Opinión Nacional

El alma de una revolución

No es posible entender un proceso de cambio revolucionario (violencia interna y externa) sin conocer antes el espíritu que inspira y moviliza el proceso. Quienes pretendan poner en marcha una revolución o entenderla tienen que seguir los pasos siguientes:

1º. Sembrar el odio social entre las clases que conforman la sociedad: pobres contra ricos, letrados contra analfabetos, negros o indios contra blancos, colonias contra imperios. Con esto se dinamita el orden social.

2º.Sembrado el odio y como consecuencia de él, sigue una etapa de fuerte confrontación entre los diferentes sectores que termina dividiendo al país en pedazos y destruyendo su unidad. Así lo debilitan para que no pueda oponerse al autócrata que es el verdadero y único beneficiario del proceso: Poder total.

3º.-Estos dos pasos anteriores conducen a una situación de violencia accionada por los beneficiarios y simpatizantes del autócrata que hacen de tropa de choque en las calles atacando a quienes se resisten a someterse y generando un ambiente de terror que no es casual sino el “instrumento clave” para someter a quienes se oponen a la revolución, que se vende como “justiciera social”. Por supuesto, nada tiene que ver después el régimen con esa violencia que promueve cuya paternidad niega totalmente. Es una hija natural.

4º.-Cuando la violencia ocasiona la confiscación de los derechos ciudadanos e incurre en acciones delictivas entonces viene el cuarto elemento que es la impunidad. Si el Estado o mejor el régimen, tiene interés en que se sancione un hecho, delictivo o no, porque afecta a sus secuaces entonces la Fiscalía acusa y los Tribunales deciden en tiempo, pero cuando el hecho denunciado fue ejecutado presuntamente por secuaces del Ejecutivo entonces se cubre la formalidad de anunciar que el hecho está siendo investigado pero esa investigación no termina nunca. Caso del Fiscal Danilo Anderson y tantos otros. La otra cara de la violencia y la impunidad es la de los presos políticos que sin sentencias siguen privados de su libertad.

5º.-El último elemento, que es una consecuencia de los anteriores, es la inseguridad total o terror colectivo al que es sometido el ciudadano. No es casual sino una “política de Estado” que equivale a un terrorismo sin fusiles pero que afecta profundamente al ciudadano acostumbrado a ser respetado y libre para convertirlo en un desecho humano de manera de anularlo, pisarlo y sacarlo del proceso o combate para tener el poder total.

Si esto no se entiende no se puede entender tampoco lo que está sucediendo en Venezuela.

La respuesta a estos valores destructivos no puede ser otra que promover la vivencia de los valores auténticos que inspiraron a la civilización cristiana: el amor, la fraternidad y la justicia entre otros.

PROFESOR DE INSTITUCIONES

POLITICAS DE LA U.C.A.B.

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