Opinión Nacional

El Ateísmo Anticrístico

Se puede ser ateo y no tener una postura anticrística. Desde la definición del DRAE sobre “Ateo”: “Que niega la existencia de Dios”, se pueden diferenciar dos tipos de ateísmos, un ateísmo pasivo y un ateísmo, digamos, militante. El pasivo, es endosable a aquellas personas que manifiestan no creer en Dios, pero no se afanan en demostrar la pertinencia de su fe y tampoco en combatir en los demás la postura contraria de creer en aquel.

El ateísmo militante, por su parte, sí sostiene una condición de beligerancia y puede definirse, a no dudar, como anticrístico. No sólo no cree en la existencia del Dios creador en los términos descritos en la Biblia, sino que salta al ruedo de las argumentaciones, las prédicas y las exhortaciones con la pretensión deliberada, tanto de justificar su posición, como de imponer su criterio al respecto; es decir: trata de convencer a los demás de que Dios no existe; por lo tanto, no creó al mundo, no habló por medio de los profetas, no envió como Salvador de la humanidad a Jesucristo; y que por supuesto, éste no fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Su prédica no comulga con la idea de Jesús como camino, verdad y vida; no es, pues, pro Crística, sino más bien anticrística.

El ateísmo anticrístico no sólo se reconoce por las palabras que pronuncia, sino también por lo engañoso de las mismas. Un ateo puede aparentar ser cristiano, y al mismo tiempo tergiversar deliberadamente las palabras bíblicas a fin de agarrar incautos. En la segunda Carta de San Juan, versículo 7 podemos leer: “Cualquiera que pretenda avanzar más allá de lo que Cristo enseñó, no tiene a Dios; pero el que permanece en esa enseñanza, tiene al Padre y también al Hijo”. Son falsas por tanto, aquellas propuestas del tipo: “ya el tiempo de poner la otra mejilla pasó, es la hora de rebelarse”. Cristo es el mismo, ayer, hoy y mañana.

Las personas avanzadas en el camino espiritual cristiano, las que tienen ojos para ver y oídos para oír, conocen la trascendencia de los valores de humildad, y difícilmente caerán en la trampa anticrística de asumir actitudes arrogantes en la vida, a lo que el diablo, que anda como león rugiente buscando a quien devorar, tratará insistentemente de estimular, tratando de conseguir algún objetivo personal relacionado con los intereses con los que permanece involucrado en “este mundo”.

Por eso hay que ajustarse la armadura de Dios y tener la fortaleza de nuestro Señor en el desierto cuando fue tentado:

“Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará cerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios”. (Mateo 4:5-7)

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