Opinión Nacional

El castrochavismo, fascista y desesperado

Llueve en Barquisimeto. De regreso a casa he visto muchos grupos de personas que caminan también de vuelta a sus domicilios, es evidente que participaron de la Concentración y el inicio de la marcha que se tuvo que abortar por el inesperado e inoportuno chaparrón. Ya en casa y frente al computador escucho una fuerte explosión, que asocio al más o menos frecuente fallo de un Transformador de electricidad, y me extraña que -como en anteriores ocasiones- no ocurra un apagón. Pero en su lugar, hay otras cinco explosiones, luego sonidos parecidos a tiros…, y en procura de información prendo el televisor. En ningún canal hacen referencia a lo que sucede. Como si la situación, no sólo de Barquisimeto sino del país, fuese normal. La programación de las estaciones de TV nacionales no muestran ni las manifestaciones de Protesta contra el régimen, ni las agresiones de que fueron víctimas buena parte de quienes hacían uso de sus DERECHOS y reclamaban por el pésimo desempeño de lo que ya lleva 15 años y se ha convertido en una horrorosa pesadilla. Y no pude evitar recordar el énfasis que el oficialismo colocaba en la “Información Veraz”, y en especial cómo se rasgaban las vestiduras estos fariseos rojos con lo que llamaron Black Out, en abril del 2002.

La Protesta es un Derecho, y se protesta contra el régimen, no contra el país. Contra Maduro, su ilegitimidad, su entreguismo y su absoluta incapacidad para Gobernar, no contra Venezuela, mucho menos contra la Democracia, que queremos recuperar. Basta ya de la mal elaborada prestidigitación que con burdos juegos de palabras pretende transformar los cuestionamientos a funcionarios de carne y hueso, Diosdado y Maduro a la cabeza, en ataques contra la Patria. Maduro no es la Patria, Maduro ni siquiera es nacido en esta Patria, y sus intereses esenciales lo vinculan a Cuba, de la cual es agente. Se cuestiona su legitimidad, tanto por su nacionalidad, aun sin demostrar, como por los resultados electorales que lo pusieron a ganar por apenas 1,39% de ventaja sobre Capriles, en un proceso en que muy probablemente haya ocurrido un FRAUDE (las pruebas están en los Cuadernos, cuya REVISIÓN NO PERMITIERON), y es evidente que depende de las órdenes que recibe de la dictadura castrista, todo lo cual justifica que se proteste por todos los medios, pacíficos y democráticos, y la calle es uno de ellos.

Desde 1999 el chavismo ha casi monopolizado el poder en Venezuela, y en estos 15 años son muchos los eventos importantes que han evidenciado el descontento hacia el régimen. Las protestas han ido aumentando, igual que la Oposición, ya Mayoría. Los años recientes han visto crecer la cantidad y la intensidad de las protestas (obreros, estudiantes, profesionales, empresarios, etc), pero vamos a mencionar tres que destacan por sus singularidades, a lo largo de ese lapso: 1. La Marcha del 11 de abril del 2002 en Caracas y contra el presidente Chávez, 2. las manifestaciones del 15 y 16 de abril del 2013 en todo el país contra el CNE por su participación en el permanente Fraude electoral, y 3. las Marchas estudiantiles del 12 de febrero, 2014, en repudio a la pésima gestión del Clan que insiste en mantener el esquema anacrónico y fallido, de inspiración castro-estalinista, que destruye a Venezuela. El 11 de abril del 2002 la Marcha, más de un millón de ciudadanos, fue emboscada y ocurrió una MASACRE en la avenida Baralt, con pistoleros disparando a mansalva desde Puente Llaguno e inmediaciones. La GN no intervino para impedir ese crimen, y Chávez ocupó todo el espacio radial y televisivo con una cadena cuyo propósito fundamental era que no se conociera la emboscada del oficialismo (los canales ocuparon la mitad de la pantalla con las superficialidades del histrión mayor, y colocaron en la otra mitad las imágenes que le permitieron al país ver lo que realmente sucedía, la barbarie con la que el régimen respondía a la Marcha de Protesta contra el mal gobernante).

