Opinión Nacional

El calvario de ser gerente de Eleoriente

Hay muchas actividades en la vida que, por embarazosas y vergonzosas, yo no se las desearía ni a mi peor enemigo. Entre ellas, una que ocupa un nivel prominente es la de ser gerente de Eleoriente. Decir Eleoriente, con la situación actual del sector eléctrico, es equivalente a nombrar a sus hermanas: Elecentro, Eleoccidente, Cadela y Semda. El calvario es el mismo para los gerentes de todas ellas.

En teoría los gerentes de Eleoriente son los encargados de dirigir la empresa, pero en la práctica ellos no la dirigen, sólo se encargan de operar y mantener los sistemas de distribución eléctrica con los recursos limitados que les asignan desde casa matriz y, por supuesto, de darle la cara al público. Todas las atribuciones que tienen que ver con el dinero les son ajenas. Ellos facturan la energía que venden pero no la cobran y, en consecuencia, no manejan su presupuesto autónomamente. Y está claro que quien no maneja dinero no dirige.

Estas empresas fueron concebidas por Cadafe desde su origen para conservar el manejo centralizado del flujo de caja en la casa matriz de Cadafe. Así, a Eleoriente, además de operar y mantener, le corresponde realizar las mediciones del consumo de energía de los clientes, elaborar y repartir las facturas. Después de recibir la factura el cliente paga, pero la plata es depositada en las cuentas de Cadafe casa matriz, la cual mensualmente envía su doceavo para pagar la nómina y los servicios básicos. ¿Pero qué ocurre cuando se presenta algún imprevisto? Aquí empieza el calvario.

Cuando el gerente de Bolívar observa, por ejemplo, que el transformador de Vista al Sol se sobrecarga todos los días laborales desde las seis de la tarde y tiene que racionar, aquí empieza su vía crucis. Manda a elaborar un listado con todos los problemas urgentes que requieren atención inmediata y prepara memoranda y puntos de cuenta que envía presto al presidente de Eleoriente, pero resulta que el pobre tampoco tiene real. Además de limpio, él tiene que agarrar los memoranda del gerente de Bolívar y agregarlos a la pila en donde yacen los de Anzoátegui y Sucre, y se hace un lío a la hora de priorizar. Luego envía su resumen a Cadafe casa matriz donde los requerimientos de Eleoriente se suman a los de las cuatro empresas hermanas y el hombre de Cadafe casa matriz los mete en una gaveta medio aburrido mientras sigue pensando cómo va a resolver el problema del pago de la nómina del próximo 15.

Mientras tanto, el sufrido gerente de Bolívar tiene que atender a un grupo de personas que le reclaman por los apagones en Los Olivos y luego ir a hablar con una manifestación que protesta en la UD-45. Él les dice que ya se están tomando medidas transitorias, pero que el problema se debe a la falta de inversiones de los últimos 25 años, es una herencia de la cuarta república. Uno del grupo le grita ¡Pero tú ya vas a cumplir siete y cuando llegaste no teníamos ningún problema aquí! Él esquiva el golpe y responde que los problemas son enormes y generalizados en todo el país, pero no convence a nadie.

Porque, verdaderamente, la aberrante creación de hijas de Cadafe fue heredada por esta administración, pero seis años es un período razonable para empezar al menos a corregirla y al respecto no se ha hecho nada. Por el contrario se ha iniciado la cogestión, el desarrollo endógeno y un conjunto programas sociales, que desvían los escasos recursos disponibles para la prestación del servicio eléctrico y que terminarán por dejar al país sin luz.

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