Opinión Nacional

El becerro de oro

Venezuela vivió un tiempo en que perdió la brújula democrática y, a falta de un verdadero “redentor” político nacional, después del golpe frustrado del 89 se erigió un ídolo civil en la persona del Dr. R.Caldera, y, otro militar, en la persona del Crnel.H.Chávez. Luego, los colocaron sobre dos altares; al primero, en Miraflores, y, al segundo, lo dejaron en la reserva encaramado sobre el Samán de Güere. Venezuela sufrió un trauma parecido al de los hebreos en pleno desierto cuando Moisés (1.300 a.C) se ausentó por 40 días. Los hebreos se despojaron de las joyas que trajeron de Egipto y fabricaron un ídolo de oro con apariencia de animal. Ellos pensaron que ya Moisés no regresaría y, en su desesperación no se les ocurrió algo mejor que construirse un dios para que los “guiara” en la travesía hasta la tierra prometida. La nación de donde escaparon los hebreos en medio de siete plagas mortales después de haber sido esclavizados por espacio de 400 años, era culturalmente idólatra, de allí que intentaran sustituir a Moisés por un becerro de oro.

Chávez no es católico ni evangélico ni testigo de Jehová ni mormón ni musulmán (que sepamos); pero en su afán de poder y de querer ser mas papista [populista] que el papa, ha acumulado en su loca cabeza un conjunto de ideas religiosas que ha amalgamado con ideologías castristas comunistas que le hacen creer que es o puede llegar a ser un dios o sacerdote pagano o un pastor de borregos o un Ayatolá de talibanes. Algo así como un dios devaluado de dioses mediocres y reyezuelo de reyes sin coronas, aunque se trate de gobernantes regionales de pacotilla. En otras palabras, el perfecto rey tuerto en el país y/o región de los ciegos. De allí que, en ausencia de una auténtica democracia en Venezuela, más que de un líder, el militar golpista haya convertido al samán de guere en su primera referencia histórica como antesala a su revolución fascista.

Ante ese altar de madera carcomido por los siglos, el “iluminado” ha juramento con el “patria, socialismo o muerte” a una cuerda de militares y civiles desorientados que no encontraban en qué palo ahorcarse y que parece ser tampoco han tenido muy bien definida su orientación religiosa heredada 500 años atrás e impartida en sus hogares (si acaso) y en los cuarteles durante todas las Repúblicas que antecedieron a esta R de ratas. De hecho, en ausencia de un Moisés bien plantado con su Carta Magna debajo del brazo, en los cuarteles de la V-R han construido un becerro de oro negro forrado con trajes de las más afamadas marcas internacionales y adornadas con los más sofisticados relojes suizos. Ah, por cierto, dicen que el santero Baduel ministro de la defensa (cada loco con su tema) tiene en su despacho un altar particular con una réplica del reyezuelo para no tener que desplazarse cual vaca mariposa hacia donde está su becerrito, quien pasa más tiempo volando con su ángel de caracol degustándose una lumpia, que el que se está en el altar del pueblo.

La voz de la esperanza para Venezuela parece haber bajado como un relámpago cual Moisés, pero no desde el Monte Sinaí, sino de las universidades en las voces de los valientes jóvenes universitarios libres de todo compromiso político, que denuncian la arbitrariedad de este desgobierno y le exigen respeto a la libertad de expresión y a la propiedad privada. Después de 9 años de ausencia casi total, la maltratada democracia ha dejado escuchar su voz para persuadir al “bravo pueblo” a no seguir creyendo en becerros forrados de petrodólares ni en dioses con pie de barro disfrazados de caperucita roja. Esa voz libertaria ha venido a decirnos como en los tiempos bíblicos, que salgamos de una vez por todas del fraudulento ídolo a fin de liberar al pueblo y abrirle paso a la secuestrada democracia que es la única que nos puede conducir a puerto seguro para poder lograr la verdadera independencia, el progreso económico, y el bienestar integral que todos los venezolanos anhelamos alcanzar en completa paz social.

Continuemos marchando por ese desierto minado de serpientes, pero sin permitir que nos inyecten su veneno mortal, para poder recobrar a corto plazo nuestra democracia perdida. Las nuevas generaciones de la VI-R no deben permitir el acceso al gobierno de aquellos que en el camino se dejaron morder por la serpiente de la corrupción y de la traición a la patria sembrándola de odio y de mercenarios llegados de otras latitudes, de manera muy particular del gueto cubano de donde el sátrapa de Fidel ha exportado para Venezuela más de 60.000 esclavos (activistas políticos en su mayoría) con la anuencia del becerro disfrazado de presidente y el de sus lacayos tarifados y militares rojos rojitos quienes con su cobardía y ambición personal han demostrado no tener patria ni religión.

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