Los días 15 y 16 de abril del año pasado, miles de venezolanos se concentraron en las cercanías de las respectivas sedes del Consejo Nacional Electoral, a nivel nacional, en protesta por unos resultados que no reflejaban la voluntad de los electores legalmente inscritos en el REP (hay la presunción de que está inflado con electores virtuales, que a su vez tienen sus equivalentes en multicedulados, que votan más de una vez, lo cual adultera los resultados provenientes de la ciudadanía legalmente asentada en ese REP y favorece tramposamente al régimen), exigiendo la REVISIÓN de los Cuadernos donde aparecen los nombres, apellidos, Cédulas de Identidad y Huellas Dactilares de quienes votaron, datos que debidamente contrastados permitirían demostrar si han ocurrido las irregularidades que invalidarían esos resultados oficiales, en especial si un conjunto de votantes ha ejercido ese derecho INDIVIDUAL más de una vez, cometiendo un Delito tipificado en la Ley. En lugar de atender los reclamos y exigencias de los ciudadanos, no hubo Revisión de los Cuadernos, pero sí hubo REPRESIÓN excesiva, disparos a quemarropa, detenciones arbitrarias, torturas físicas y mentales, juicios injustificados y amañados, amenazas a quienes insistieran en Revisar los recaudos del proceso electoral. Inclusive, el oficialismo “denunció” ataques y daños a sedes del PSUV, que no habían ocurrido, fueron inventadas o, acciones de ellos mismos, para inculpar a la Oposición.

El 12 de febrero de este 2014, (se cumplen 200 años de la Batalla de La Victoria, protagonizada por jóvenes estudiantes enfrentados al ejército de la Monarquía española. Día de la Juventud y del Estudiante), en muchas ciudades de Venezuela los Estudiantes salieron a las calles a protestar contra el régimen, y las marchas fueron no sólo reprimidas por fuerzas policiales, sino agredidas cobardemente por colectivos aliados del oficialismo, que disfrutan de respaldo e impunidad para ejecutar sus desafueros. Hubo nuevamente disparos de escopeta a quemarropa, detenciones arbitrarias, malos tratos a los detenidos que incluyeron el despojarlos de sus teléfonos celulares, aislarlos sin permitir visitas de sus familiares ni abogados, sin informar de su ubicación y condición, torturas psicológicas y físicas, traslados a distantes jurisdicciones, represión violatoria del marco Constitucional, en especial por el uso de armas de fuego en contra de los jóvenes estudiantes que ejercían su Derecho ciudadano a la Protesta.

Una de las características básicas del Fascismo es la calificación del adversario como el enemigo a vencer, a pulverizar, a eliminar, deshumanizándolo, reduciéndolo previamente, a través del discurso de odio repetitivo y simple, como animal, insecto, rata, antipatriota, apátrida, lacayo al servicio de y manejado por el “imperio o grupo de poder” al que acusan de todas las fallas, culpas y vicios que ha sufrido y sufre la nación, todo lo cual facilita y estimula cualquier acción en contra de esos enemigos de la patria, que están en guerra (económica, mediática, etc) y no merecen siquiera el trato que la Carta Magna establece para todos los ciudadanos, pues los disidentes, los contrarios, los opositores, los diferentes, los enemigos (del plan de la patria, del tercer Reich, del Comunismo), no son ciudadanos ni deben ser tratados como tales. Esos “argumentos”, reforzados con las adecuadas recompensas materiales (ayuda en dinero, en alimentos, en cargos surgidos del irresponsable e injustificado aumento en la Nómina de personal del Municipio, del Estado, de las empresas públicas) y ofertas a futuro (no necesariamente cumplidas) son muy efectivos en la masa ignorante y resentida, que llega a creer que hasta hace labor de patria al agredir, invadir, destruir, difamar, herir o asesinar, a quienes le son señalados como los enemigos del bienestar y la felicidad que el régimen tiene previstos para ellos, sus seguidores, a mediano o largo plazo, nunca para el corto plazo. Con ese discurso y esas divisiones simples entre buenos y malos, pobres y ricos, aliados y enemigos, millones padecieron en Sanatorios mentales, Campos de Concentración, y otras instalaciones erigidas para aislar, reformar, reeducar o disponer definitivamente de quienes, al no aceptar el marco ideológico y el esquema de funcionamiento que impone la élite en el poder, demuestran ser locos o entes peligrosos que deben ser eliminados “por el bien del pueblo”. Pasó en la URSS y sus satélites, en la Alemania Nazi, ocurrió y sigue sucediendo en Cuba, buscan establecer ese Modus Operandi acá en Venezuela.

