Opinión Nacional

El coraje de Rivero

Frecuentemente, la especialidad solía imponerse a los intereses inmediatos del régimen que designaba al funcionario. Difícil materia, fundada en las angustiosas urgencias del momento, inherente a la tan delicada sensibilidad humana, como es la defensa civil en un país de las consabidas características exhibidas, halló en el ahora general retirado Antonio Rivero, respuestas asidua y predominantemente sobrias, por lo que existen motivos para dudar de la denuncia que ha hecho responsable y recientemente.

 De la infiltración cubana en la corporación castrense, existen indicios y convicciones que guardan correspondencia no sólo con el modelo que ha adoptado Chávez Frías, con una pequeña ayuda del otro generalato arrepentido que sintetiza muy bien Müller Rojas, sino con la asombrosa e inédita entrega de los servicios estratégicos a una potencia foránea, como el de la identificación misma de los venezolanos. Sin embargo, el problema abulta otro que versa propiamente sobre la institucionalidad campamental que, valga el adjetivo, no es tal.

Gravísima denuncia que no encuentra modos ni medios para un debate organizado, encuentra al celebrado Comandante en Jefe o Comandante-Presidente, según la nomenclatura en boga, incapaz de soportar la más mínima contrarréplica. La suprema conducción constitucional que ha tergiversado para blindarla en abierta contradicción con la superlegalidad, impedirá que nuestros soldados se manifiesten públicamente, mas no que caminen con la preocupación a cuestas por la que tarde o temprano tendrán que rendir cuentas.

Imposible negarla, la denuncia se ofrece como la mejor ocasión para elevar el salario de los militares, amén de las otras ventajas que los eleva a la condición de casta beneficiaria por excelencia de un proceso que se dice socialista, pero no halla proletariado que redimir. Término siquitrillado por las realidades, comenzando por la magna agricultura de puertos, la soberanía tan llega hasta el alfombrado de MIraflores.

El parlamento dócil y dependiente, nada dice. La comisión permanente de defensa tampoco se atreve a hurgar en el extenso terreno que el Presidente de la República y no la Constitución, les ha prohibido. Y es que podrá monopolizar todos los ascensos, impensablemente fuera de todo control, pero también los diversos aspectos que hacen la política militar.

Valga el reconocimiento, el general Rivero es más valiente que los habladores de la oposición confortable, la que tiene responsabilidades dirigenciales o la que se permite disertar en las fiestas hogareñas, dizque porque la política es sucia. Podrá decirse de un finta, una triquiñuela o algo parecido a esas falsas maniobras de la escuela inspirada por Arias Cárdenas, pestilentemente vigente, aunque  – en el peor de los casos –  mantiene vivo  el coraje  que debe tenerse para semejante temeridad.

¿Acaso no es legítimo preguntarse en torno a la suerte de la Fuerza Armada Nacional en medio del  bolivarianicidio que padece?, pues, lo comprobamos, el chavezato no está engalanado precisamente por el pudor patriótico. Y es que Venezuela constituye una poderosa e intransferible Razón de Estado para la geriátrica dictadura cubana, por lo que – en rigurosa e incontestable lógica – agotará sus mejores y peores esfuerzos por preservar las ventajas, privilegios hiperbólicos sin precedentes, con los que cuenta sobre los hombros del petróleo y – no olvidemos – el tributo que paga cada venezolano.

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