Opinión Nacional

El clon

El país asistió estupefacto a las últimas declaraciones del vicepresidente de la república, José Vicente Rangel. En un estado espiritual cercano al de una ameba, Rangel flotó como una bacteria sobre la salina solución de esa improvisada conferencia de prensa, luego de los postres de un regado almuerzo en Miraflores, para señalar desde un limbo propio de un fumadero: «todo está excepcionalmente normal». Ingenuos televidentes habituados a las declaraciones de físicos nucleares habrán imaginado alguna nueva teoría universal que uniendo la relatividad con la mecánica cuántica -algo así como la sofisticada teoría del súper filamento- daría por fin cuenta del Big Bang y el origen del universo. Porque mientras un país sediento hacía por primera vez en su existencia colas monumentales para intentar proveerse de gasolina y gas ˆ las más de las veces inútilmente ˆnuestra anémona vicepresidencial señalaba por medio de un galimatías brotado de las profundidades de una lengua estropajosa: «el país está excepcionalmente normal».

¿Armagnac, Cognac, Calvados? ¿Partagaz, Romeo y Julieta, Monte Cristo? ¿Qué extraordinario condumio regado con un grand cru classée tipo Nuits Saint George o Grand Echezaux habrá precedido tales declaraciones? ¿Habrá llegado el refinamiento que dan suculentas cuentas en dólares y un oportunismo bien compartido hasta la mesa de Doña Jacinta como para que los invitados dominicales de un presidente habituado al sancocho cruza‚o y a las arepas con perico se retiren flotando en los efluvios de magistrales pantagrueladas dignas del más sofisticado de los gastrónomos?

No creo que nuestro vicepresidente haya caído víctima del travieso Baco perdiendo por ello cierta majestad de espíritu propia de su talante cortesano. Tanto cinismo, tanto descaro, tanta mendacidad, así aparente simple extravío de los sentidos, debe tener causales más ideológicas, más políticas, más escatológicas. Por ello deduzco que nuestro ínclito José Vicente, ex unanimidad nacional y conciencia magnífica del pensamiento crítico A.Ch (antes de Chávez) ha sufrido cambios en su metabolismo cerebral propios de algún ser sometido a un sofisticado proceso de clonación. Rangel es un clon del Rangel que fuera hasta antes del 6 de diciembre de 1998 DC, cuando ascendiera por primera vez en su ya dilatada existencia a las máximas alturas del Poder, por las que entonces cabildeara a distancia sólo para colocar algunas de las obras de su esposa.

Como es de todos conocido, Rangel sufrió un serio accidente cerebro-vascular que ameritó conducirlo hasta La Habana para someterlo a las glorias quirúrgicas revolucionarias. Señalan las malas lenguas que hasta fue asistido en tal percance por los buenos oficios de Carlos Andrés Pérez y la omnipotente partida secreta. Cosa que él ha negado rotunda y definitivamente. CAP ha callado. Cabe, pues, la sospecha que anestesiado y privado así de todo control sobre su hipotálamo se haya entregado en cuerpo y alma al diabólico influjo de alguna manipulación genético-revolucionaria, convirtiéndose en agente de esa suerte de Doctor Moreau caribeño llamado Fidel Castro. Algunos insignificantes y microscópicos bastoncitos de ADN habrán sido suficientes para transformar a nuestro implacable crítico anti autoritario A.Ch. en servil y anuente servidor de un autócrata D.Ch., renegando de miles y miles de caracteres escritos en columnas dominicales y recitadas en su respetado programa de TV José Vicente Hoy.

Pues si no estamos ante un Rangel clonado, ¿quién demonios era el señor que conocimos en los gloriosos tiempos de sus extraordinarias y valientes denuncias?

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