un país centroamericano de los años 50. No dijo «republiqueta bananera» para no caer en redundancia. Hasta con el Vaticano se han desmejorado las relaciones oficiales.

Ese proceso de aislamiento internacional de Venezuela, que el señor Chávez ha impulsado con la complicidad de no pocos diplomáticos de experiencia, entre ellos Chaderton, Alcalay y A. Toro Hardy, tiene una excepción mayúscula en el caso de Cuba. Se ha sustituido a Bogotá, Washington y Madrid por La Habana. Desde luego que perdemos nosotros pero cómo gana Fidel Castro.

Una década después del derrumbe soviético, la llamada «revolución bolivariana» pasó a ser el paganini de las cuentas y facturas del desvencijado castro-comunismo. Eso tiene un precio y lo estamos pagando completo. No importa el conflicto con EEUU, con España, con Colombia, con México, con quien sea, pero a Fidel ni con el pétalo de una rosa. En buen criollo esto no se llaman dignidad sino sinvergüenzura.

El aislamiento produce daños y, oh paradoja, también beneficios. Daños a la generalidad de los 24 o 25 millones de venezolanos cuya calidad de vida se deteriora aún más. Menos comercio y menos inversión es igual a más desempleo y más pobreza. Pero Chávez y su camarilla en algo se benefician. Menores vínculos es menor presión. Para quien desea prolongarse en el poder hasta que el cuerpo aguante, el aislamiento es un camino a seguir.

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