Opinión Nacional

El comando de Rosales

No cabe la menor duda, la candidatura de Manuel Rosales ha creado un entusiasmo y expectativas más allá de lo esperado. Ya los propios padrinos de la abstención se sienten de capa caída. Pierden fuerza y pegada. De seguir las cosas como van, podríamos estar en presencia de una feroz lucha por el poder, con resultados impredecibles. Este avance es bien recibido no sólo en los sectores opositores, sino también por los chavistas desencantados, traicionados y burlados por la revolución bolivariana.

Lo anterior contrasta con un viajero candidato oficialista desarrollando un lánguido y fastidioso proselitismo teledirigido desde el exterior. El pueblo está cansado de las largas peroratas vacías de contenido, destempladas, repetitivas, del jefe único, quien luce en sus apariciones públicas descentrado, cansado y sin combustible para seguir atizando el odio y la división entre los venezolanos, sin resultados concretos que mostrar. Las promesas revolucionarias se las ha llevado el viento como las hojas secas del verano…

Ahora bien, ante este impulso determinante, el Comando de Campaña debe estar en capacidad de dar respuestas inmediatas, contundentes, oportunas, a las agresivas acciones y amenazas provenientes de un cada vez más nervioso y perturbado gobierno (la nueva realidad electoral lo agarró por sorpresa). Toda la responsabilidad no puede recaer en Rosales. Pero, ha ocurrido así. La organización del comando da muestras preocupantes de no estar funcionando como lo requiere esta difícil coyuntura. No se ven réplicas categóricas a los ataques frontales de los altos funcionarios. No se aprovechan las repetidas pifias del propio aspirante reeleccionista.

Veamos dos ejemplos importantes. El primero de ellos, se refiere al doloroso asesinato de la médico cubana en Petare. La reacción de Chávez fue instar al pueblo, a los gobernadores, a las policías, a los alcaldes, a los emeverristas, para que protegieran y defendieran a estos trabajadores de la salud. Bueno, nos preguntamos, ¿por qué el teniente coronel no muestra, al menos igual conmiseración, por la centena de humildes compatriotas asesinados cada fin de semana? Pues esa impía confesión fue desperdiciada.

El otro caso, son las graves, amenazantes y falaces declaraciones del ministro Jesse Chacón al referirse a la emboscada a la marcha opositora en Catia la semana pasada, dejando entrever que los agredidos fueron los chavistas y, por lo tanto, el gobierno acusaría ante la Fiscalía a los seguidores de Rosales. Resulta una obviedad que sus intenciones son las de amedrentar y amilanar a los responsables de la seguridad del candidato. Tampoco hubo refutación alguna.

Son fallas comunicacionales imperdonables en un proceso tan corto (menos de 90 días). Igual sucede con la oferta de la tarjeta de débito social “Mi Negra”. Muy buena publicidad, pero sin la divulgación y respaldo suficientes de parte de los voceros y dirigentes sobre su contenido y alcance. Nuevamente esto se le deja al candidato. Es una posición acomodaticia.

De otra parte, sí el aspirante a la silla de Miraflores esta de gira por alguna región del país, los dirigentes nacionales del comando deberían visitar otros lugares. En campañas presidenciales pasadas, se organizaban y programaban visitas simultáneas a todos los rincones del país. ¿Por qué ahora no?… ¿Cuál es el problema?

Chávez ya no luce invencible. La democracia lo puede derrotar en las urnas y Rosales en las calles. Todo depende de lo que se haga…

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