En países democráticos no hay paramilitares, llámense milicias o colectivos armados, ni los otros poderes pierden su autonomía para ser controlados por el ejecutivo, ni el primer ministro o presidente, Ministros y parlamentarios oficialistas, agreden, insultan, siembran odios, promueven invasiones, saqueos, agresiones a los opositores, mucho menos violan la Constitución y las leyes. Y todo eso es parte de la rutina que descaradamente ejecuta el castrochavismo en Venezuela, desde 1999. Hemos soportado un permanente discurso para adulterar nuestro pasado, la Historia independentista y las realidades contemporáneas, para exacerbar el odio y los resentimientos que, como atavismos muy primitivos, se albergan en muchos de los habitantes de este territorio, que no tienen herramientas para distinguir la verdad de la demagogia, la ayuda que deriva de una obligación gubernamental de la limosna distribuida para hipotecar la voluntad y mantener al “beneficiario” en condiciones de permanente dependencia respecto del funcionariado que le reparte las dádivas, y le exige en retribución, lealtad a la parcialidad partidista, incondicionalidad acrítica frente a fallas y corruptelas. Ghandi, paladín de la protesta pacífica (con la cual venció nada menos que al imperio inglés) describía la patética condición del alienado, refiriendo a los incondicionales que frente al mar, hacían cuenco con sus manos y bebían agua de la orilla, diciendo una y otra vez “esto es agua dulce”. 24.763 asesinados en el 2013, van más de 200.000 en los 15 años del régimen chavista, la inflación pasa del 56%, PDVSA aumentó su Nómina de 40.000 a 100.000 pero bajó su producción un 30%, dejó de estar entre las diez primeras empresas petroleras del planeta, ahora importa gasolina y otros derivados del petróleo (le compra a EEUU el imperio que el régimen presuntamente enfrenta). Lo que hasta 1998 era una rareza hoy es herida abierta en la familia venezolana, más de un millón de compatriotas se han ido de su patria huyéndole a la Inseguridad, al sectarismo que le niega el empleo al capacitado para asignarlo al sigüí, 5.000 empresas menos tiene la Economía criolla, compramos al exterior (ayudando a las empresas capitalistas de otros países) el 60 % de lo que consumimos, y buena parte de eso lo producíamos antes. Nuestra moneda ha sido devaluada de Bs 480 a Bs 11.320 por cada dólar, una medida que sólo beneficia al régimen (que multiplica con creces los bolívares con los que paga salarios, sueldos, pensiones y becas) pero perjudica a todos los que dependen de un ingreso fijo, cuyo poder adquisitivo se deteriora con cada una de esas irresponsables devaluaciones, pues seguimos dependiendo de las importaciones que elevan sus costos, a precios impagables en muchos productos. La “Hegemonía Comunicacional” nos obliga a ver y oír las constantes adulteraciones de la realidad, en boca de los voceros del oficialismo; Adulteraron el nombre de la República, la Bandera, la cara de Simón Bolívar, los hechos y protagonistas de los siglos 19 y 20, el compromiso que empezábamos a asumir como pueblo, con la Democracia, con el Trabajo, con el Respeto y la Tolerancia, y pretenden someternos a todos bajo el yugo del igualitarismo rastrero, distribuidor de miserias, humillaciones e indignidades.

Los que respaldan esta ignominia, este fracaso, este anacronismo que se arrastra ante la megalomanía y los despojos del mito castrista, son evidente minoría, inflada por el constante fraude electoral, y lo demuestran las agresiones a las manifestaciones opositoras, que buscan con esa absurda violencia, impedir que se vea la magnitud del descontento general, que la utopía socialista del siglo 21 es el mismo excremento que produjo tantos crímenes y tanta miseria durante el siglo 20, al cual quisieran regresarnos esta recua de dinosaurios de la política, cultores del autoritarismo y el totalitarismo. Repetiré lo que bastantes veces he afirmado sobre los chavistas: “Cuestionan hoy lo que ayer practicaban. Practican hoy lo que ayer cuestionaban”

El reto es combatir el fraude, y hacer paciente y genuino trabajo político para rescatar a muchos de los que todavía toman agua de la orilla del mar y gritan convencidos, “es agua dulce”.-

 

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