Opinión Nacional

El daño más irreparable

Con el petróleo en 60 dólares cualquier gobierno más o menos razonable estaría empujando el desarrollo del país. De allí que sea inmensa la oportunidad perdida.

Nunca un gobierno o un régimen en Venezuela había acumulado tanto dinero y tanto poder como el del señor Chávez. Pero el contraste con los resultados de la «revolución bolivariana» dan cuenta de una historia malograda. ¿En qué se han ido los 400 mil millones de dólares que el Estado nacional ha recibido y despachado en los últimos 7 años?

En combatir la inseguridad no sería, porque todas las cifras rojas se han disparado a niveles sin precedentes. El número de homicidios se ha incrementado en 300% y el de secuestros en 500%. De acuerdo a las Naciones Unidas, la venezolana se ha convertido en una de las sociedades más violentas de la región.

En crear puestos de trabajo productivos, tampoco, si confiamos en las cifras oficiales de desempleo. De 11% a comienzos de 1999 subió a 13,2% en el 2000, a 16,8% en el 2003, y luego descendió a 13,2% a mediados de 2005. El INE, por cierto, modificó el método de medición respectivo. De acuerdo a la CTV el desempleo se incrementó de 13% en 1999 a 17% en 2005.

En desarrollar planes de vivienda, menos todavía, ya que en 1998 con el barril de petróleo en 10 dólares se construyeron más de 60 mil unidades, y ahora en el 2006 con el barril en 60 no se completaron ni 30 mil. Cómo será la cosa que en todo el período de Chávez se han terminado el mismo número de viviendas que se entregaron en el solo año de 1997.

En impulsar la industria y la producción nacional, nada que ver, pues la compra de productos fuera del país en el primer trimestre de 2005 aumentó en 72% con respecto al mismo período de 1999, de acuerdo al BCV. El número de establecimientos industriales de Venezuela se ha desplomado de 11.198 en 1999 a 6.787 en 2004, y la producción nacional de alimentos viene cayendo de forma sostenida. Lo del «desarrollo endógeno» es otro cuento de camino.

En reducir los niveles de pobreza, lamentablemente tampoco, porque la data oficial señala que el índice de pobreza a comienzos de 1999 era de 42,8%, y 5 años después había ascendido a 53%. Luego el Instituto Nacional de Estadística (INE) cambió la metodología y ahora sostiene que la pobreza bajó a niveles de hace 7 años. El Proyecto Pobreza de la UCAB sitúa la pobreza por encima del 60%. Y ello a pesar de la prioridad asignada a las misiones sociales.

En el inicio de grandes obras públicas, ni siquiera, dado que las obras heredadas en 1999, ferrocarril al Tuy, Línea 4 del Metro, represa de Caruachi, entre muchas otras, fueron paralizadas y reiniciadas en 2000-2001. Casi no hay nuevas obras y del mantenimiento de las viejas, sobran las referencias.

Y todas estas realidades en medio de una bonanza del mercado petrolero internacional que ya lleva muchos años y que al parecer continuará por varios más. Oportunidades así se presentan muy rara vez en la trayectoria de los países. Perderla de la manera crasa y demencial como se ha perdido en estos comienzos del siglo XXI, es el daño más irreparable que ha infligido la supuesta revolución.

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