Opinión Nacional

El caso Granda: Las auténticas preguntas

Con su habitual habilidad política, Chávez – acorralado y sorprendido con las manos en la masa de su política bolivariana expansionista, golpista y desestabilizadora para toda la región -, desvía la atención de la opinión publica nacional e internacional del verdadero problema: la grave connivencia de las autoridades de gobierno con las FARC. Y ahora, rasgándose las vestiduras, hace como el ladrón sorprendido in fraganti que denuncia al policía. Ese es el problema, no otro. Las FARC forman parte de la estrategia continental del chavismo, brazo extendido del castrismo en América Latina. A cambio y en el corto plazo sirvieron en agosto último de carne de cañón electoral, como fuera el caso de los colombianos nacionalizados fraudulentamente para incrementar el caudal electoral de Hugo Chávez e impedir su revocación. Pues la supervivencia de Chávez es problema vital para las narcoguerrillas. El propio canciller de las FARC es la prueba palpable. Instalado a todo lujo en una zona de alta seguridad de la ciudad de Maracay, a pocos metros del presidente de la Asamblea Nacional. Con cédula y pasaporte venezolanos. ¿Qué más pruebas?

Granda es la prueba de la connivencia y la complicidad del gobierno de Hugo Chávez con el terrorismo y la narcoguerrilla colombiana. Como lo fue Ballestas de la connivencia con el ELN y Montesinos con la dictadura de Fujimori. Quien penetra en los meandros de la delincuencia internacional e interviene directa o indirectamente en los asuntos colombianos, ecuatorianos, bolivianos y peruanos es el gobierno de Chávez. Como por cierto quedara demostrado con el apoyo financiero del chavismo a cocaleros, piqueteros e indigenistas. Por no mencionar el respaldo financiero a los hermanos Humala, quienes protagonizaran la ultima asonada contra el gobierno democrático de Toledo en el Perú. El problema de la región se llama Hugo Chávez. No tiene ningún otro nombre. Todo lo demás es polvareda.

Seria un gravísimo error que la oposición venezolana cayera en la trampa del falso chovinismo esgrimido por Chávez y en lugar de respaldar las posiciones de quienes combaten las guerrillas, el terrorismo y el golpismo, saliera en defensa de lo verdaderamente indefendible. Si los israelíes no hubieran secuestrado a Eichmann en Buenos Aires y no se lo hubieran llevado a Israel, jamás hubiera sido enjuiciado por el espantoso holocausto sufrido por el pueblo judío. De la misma manera: si los colombianos no hubieran encontrado la forma de hacerse con Simón Trinidad y Rodrigo Granda, jamás los hubieran recibido de buen grado. ¿Está dispuesto el gobierno de Hugo Chávez a extraditar a Colombia a todos los dirigentes de las FARC y del ELN que muy posiblemente se encuentren en nuestro territorio? ¿Está dispuesto a revisar todas las nacionalizaciones Express y quitarla a quienes la obtuvieron fraudulentamente? ¿Está dispuesto a combatir las narcoguerrillas y toda forma de terrorismo en cooperación auténtica y verdadera con los gobiernos democráticos que se lo soliciten? ¿Está dispuesto de respaldar la lucha contra el terrorismo llevado adelante por las naciones democráticas del mundo?

Esas son las auténticas preguntas que la oposición debe plantearle al gobierno. Esos los temas a ser discutidos con el oficialismo en la Asamblea Nacional. Todo lo demás es juego de abalorios.

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